La inflación y el futuro venturoso

La inflación, otra vez.

Seguramente el lector estará algo fastidiado con tanta insistencia con respecto a la inflación habida cuenta de la extensa cantidad de notas escritas sobre esta cuestión.

Tal vez una tibia disculpa sería que la persistencia de las columnas referidas al tema se explican por la no menos extensa permanencia en el tiempo del fenómeno inflacionario que ya lleva 70 años de "impecable" trayectoria, habiendo descontado, claro está, los diez años de estabilidad que logró la Convertibilidad, entre 1991 y 2001.

Un futuro venturoso

Les Luthiers, el prestigioso conjunto humorístico-musical de la Argentina que también acumula largos años de exitosa presencia en el país y el mundo (aunque no tantos como la "decana", nuestra victoriosa inflación), en un contrapunto por los amores de una dama entre dos de sus integrantes dentro de un "sketch", mientras uno de ellos le ofrecía a la supuesta señorita "un futuro venturoso", el otro, para no ser menos, le prometía "dos futuros venturosos".

Algo similar ocurre también en nuestra Argentina con la inflación, porque, en tanto la economía enseña que una de sus leyes impone la existencia de "un solo precio", en nuestra economía la producción industrial, como los futuros de Les Luthiers, ofrece "dos precios"...

La ley de un solo precio

En economía se demuestra que es imposible la existencia de dos precios diferentes para un mismo bien o servicio, y la forma de explicar esta ley es que, de ofrecerse un mismo producto a dos precios diferentes, el comprador obviamente elige el más barato, o bien, de mediar complicaciones para hacerlo así, aparecerán los "arbitrajistas", que son los agentes económicos que compran el producto donde se ofrece a precio más reducido y lo venden donde rige el valor más alto, contribuyendo así a que la brecha entre los dos mercados no sea tan elevada porque la oferta de los compradores del mercado barato volcada al caro descomprime los precios en el segundo.

¿Le suena al lector? Por supuesto, los argentinos conocemos perfectamente este fenómeno a través del dólar que se ofrece en el mercado oficial a un precio, y una vez comprado puede venderse a los "arbolitos" a un valor superior mediante un procedimiento que se ha bautizado como "puré".

La industrialización argentina, nacida al calor de un empuje de los gobiernos surgidos del golpe de Estado de 1943 y años posteriores, se basó en los altos aranceles o bien la prohibición directa de la importación de los productos que ahora se sustituían porque los costos internos de fabricación excedían con creces a los internacionales. Como resultado, aparecieron los "dos futuros venturosos", vale decir, los dos precios: el interno y el internacional, con el primero sustancialmente por encima de los segundos, como se señaló.

Sin embargo, esta vez los arbitrajistas no podían cumplir su cometido porque las prohibiciones impedían adquirir los productos importados y ofrecerlos a precios entre los internacionales y los internos y por esta razón los automóviles, electrodomésticos, la ropa, etc., cuestan varias veces más que esos mismos productos si se pudieran adquirir libremente en el extranjero.

A lo anterior debe añadirse la elevada carga impositiva en la parte de la industria formal, unido a la desaparición del ferrocarril y la inexistencia de hidrovías, lo que hace que en Salta deban pagarse fortunas por productos fabricados en Tierra del Fuego, por ejemplo, los que podrían resultar sustancialmente más baratos comprados en Chile o Bolivia, si fuera posible.

¿Y la inflación?

Los economistas nos enseñan que no debe confundirse precios altos con inflación.

Claramente, lo recientemente señalado explica por qué la Argentina tiene precios desproporcionados de sus bienes, a la vez que en muchos casos con calidad mediocre o muy mala, pero no porque esos precios están continuamente elevándose.

La razón por la que lo hacen es justamente lo que se ha planteado en las numerosas notas mencionadas al comienzo, vale decir, la existencia de un elevado déficit fiscal que opera como una subasta de pocos bienes producidos y mucha demanda de compradores que no producen nada (ñoquis, planes, etc.), y por otra parte, la elevada concentración de la producción industrial.

¿Por qué las prohibiciones mencionadas producen inflación?

Ya se ha señalado por qué los precios son más altos, y en cuanto a la inflación, ésta tiene lugar porque, al no haber competencia internacional, pero tampoco interna -ya que la producción industrial exige tamaños de planta muy grandes y no es factible la existencia de muchos productores de bienes similares-, las empresas pueden cobrar tan altos precios como la demanda lo permita.

Sin embargo, estos altos precios implican una pérdida de poder adquisitivo del salario, y como los sindicatos presionan por subas posteriores, éstas impulsan nuevos aumentos de precios.

Pero el problema no termina aquí. La producción que supuestamente ha sustituido importaciones, en realidad solamente ha cambiado su composición.

Antes se compraban automóviles o heladeras importadas que ahora son de producción doméstica, pero ahora se compran insumos y equipos importados para fabricarlos, para lo que se necesitan dólares. 
Ahora bien, los dólares se consiguen con las exportaciones porque no se los puede pedir prestados indefinidamente, y estas exportaciones están restringidas por una política económica que junto con la “industrialización” buscaba la extinción de la producción “oligarca” del campo, lo que le hizo perder mercados, a la vez que la oferta exportable bajó porque se la recargaba de muy elevados impuestos. 
El resultado de esta política ha sido la permanente elevación del tipo de cambio debida a la mayor demanda de importaciones -resultado paradójico de la “industrialización”- unida a la pobre oferta exportable, a lo que se añadió en los últimos años la presión compradora de las personas que han encontrado en el atesoramiento de dólares un refugio para la endémica inflación debida a los aumentos de precios de las industrias concentradas alimentados por las subas de salarios y el dólar, a la vez que las compras de insumos dentro de la propia industria debilita los márgenes de ganancia cuando suben esos precios, lo que obliga a su recomposición a través de precios más elevados, a todo lo que se añade el déficit fiscal.¿Cómo se sale?

Si se acepta el diagnóstico de la inflación señalado, la solución pasa por operar en reversa ante las causas que la generan: reducir por una parte el déficit congelando vacantes en el Gobierno y reemplazando subsidios por trabajo genuino; además, abrir la economía a la competencia internacional, favoreciendo en lugar de restringir la producción agropecuaria, que, a diferencia de la industrial, altamente concentrada regionalmente, está generosamente distribuida en toda la geografía nacional y es por lo tanto la más genuinamente federal. Se debe aliviar la carga tributaria y desarrollar infraestructura, especialmente ferroviaria y fluvial. 
Todo esto se logra con una política económica que no “relate” a favor de la inflación y el aumento del desempleo y la pobreza, como es la que se practica casi siempre en la Argentina.
 

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