Trajeron donaciones para las comunidades de la ruta 86

“Fue una mezcla de sensaciones, por un lado ver en forma directa las condiciones de pobreza extrema en las que viven las familias originarias de las diferentes comunidades wichis ubicadas a la vera de la ruta nacional 86. Pero, a la vez, la satisfacción de ver esos rostros agradecidos al recibir alimentos secos, gran cantidad de leche para los niños, pan, golosinas y hasta pañales para bebés”, dijeron las cordobesas, dueñas de la iniciativa de traer donaciones para las comunidades aborígenes que viven a la vera de la ruta nacional 86, al este de Tartagal.
Margarita Acosta y Gabriela Arce son dos chicas cordobesas de la capital inquietas por ayudar, por lo tanto suelen hacer colectas entre conocidos y amigos y si bien en algunas ocasiones vieron la pobreza en las barrios más postergados de su ciudad. “Lo que vimos acá no se compara con nada; es algo que te pega muy fuerte porque pensar que hay tantos hermanos viviendo de esa manera es muy conmovedor”, dijeron estas dos jóvenes cordobesas.
“Vi por las redes sociales la noticia de la muerte de los niños aborígenes -recuerda Margarita- y se me ocurrió la idea de comenzar a pedir algo de colaboración, y cuando me contacté con Gaby decidimos recolectar y mandar todo a Salta. Aunque en la zona no teníamos a nadie conocido que pudiera hacer llegar las donaciones a las familias que realmente estaban pasando por este gran problema por falta de alimentos. Las redes sociales y los grupos facilitaron la comunicación por lo que en unos días a los alimentos se sumaron pañales y otros elementos básicos”, relataron.
“Cuando juntamos bastante mercadería le tiré la idea a mi novio, Rodrigo, de que no mandáramos las cosas sino que las trajéramos nosotros mismos hasta Tartagal. La respuesta de la gente en Córdoba fue tan grande que no alcanzaba una sola camioneta para poner todo. Así que se sumaron un primo y un tío, que les gustó la idea de poder llegar al norte a ayudar, así que sumamos nuestro auto que venía cargado a más no poder de cosas para entregar”.
Margarita, Gabriela, Mario Gorosito, Franco Acosta y Rodrigo Carrizo quedaron impactados por la situación de precariedad que vieron en las familias aborígenes.
“Porque en Córdoba vemos pobreza, pero pensar que en la Argentina haya familias que vivan en estas condiciones es algo difícil de describir. Nos dieron a todos muchas ganas de llorar pero, a la vez, cuando vimos la alegría de esos niños, de esas mamás que recibían los alimentos, era una sensación de felicidad y de alegría tan grande que no nos queríamos ir de las diferentes comunidades que visitamos”, dijo Gabriela, emocionada.

Un gesto, una misión

Lo que comenzó siendo una acción solidaria ya se transformó para estos jóvenes cordobeses “en una misión, porque les mostramos a la gente que nos colaboró las condiciones de vida de estos argentinos y la idea ahora es continuar con estas acciones. La comida es lo urgente y si podemos contribuir con un granito de arena a paliar en parte el hambre de estas familias, estamos felices de seguir con esto”.
Los cordobeses ya definieron que regresarán al norte “a más tardar en un par de meses porque la idea es seguir juntando muchas más cosas y entregáselas a todas estas familias que viven al costado de la 86, “porque nos da una gran tristeza ver cómo viven, pero a la vez una inmensa felicidad poder ayudarlos”.
Además de alimento no perecedero, el grupo solidario trajo gran cantidad de pan “que nos donó la panadería El Pilar, de Córdoba capital. Por medio de una compañera de trabajo nos contactamos con el doctor Manuel Pailler, senador provincial por San Martín, quien nos acompañó a recorrer esas comunidades y esperamos regresar a Córdoba y comenzar a trabajar nuevamente con esta acción solidaria, porque hay mucha gente que quiere donar”, asegura    ron.
 

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