El brutal asesinato de Fernando Báez Sosa en manos de un grupo de rugbiers generó conmoción y preocupación sobre este tipo de comportamientos extremadamente violentos de jóvenes en manada. Lejos de ser un caso aislado, episodios de agresiones de varios contra uno, o todos contra todos, son escenas que se vienen repitiendo durante estas primeras semanas del 2020. Esta vez, un adolescente que también vacacionaba en Villa Gesell fue víctima de una brutal golpiza propiciada por una patota que grabó el hecho para luego mofarse en sus redes sociales.

El video se viralizó rápidamente y refleja el mismo modus operandi con el que varios adolescentes mataron a Báez Sosa el sábado por la madrugada. El hecho habría ocurrido dos días antes de la muerte de Fernando, también a la salida de un boliche de la zona. Allí un estudiante de Medicina de 18 años, oriundo de la localidad mendocina de General Alvear, identificado como Mateo Romby fue acorralado por tres rugbiers que se turnaron para golpearlo: el primero le pega una patada en la mandíbula, mientras que los otros dos le aciertan golpes de puño en la cara, primero le pega uno, luego el otro, y finalmente le terminan pegando los dos al mismo tiempo. Mientras los agresores gozan de la golpiza, se escuchan risas de fondo que serían del cuarto involucrado: Tadeo Abraham, quien publicó la salvaje agresión en su cuenta de Instrgram.

Tadeo etiquetó en el video a sus amigos revelando la identidad de los agresores que rápidamente cerraron sus redes sociales tras la viralización del ataque que cometieron en patota.

Walter Romby, el padre del chico agredido, manifestó: “Yo no sé si eran jugadores de rugby o no quienes le pegaron a mi hijo, pero si sé que hay una falta de valores enorme en la sociedad y un grado de perversidad muy grande con conductas casi primitivas. Más allá de lo que pasó, que por suerte mi hijo no respondió a los golpes fuertes que recibió, lo más preocupante es la escalada de violencia que hay en la sociedad”, enfatizó.

Según el relato del padre de la víctima los agresores escaparon del lugar, y su hijo decidió no hacer la denuncia. “De qué vale denunciarlos si son hechos excarcelables y la problemática está en los hogares, la familia, la sociedad toda, es mucho más profundo”, sostuvo indignado. El episodio ocurrió también en Villa Gesell días antes de la muerte de Fernando Baéz Sosa.

 

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