Tres noches de  horror: una mala  madre vendió a  sus ocho hijos

POR MIGUEL ESCALANTE Y SERGIO TAPIA

A los 29 años, con ocho hijos, ocupando un terreno de un asentamiento de General Güemes donde construyó una choza de plástico y palos del monte una joven mamá rompió con todos los códigos conocidos de la maternidad.
Aunque todos los vecinos y la asistencia pública sabían que los niños vivían en un estado total de abandono el horror tuvo que emerger para poner fin a un crimen incalificable en contra de la humanidad de la niñez.
Testigos afirmaron ayer a El Tribuno que la tragedia de la inocencia tuvo al menos tres episodios. Tres noches de terror absoluto.
Tres campanazos que solo el mismo número de madres lograron escuchar, para finalmente poner fin a una historia satánica como pocas veces el Valle de Siancas recuerda.
 La suerte de cuatro menores atada a los vicios sin control, convertidos en objetos de una forma inhumana de prostitución.
La suerte de la niñez echada a los avatares de un juego de naipes, regado por alcohol y seguramente drogas de las que nadie quiere referirse.
Los victimarios ya habían estado en ese lugar durante las noches anteriores.
Hasta que finalmente la madrugada del domingo lograron, en una orgía de alcohol y excesos, quebrar la resistencia de los mayores que intentaron en vano salvar a los más vulnerables de los designios de su propia madre.
“Ningún relato puede parecerse en nada a la verdad de lo ocurrido”, dijo una vecina consternada.
“Tuvimos que hacerle escuchar a la policía una violación en vivo para que actuara la Justicia”, dijo otra.
 “Pusimos una persona en cada punto de la casa del horror para que no escaparan y recién salimos a buscar a la policía”, señaló otra mamá.
De esa manera los vecinos del barrio Nueva Esperanza pusieron fin a un terrorífica historia vivida por ocho niños, entre cuatro paredes de plástico negro, sin agua, sin luz, sin esperanzas.

El caso 

Para los vecinos “los chicos permanecían todo el día en la calle, casi siempre sucios y muchas veces con hambre. 
Hace más de seis meses que estaban viviendo en ese terreno que fue usurpado el año pasado. Ella se vino a vivir hace unos seis meses, antes eran terrenos vacíos. No son los únicos que consiguieron un terreno por medio de la usurpación, es un gran problema que se repite en esta zona”, explicó C. D. La mujer sentenció: “Estos chicos pasaban días abandonados por su mamá, ellos debían pedir para poder comer, son niños de tres hasta los 15 años que debían recurrir a nosotros por comida porque su mamá es alcohólicas, y continuamente los abandonaba”.
La precaria vivienda está ubicada en la última parte de un asentamiento conocido como Nueva Esperanza II, este asentamiento surgió en tierras que fueron expropiadas al ingenio San Isidro. El barrio carece de luz y agua corriente, sus calles anegadizas aún no están muy definidas. La mayoría de sus habitantes no cuenta con recursos para construir con material y solo pudieron levantar algo muy precario con material plástico, madera o muy pocos ladrillos. Ellos estaban abandonados, nosotros olvidados”, dijo un vecino consternado.

La noche de los niños 

Con respecto a lo ocurrido algunos vecinos contaron: “El viernes escuchamos una gran pelea en la calle, pensábamos que era cosa de jóvenes, cuando salí vi que la cosa estaba pasando a mayores, se escuchaban amenazas con puñales, entre esos ruidos logré llamar a la policía y ellos vinieron, pero los vieron y la madre escondió a los niños y todo quedó en la nada.
 Este lugar es muy oscuro de noche, no pudimos ver los rostros de los involucrados. 
Cuando todo terminó la madre le pegó a su hijo mayor de manera brutal.
Una vecina escuchó la causa de la reprimenda.
Por los gritos de la mamá desalmada se enteró que ese niño había defendido a una de sus hermanas de ser abusada.
 Esos fueron los gritos y ruidos que escuchamos todos. 
Ese fue el motivo por lo que los hombres no pudieron consumar las violaciones y volvieron al otro día”, comentó C. D. sobre lo que pasó el viernes, la antesala del terror.

La vida en la suerte de los naipes

El sábado la situación se repitió, “una vecina escuchó cómo la nena de 10 estaba siendo violada. Ella lloraba mientras la mamá la calmaba diciéndole que iba a doler pero que aguante, como esta vecina no tiene celular no pudo llamar a nadie. Las violaciones no se pudieron concretar el viernes, entonces el abuso se hizo el sábado. El domingo vinieron cinco hombres. Dos de ellos mayores y tres menores trajeron alcohol y jugaron cartas. Ahí escuchamos que jugaban por violar a los niños.


 

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