Diego Gentile:“El nuevo filme tiene que ver con el deseo, que es universal y humano”

 

Marina Cavalletti 
El Tribuno

Protagonizada por Diego Gentile y Rafael Spregelburd, cuenta la historia de la pareja en torno de formar una familia. 
Martín, presentador de televisión le revela a Leonardo, ingeniero agrónomo con quien está en pareja desde hace diez años, sus ganas de adoptar. Siente la necesidad de ser padre lo antes posible. Leonardo, él mismo siendo adoptado, tiene sus reparos. Antes del estreno en las salas argentinas, Gentile conversó con El Tribuno, sobre el amor, la identidad, los mandatos y la vocación.
¿Qué te hizo aceptar este papel en esta película, tan particular y necesaria a la vez?
Me gustan esas dos palabras, particular y necesaria. Cuando leí el guión, hace mucho, en realidad, iba a hacer otro de personaje y, por esas cosas del destino, terminé siendo uno de los
dos protagonistas. Me pareció importante que se contara una historia de amor y todo el periplo por el deseo de la adopción tardía de dos hombres en tono de comedia romántica. Me arriesgaría a decir que es la primera vez que el cine argentino decide mostrar en tono de comedia romántica este tipo de temática. Además lo hace de una manera muy descontracturada, conmovedora también, sin ser solemne, como suele ocurrir con la gente cuando trata este tema, o volver más oscuro o denso. Esta película tiene una liviandad que la vuelve muy profunda. Venía de hacer el filme “Unidad 15” sobre la famosa fuga en 1957 de cuatro líderes peronistas en el sur, y me tocó hacer de Guillermo Patricio Kelly. De golpe, en el mismo año, filmo esta película que es prácticamente lo opuesto en temática.
¿Pensás que esta historia puede aportar para que se reflexione sobre la Ley de adopción y el Matrimonio igualitario? Si bien este último es ley en nuestro país, en algunos lugares no está tan naturalizado...
Lo que me parece importante es lo que estamos haciendo ahora: que se hable, que se enuncie y se visibilice. Me parece que es el primer paso para todo, para volver cotidiano algo y que dos hombres por ejemplo, puedan hablar de este tema, y aquellos que quieran formar una familia decidan adoptar. Hay una generación muy joven en la que este tipo de cosas ya no son preguntas. Yo tengo casi 43 años, mi generación está en el medio y me parece que el primer escalón es visibilizar, ver que el amor funciona para todas las personas de la misma manera. Que el deseo de familia, de ser padre y de unión funciona igual para todas las personas. No tiene que ver con un tema de género, sino de humanidad, más allá de que seas hombre, mujer, o cómo te autopercibas. Creo que tiene que ver con el deseo, y el deseo es universal y humano. 
Sin entrar en detalles, los personajes en la trama por momentos están juntos y por momentos no, y cada uno tiene su propio arco con sus propios conflictos. Y a partir de eso, toman una decisión que los muestra permeables a los cambios. ¿Cuánto te parece que puede aportar a la reflexión en los espectadores?
Desde hace un tiempo a esta parte, yo creo más en la idea de “ir siendo”. Me parece que tenemos que ser más flexibles y tiene que ver con el camino. Uno hoy es de esta manera, seguramente por cosas muy arraigadas a los valores con los que uno crece y los sigue autoaprobando y que te van a acompañar toda la vida. Pero después, uno no es la misma persona a los 15 que a los 30, ni pasados los 40. Mi personaje arranca casi de una manera caprichosa diciendo “quiero ser padre”, y en ese “ir siendo” va descubriendo que realmente tiene un deseo que lo va superando y que ni él lo esperaba. Que es diferente a lo que le pasa al personaje de mi colega Rafael Spregelburd, un hombre adoptado también que necesita aprender a sanar su historia pasada con sus padres biológicos. En ese camino se encuentran y desencuentran con mi personaje, pero solo para volver a verse de otra manera, modificados y distintos a quienes eran cuando empezó la película.
Me parece que en ese sentido, ser rígido no te vuelve humano, y creo que hay que estar permeable a los cambios, como les pasa a las nuevas generaciones que son tremendamente permeables y se mantienen así. Creo que nacemos permeables y nos vamos volviendo
impermeables. Desde nuestra generación, tenemos que luchar contra esa impermeabilidad. Los jóvenes fluctúan más, respetan más el “ir siendo”. A uno le cuesta “ir siendo” sin mandatos, sin poses que no le pertenecen. 
Tu personaje aparece más ligado al deseo, y en el caso de Rafael, emerge algo fuerte más vinculado con la identidad. ¿Encontrás alguna conexión en este binomio entre identidad y deseo?
Me vino algo directamente, salvando las distancias. Más allá de lo terrible de la historia de la dictadura, a mí siempre me conmueve mucho cada vez que aparece un nieto recuperado. Creo que el cuerpo, de una manera inconsciente, sabe que hay algo que no está sabiendo. Me parece que la verdad es absolutamente sanadora siempre. Y pensando en lo que le pasa al personaje de Rafael, entender su historia es el primer paso fundamental para poder avanzar y reinventarse y escuchar el deseo de otra manera. 
¿Cuáles son tus proyectos para 2020?
En febrero retomamos las funciones de “Late el corazón de un perro” con Mónica Antonópulos y Silvina Sabater. Nos encantaría llegar con la obra de gira a Salta y todo el NOA, es una región que conozco y amo. Somos un grupo que nos llevamos genial y esperamos llegar al interior. En enero sale por Amazon la primera temporada de la serie Maradona, en la que participo en seis capítulos. También ahora inicia el rodaje de la última película de Carlos Sorín, que es para Netflix.
 

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