“La militarización de las fronteras es una opción ideológica, deplorable y contraria a los DDHH”

Abogada y escribana por la Universidad Nacional de Rosario y magíster en Derecho Comparado por la Universidad de La Florida, Verónica Musa ahora cursa la maestría en Paz y Justicia de la Universidad de San Diego, en la localidad homónima de California, Estados Unidos. Tiene una beca completa de la Familia Grillo-Marxuach, fondos adicionales de la Fundación Rotaria y una beca de la Fundación Inamori.

Verónica nació en Rosario, Santa Fe, pero se crió en Orán, donde hizo las escuelas primaria y secundaria. “Si la patria es la infancia, como dice Rilke, mi patria es salteña”, aseguró. 

Es experta en el derecho internacional de los derechos humanos (DDHH) y trabajó en distintos países en temas relacionados con DDHH e iniciativas de cambio social. A partir de experiencias profesionales que tuvo en Turquía y en Colombia, en el 2015 decidió enfocarse en el campo de la construcción de paz y resolución de conflictos. 

En junio, julio y agosto próximos, durante el verano en el Hemisferio Norte, estará en Viena, Austria, en la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por su nombre en inglés), que trabaja contra el crimen organizado, la trata de personas y el terrorismo, entre otros. Allí, colaborará con el diseño de casos de estudio y otras herramientas pedagógicas para entrenar a jueces, como parte del programa global Educación para la Justicia.

Desde su residencia actual, Verónica Musa dialogó con El Tribuno sobre temas locales de los que no es ajena a pesar de la distancia, como el conflicto de los bagayeros en la frontera entre la Argentina y Bolivia y la demanda feminista de aborto legal, seguro y gratuito. 

Verónica contó que la Universidad de San Diego ofrece becas completas en estudios de paz y justicia y que algunas son solo para latinoamericanos. Si bien son exigentes y competitivas, aseguró que no es imposible obtenerlas. La Fundación Rotaria tiene un programa de becas pro paz, que permite estudiar en uno de los cinco centros de Rotary pro Paz alrededor del mundo. En Salta, está el Rotary Club Valle de Lerma (así, en Facebook). A Verónica se la puede contactar por Linkedin (Veronica Musa) o por Facebook (Vero Musa).

¿Cómo ve el conflicto de los bagayeros?

Yo pienso que tiene que ver con un Estado ausente, que está desentendido del desarrollo de las regiones que aportan mínimo o ningún voto o crédito político. Soy crítica del rol casi espectador del Gobierno provincial y de la actitud del Gobierno nacional, que es lamentable, pero está alineada con esta moda de la deshumanización y lo que se llama la “securitización de las comunidades fronterizas”, que es la creciente tendencia a la militarización de los bordes. Cuando la ministra (de Seguridad, Patricia) Bullrich se aparece disfrazada de marine en Aguas Blancas, le dice a la comunidad un montón de cosas y, sobre todo: “Ustedes son un asunto de seguridad nacional”. Para esas personas, es un tema de supervivencia darles de comer a sus familias, en una región castigada por el desempleo y el empleo informal. Pienso que el conflicto no se va a resolver con tecnología de vigilancia israelí ni con un muro, ni trayendo a disertar a militares colombianos; se va a resolver invirtiendo en el crecimiento estructural de la región. 

¿Qué reflexiona sobre esto?

Hay que dejar de demonizar la experiencia migrante y combatir los usos políticos y jurídicos de los discursos de odio y xenofobia. Todo el mundo conoce la obsesión que tiene Trump con el muro de la frontera con México. Sin embargo, la realidad es que en la frontera San Diego - Tijuana no hay un muro, hay un puente. En San Diego hay un corredor al que se entra por el lado norteamericano y del que se sale por el aeropuerto de Tijuana, del lado mexicano, y viceversa, de una manera rápida, eficiente, sin demora ni problemas. Ese sistema lo usan millones de personas todo el día y es una iniciativa público-privada, que es bien lucrativa, por cierto, porque se paga por eso. Al lado del borde tradicional, como lo conocemos en cualquier lado, está este corredor, este puente, y nadie habla de eso. Trump no habla de eso porque le resulta políticamente más redituable el discurso de la demonización del migrante indocumentado, que es la construcción del otro como enemigo, que es el discurso fascista. Entonces, para mí, la militarización de las fronteras es una opción ideológica siempre y una opción deplorable y contraria a los DDHH.

Habla de un uso político del discurso contra el migrante.

Por supuesto, usos jurídicos, usos políticos... Se pueden estudiar las estadísticas y los indicadores de violencia, pero no hay que perder de vista que la violencia tiene usos simbólicos, disciplinadores, justificadores... Cuando dicen que Orán está más peligrosa que Rosario de Santa Fe o comparan a Orán con Ciudad Juárez, hay un sambenito que le cuelgan a toda la comunidad... En las comunidades fronterizas, hay arte, hay deporte, hay vida, hay muchísimas cosas positivas que se pierden con el discurso del miedo y de la seguridad.

¿A qué se refiere con usos jurídicos?

A que hay una cantidad de legislación y de instrumentos jurídicos que se soportan con esta perspectiva. Si nos ponemos los lentes de la seguridad para mirar un asunto, nos dejamos de poner otros y hay un montón de cosas que no vemos. Esa es mi perspectiva del manejo del conflicto. Hay un libro súper lindo de una antropóloga chicana, Gloria Anzaldúa, que se llama “Borderlands / La frontera”, para entender estas cuestiones. Lejos está la frontera del río Bermejo de ser la única comunidad. El mundo está lleno de asuntos similares.

¿Qué otros temas locales le llaman la atención?

Estuve bastante tiempo fuera del país, pero los últimos tres años estuve instalada en Salta. A partir del 2015, trabajaba para una compañía de gobernanza norteamericana con sede en Washington, pero, como era un trabajo remoto, me instalé en Salta capital, donde nunca había vivido, para estar cerca de mi familia. Fui a las marchas de la campaña nacional por el derecho al aborto porque soy fervientemente feminista desde los 18 años. Cuando comencé mi carrera universitaria, me reconocí en mujeres que habían nacido a la militancia feminista en el exilio político de los 70 y habían vuelto a la Argentina. Dije: “Quiero ser así, tener esta resiliencia, esta relevancia”, así que participé toda mi vida de luchas feministas y, por supuesto, apoyo el derecho al aborto porque las mujeres necesitamos que se respeten nuestros derechos sexuales y reproductivos, que son DDHH.

En otros países es “natural” que sea así...

En Estados Unidos está resuelto hace más de 45 años (risas), lo decidió la Corte Suprema. Lo que ocurre es que, con el crecimiento de una parte más conservadora, hay objeciones en los distintos Estados. El aborto está permitido, pero hay clínicas que son hostigadas, sobre todo en los Estados del sur, que son más conservadores, donde hay más presencia de ese tipo de militancia más bien fanática y han tratado de pasar legislaciones estaduales.

¿Cree que ser mujer ha sido una traba para desarrollar su carrera profesional?

No creo que ser mujer fuera una traba, aunque sí ocurren varias cosas. A las mujeres nos cuesta más tiempo encontrar nuestra voz, según mi experiencia. A mí me costó decir: “Esto es lo que yo quiero”. Fui mamá y me dediqué mucho a mi hijo y me sigo dedicando. Me divorcié y la responsabilidad sigue siendo 100 por ciento mía. Entonces, junto con todas las cosas que he hecho en mi vida, he criado a mi hijo. He vivido en Holanda y en un montón de lugares con el gordo a cuestas. Nunca he podido dedicarme 100 por ciento a mi carrera profesional. Eso nos pasa a muchas mujeres. 

¿Cuáles son sus proyectos a nivel profesional?

A mí me entusiasma siempre lo que va a venir. Soy una persona que se moviliza mucho. Cuando el gordo termine su secundaria y comience su camino y decida lo que va hacer, me imagino trabajando en zonas de conflicto, a las que ahora se me dificulta llevarlo. Tengo la gran ilusión de contribuir a la reconstrucción de Siria porque mis abuelos paternos eran sirios. Me veo también explorando mi faceta docente y mentoreando mujeres más jóvenes que quieran hacer una carrera internacional en este ámbito. Eso me motiva mucho.

¿Tiene proyectos en Salta? 

Mi sueño es fundar una clínica jurídica de litigio de interés público, que sirva para las comunidades del norte de la provincia. En Florida, yo dirigí durante varios años un programa que monitoreaba las condiciones de confinamiento de inmigrantes que estaban por ser deportados. En el marco de ese trabajo, conocí la labor de las clínicas de interés público, una herramienta pedagógica que usan para enseñar derecho en las escuelas de leyes de acá. Ese es un modelo que me gustó mucho, que lo vi trabajar en territorio y que tiene un montón de potencialidades. El CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y la UBA tienen una en Buenos Aires, la de Palermo tiene una, en la Universidad de Tucumán tengo entendido que hay otra, pero en el norte nuestro no hay nada... Ese es un proyecto que en algún momento de mi vida me gustaría ver viabilizado. Ojalá algún día coincidan las voluntades y los fondos económicos que hacen falta para desarrollar un proyecto así. 

¿En qué aspectos ve que puede mejorar Salta?

Tengo un gran desprecio por el nepotismo, los hijos que heredan cargos políticos, puestos de gobierno. Estos linajes que se heredan en gobiernos republicanos, como se heredan las coronas monárquicas... Me gustaría ver que eso cambiara. Así como lo pienso yo, hay muchísima gente que también lo piensa: la cuasi imposibilidad de obtener posiciones relevantes, si una no es “amiga de”, “conocida de”. Pienso que no es algo que veo por estar afuera, es algo que puede verlo cualquier que se haga algunas preguntas.

¿Qué les diría a quienes quisieran seguir un camino similar al suyo?

Quiero transmitir que se puede, que existen las oportunidades de formarse fuera del país. Los fondos están. Hay que aprender inglés para hacer uso de esas oportunidades. Crecí en Orán, en una comunidad donde no había acceso quizás a un montón de otras cosas que hay en Salta y pude tener esa experiencia. Cualquiera lo puede hacer, si tiene ganas y eso le hace ilusión.

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