“Hoy, tener una oficina para trabajar no es práctico ni tampoco rentable”

La historia de Matías Marinaro, un joven salteño de 26 años, está caracterizada por altos y bajos. Quizás sea la suerte que corren todos los emprendedores decididos a no parar hasta lograr un modelo de negocio exitoso. 

Después del sabor agridulce que le dejó un anterior proyecto, Matías decidió apostar a un emprendimiento que está muy explotado en las principales ciudades, sin embargo en Salta, hasta hace un año, poco se sabía de qué se trataba. 
“Coworking”, “trabajo cooperativo”, “espacio compartido”, u “oficina integrada”, son alguno de los nombres que tiene este modelo de negocio que cada día tiene más adeptos. 

Si bien no fue el primero, a principio de este año, junto a su tío, Matías puso en marcha su propio espacio colaborativo para que emprendedores tengan la posibilidad de contar con un lugar amigable donde trabajar y desarrollar su actividad.

Ubicado en una de las zonas más vistosas de la ciudad, “STUDIO Coworking” brinda todas las comodidades y servicios, a precios accesibles y competitivos a una creciente cantidad de emprendedores y trabajadores autónomos.

Básicamente, el “coworking” es un espacio compartido de trabajo, que ofrece distintas opciones para emprendedores y profesionales de diferentes sectores. Se puede elegir entre oficinas privadas, escritorios tipo box, o puestos en espacios colaborativos a precios accesibles.

“Antes de empezar este proyecto, estaba trabajando en otro y por ahí estaba tres días en mi casa llamando por teléfono, mandando Whatsapp o mails y no salía. Me decía, ‘esto no es sano, quiero laburar en algún lugar’. En esa búsqueda, no encontraba oficinas o lugares prácticos para laburar y me surgió la idea”, comentó Matías Marinaro a El Tribuno. 

En la calle Catamarca y Caseros, donde funciona el coworking, había un departamento que pertenecía a la familia y estaba libre. “Hablé con mi tío, para que pongamos un espacio colaborativo y no dudó en subirse al proyecto”, agregó. 

Al principio, como era algo nuevo en Salta, hizo mucha investigación de mercado, y descubrió que la gente “no tenía ni idea” de lo que significaba coworking. “Hice algunas encuestas online y el 60% no sabía qué era. Del 40% que sí sabía, solo el 10% había estado en uno. A la gente le interesaba, pero no estaban muy al tanto del tema”, afirmó.

Con esos datos, decidió que no podía hacer solo espacios colaborativos, por eso sumó salas de reunión y oficinas privadas, que tuvieron una gran aceptación entre del público que se acercó. Las oficinas privadas ya están todas alquiladas. A los puestos colaborativos los ocupan mucho las personas que vienen de afuera.

Matías Marinaro, en las oficinas de STUDIO. Pablo Yapura

Difusión
 
Matías tiene un blog, en el que escribe notas para dar a conocer lo que es coworking. “Aun así hay gente que todavía nos llama para preguntar de qué se trata, por eso la idea mía es arrancar fuerte para poder educar a la gente, no solamente para vender mi espacio sino para que la gente sepa que se puede emprender en un momento difícil”, destacó. 

Matías comenta que si no existe la necesidad de tener un espacio privado, por practicidad y rentabilidad, un espacio colaborativo es una alternativa “muy piola”. El público por excelencia de los colaborativos son los emprendedores jóvenes, los freelancers como diseñadores y programadores. 

“Después nos empezamos a meter un poco más en lo que son las empresas, el nicho está bueno. Cuando son empresas grandes, a nivel nacional, cuesta menos. Las empresas piden mucho las salas de reuniones”, agregó Matías.

Además de ser rentable, este tipo de lugares son ideales para relacionarse con otros profesionales que pueden ayudar a que un negocio crezca. En la misma mesa pueden sentarse un consultor, un especialista en recursos humanos, en profesional de marketing, un periodista o un diseñador gráfico.

La sinergia que se genera en estos espacios es muy fuerte y no se puede obtener trabajando desde casa o en un café. 

“Internamente surgen muchísimos proyectos. Es increíble los contactos que se generan. Hace un tiempo fue un chico que tenía un negocio de gourmet para egresados. Empezó a trabajar y se terminó haciendo amigo de un consultor que le dio una mano para hacer más efectivo su negocio y ahora la está rompiendo. Son relaciones que se dan porque se conocen ahí, si ves que tiene una falencia, le terminas dando una mano”, destacó.

Matías expresa que en la actualidad la gente en Salta ya conoce la propuesta, pero no se ve trabajando a la par de otra persona. “Muchos piensan que tienen que hablar o los van a molestar y no es así, porque cada persona que va, está en la suya”, destacó.

Para este año, la meta que tiene Matías es llenar la capacidad del estudio. “Creo que va a ser el reto más fuerte porque hay que educar a la gente”, agregó. Para más adelante, está analizando la posibilidad de armar franquicias en otras provincias del norte del país que no tengan explotado este modelo de negocios. 

“Falta educar a la gente, no solo lo en qué es el coworking, sino en el beneficio y cómo es realmente. Una vez que lo prueban, realmente lo aprovechan. Hay gente que no necesita privacidad y va a un puesto colaborativo. La gente que está en la duda, le cuesta la idea de sentarse con otro. Por eso, lo que hacemos es mostrar que el ambiente es muy copado. Hoy, tener una oficina no es práctico ni tampoco rentable”, finalizó.

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