El planeta Marte tiene dos lunas: Fobos (Miedo) y Deimos (Terror ). Dicen los científicos que Fobos está atravesada por grietas que al irse profundizando - llevarán inexorablemente a su fatal destrucción. Sería interesante que nuestro país imitara a la astronomía: que la profundización de la grieta llevara a la destrucción del miedo y a la autoaniquilación de la propia grieta.

La grieta hará eclosión en los próximos días cuando ambos bandos irreconciliables se enfrenten, nuevamente, luego de la categórica derrota sufrida por uno de ellos, el oficialismo, en la última contienda. Hasta entonces cada sector aprovechará las redes sociales para burlarse despiadadamente de su oponente.

En los pocos días que faltan para la angustiosa final veremos afiches, camisetas, gorros, pancartas dirigidos más a zaherir sobre los defectos ajenos que a ensalzar los méritos propios. Hasta nuestros pequeños hijos se verán involucrados en esta cruel disputa.

Es hora de deponer esta rivalidad y los de Boca deberán comprender que los de River también son seres humanos (bueno, o se acercan bastante a serlo), que son tan argentinos como el mejor. Y los de River actúen a la recíproca; así comenzará a cerrarse esta profunda grieta que divide a nuestro país.

Una hendidura histórica

Podríamos decir que nuestra histórica grieta comienza cuando Juan Díaz de Solís puso pie en el actual en territorio argentino. Ese día Solís ayunó y los indios comieron. Entre flechazos (nunca de Cupido) y arcabuceadas continuamos por el abismo de la grieta: patriotas y realistas, saavedristas y morenistas, Alvear vs. San Martín, unitarios y federales, "civilización" y barbarie, régimen falaz y descreído vs. la causa, personalismo y antipersonalismo, peronismo-antiperonismo, laica o libre, K anti K, bosteros y gallinas. Pero la grieta esta próxima a cerrarse: todos somos peronistas, o por lo menos cada partido político relevante lleva uno o dos peronchos en la fórmula. Como decía Marx (no me refiero Carlitos): "Los peronistas somos gente de principios, pero si no les gustan tenemos otros" (aunque Ud. no lo crea Groucho también era peronista, lo mismo que Trump). Pensemos que nuestra grieta es apenas una rajadura superficial, frente a las que se han atravesado y se atraviesan a lo largo y a lo ancho de todo el planeta, especialmente luego de guerras que han devastado sus territorios o de intolerancias religiosas o raciales. Grietas como la nuestra no existirían si no hubiera un H de P que las alimente. O dos. En este caso tenemos un empate: el filósofo vernáculo (con perdón de la palabra) Ernesto Laclau y el foráneo Jaime Durán Barba. El primero fomentó su nacimiento y el segundo se esforzó por mantenerla viva. Recordemos que Ernesto Laclau, pensador argentino reconocido internacionalmente, sirvió de sustento ideológico al kirchnerismo, claramente identificado con su obra "La razón populista". Cristina reiteradamente expresó su admiración por el filósofo. Su pensamiento no es totalmente original (parte de ideas ya expresadas por Maquiavelo) y coincide con Humberto Eco quien sostuvo que "todo el mundo necesita tener un enemigo: los países, los sistemas, cada uno de nosotros. Y si no existe el enemigo hay que inventarlo, es una figura imprescindible, un antagonista que nos permite definir nuestra identidad y medir nuestro sistema de valores".

Pero el mérito (si así podemos llamarlo) es el de elevar estas ideas aisladas a la categoría de una Teoría General del Populismo, sosteniendo que el discurso populista debe ser, por definición, ambiguo, destinado a abarcar al mayor número posible de sectores sociales en diverso grado de conflicto con la autoridad.

Por su parte, el especialista en marketing político Jaime Durán Barba, luego de sucesivos éxitos en el municipio capitalino y un inesperado triunfo en las elecciones presidenciales, consideró que su genio le permitiría los más arriesgados malabarismos políticos. No cruzó por su cabeza que la victoria del 2015 obedeció más a los groseros errores políticos de Cristina Fernández que a sus fórmulas exitosas para vender detergentes. Cuando Johann Wolfgang von Goethe escribió, en 1797, su poema de 14 estrofas llamado "El aprendiz de brujo", desconocía que durante más de dos siglos diversos personajes tendrían la misma arrogancia de su protagonista. Uno de ellos nos tocó a nosotros. El ecuatoriano creyó que podría mantener a raya el hilito de agua de la debilitada corriente kirchnerista, sin advertir que se convertiría, rápidamente, en una catarata desbordante. Cuando en la noche del 11 de agosto Macri se topó con el impensado y exuberante torrente de votos "k" descubrió que era tarde para poner "los Barbas en remojo".

 

 

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