Microrrelatos, una síntesis contundente y sorpresiva de la dramática humana

 

 

La narrativa del escritor salteño David Slodky difiere de la de otros escritores locales. 
Su prosa privilegiada, impecable, está trasvasada por las pasiones y las relaciones humanas en su más cruda expresión, producto de la sensibilidad y la dureza en la que se entreteje su profesión de psicólogo, y se une al tono de denuncia que sus relatos materializan de forma contundente.
La obra “Resplandores y parpadeos” (2019), que se presentará esta noche a las 20 en la Casa de la Cultura, no es la excepción. 
Se trata de la séptima publicación del escritor salteño, compuesta por una serie de microcuentos en los cuales los vínculos humanos son retratados en su completa complejidad: el amor, el dolor, la violencia de género, la perversión, la ternura están presentes en toda su dimensión.
Referente regional del microrrelato, Slodky elige nuevamente este género para incursionar una vez más en la literatura. Con una prosa ágil y directa, lo que falta en cantidad, sobra en complejidad, ya que el lector debe reconstruir aquello que se silencia, pero se comunica igual. “Slodky trabaja armónicamente con la sugerencia y el silencio, esperando que el oportuno interlocutor reponga la información ausente y sobrevenga entonces la sorpresa, el desconcierto o la angustia”, señala Gloria Quispe, profesora en Letras, en el prólogo de la obra.

Invitación a la perplejidad
La breve extensión de los relatos es suficiente para incomodar, desencajar e invitar a la perplejidad. 
Sus tonos de denuncia y advertencia buscan, en este caso, ser un resplandor en medio de la oscuridad, justamente, para disiparla. “El título del libro alude a relámpagos que iluminan brevemente la noche y que se leen en un parpadeo. También algo que ilumina nuestro entendimiento y nos hace parpadear, asombrados”, destacó Slodky al ser consultado sobre la presentación de la obra.
Sobre la elección del microrrelato, señaló: “Del cuento me atrajo el poder decir tanto con tan pocas palabras. De la microficción, el poder decir tanto con tan escasas palabras. No me dedico exclusivamente a la microficción, pero me cautiva eso y también el giro sorpresivo que casi siempre implica, la concisión que hay que alcanzar y, en mi caso, un género apto para captar y expresar la dramática humana. Sintéticamente. Drásticamente. Sorpresivamente. A un microcuento no le deben sobrar ni faltar una palabra. Lograr esa precisión, esa exactitud en el decir y en el no decir, no es tarea sencilla. Al menos a mí, me cuesta bastante. Y el lector también tiene la misma exigencia”.
Slodky destaca la importancia de este género para acercar la lectura a los más jóvenes. “Es particularmente apto para ello. Quizás como introducción sea el más efectivo. Aunque debe ser complementado con los demás géneros literarios”.

Reedición
En la presentación se llevará adelante, además, un homenaje a Jacobo Regen, el genial escritor recientemente fallecido, con la reedición del primer libro de David Slodky. 
Se trata de “Las Fronteras”, que fue publicado por primera vez hace 30 años, bajo la atenta y complacida mirada de Regen. 
Sus narraciones aluden a las múltiples fronteras a las que los seres humanos nos enfrentamos, que tienden a separarnos y que son un desafío a vencer, o a que nos venzan: fronteras étnicas, religiosas, culturales y así sucesivamente.
Regen fue uno de los grandes mentores de Slodky en sus inicios y un fiel acompañante en su travesía literaria. “En 1990 le llevé a Jacobo Regen algunos cuentos. Pasó un mes sin novedades y pensé que no le habían parecido buenos. Luego me llamó. Mis cuentos y mi prosa le habían gustado tanto que decidió ayudarme a publicar”, recordó emocionado Slodky.
Sobre lo que significa reeditar esta obra luego de 30 años, señaló que “Las fronteras nació bajo el cuidado de Regen en su Ediciones del Tobogán. Tuvo un gran reconocimiento local y regional, pero no nacional, por todo lo que nos cuesta a los escritores del interior tener posibilidades de una mayor difusión. Esta obra significó reencontrarme con la escritura que intento desde mis 15 años, pero que tuvo un silencio autoimpuesto por alrededor de 20 años. Tengo mucho interés en que Salta vuelva a leerlo, pero además ver qué lectura y repercusión alcanza donde ni siquiera se supo de su existencia”.
El microrrelato, hoy
Para Slodky, la microficción está cada vez más extendida y reconocida. “En Salta se realizó en marzo pasado el Encuentro de la Microficción, donde asistieron no solo destacados escritores de Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, Tucumán, Jujuy y Salta, sino una enorme afluencia de público, que participó activamente de talleres, mesas de lectura, presentaciones de libros y conferencias. 
A nivel nacional, hay varias editoriales dedicadas casi específicamente a la microficción, como Macedonia Ediciones en Buenos Aires o La Aguja de Bufón en Tucumán. En la Feria Internacional del Libro que se realiza todos los años en Buenos Aires hay una mesa y una jornada dedicadas íntegramente a la microficción”.
En tanto, el escritor salteño participará del Primer Encuentro Nacional de la Microficción en San Nicolás de los Arroyos en mayo próximo y del Primer Encuentro Internacional de Escritores “Acuerdo de San Nicolás”, organizado por la Unión Hispanomundial de Escritores. “Esto me produce una gran satisfacción, me permite llevar el mensaje que pretendo a otros ámbitos de Argentina y de América, y recoger el mensaje de otros escritores argentinos y americanos”.

Pasión por leer y escribir
La evolución de la narrativa de Slodky estuvo signada por el desafío constante de poder ir dominando distintas técnicas de escritura. Amante de la literatura desde su adolescencia, elaboró sus primeros escritos en esa época,se silenció por casi dos décadas hasta que en los 90 decidió retomarla, pero sin haber dejado “de leer y de vivir”, al decir de su gran amigo, Jacobo Regen.
“Cuando volví a escribir, mis producciones fueron cuentos muy largos: “Las fronteras”, “Gólgota”, “Metempsicosis”. Esta última fue el primer intento escritural de saltar el relato lineal para ir una estructura más compleja, con dos relatos situados en tiempos distintos, y que confluyen hacia el final en un solo final que pretendo sorpresivo. Pero al ver mi tendencia hacia el cuento extenso, me pregunté si yo era capaz de una escritura sintética, pero que mantuviera la característica distintiva que señaló Julio Cortázar para el cuento: ganar por KO. Y allí surgieron “Despertar” y “1976, cuentos breves”, señaló Slodky.
Más tarde llegaría el desafío del microcuento: ganar por KO en el primer round. “Ello no es fácil, ni en el boxeo ni en la literatura. Si lo logro o no, el público lector es el que dará su juicio. Entonces comenzaron a interesarme otros temas y a generar nuevas técnicas escriturales. El cuento “Y entonces él habló” es una reescritura paródica del Libro de Job, del Antiguo Testamento, cuya problemática es por qué el hombre bueno tiene que sufrir.
Allí juego yendo y viniendo en el tiempo y conjugo textos bíblicos con otros del Martín Fierro, o Calderón de la Barca con Regen. Técnica que pretendo utilizar en una narrativa que lentamente voy escribiendo sobre la vida de Güemes”.

Diálogo narrativa y psicología
Para David Slodky, la literatura cuenta con una mayor llegada que los textos técnicos, solo leídos por una minoría ilustrada, cuando se trata de abordar la dramática humana. “El tema del “fantasma”, de las obsesiones que nos atormentan, tiene mayor comprensión con un tratamiento narrativo. Un ejemplo es el pensamiento obsesivo-paranoide que, en la novela “El túnel” de Ernesto Sábato, tiene una repercusión mayor que cualquier texto de psicopatología. Pretendo algo semejante con mi cuento “La duda”, donde el delirio celotípico es revelado; tiene su apoyatura en el Tratado de Psiquiatría, de Henry Ey, solo al alcance de un entendido en psicoanálisis y psiquiatría. Traté de trasladar a mis escritos literarios todo lo que me fue impactando a lo largo de la vida como profesional de la Psicología, siempre intentando decir ‘Atención’, ‘Cuidado’, ‘Basta’”.

Amor y muerte
-¡No se encariñen tanto con Boby, que después, cuando los perros se mueren, se sufre muchísimo!- dijo la madre a sus pequeños hijos.
- ¡Qué tontería! -dijo el de 7 años, mirándola- Es como decirnos que no te queramos a vos, porque algún día te vas a morir-. La madre calló, azorada. Acarició luego al perro.

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