El contrabando masivo, un negocio para pocos en la frontera norte

Un recorrido por la caliente localidad de Salvador Mazza muestra a las claras que allí todo suena a estar arreglado.

Desde hace unos años, cuando la depreciación del peso llevó a los habitantes de esa localidad a dejar de comprar sus productos en Bolivia para comenzar a vender a través de la extensa frontera seca, se consolidó un negocio millonario: la exportación ilegal de commodities y mercancías, evadiendo todas las tasas nacionales y las retenciones en el caso de los granos, legumbres y productos industrializados de los mismos.

Esta actividad se visibilizó en la pandemia, durante la cual se afianzaron los mecanismos para eludir los controles del Estado, creando en el municipio de frontera una aduana paralela legal para aquellos productos que llegaban con los papeles en orden, en tanto otra funciona para aquellos envíos flojos de papeles, que encubren una venta colosal dentro de los límites del país, pero que en realidad en pocas horas se transforma en una seudoexportación de bienes, pagados en dólares desde la República Plurinacional de Bolivia.

El Tribuno dialogó con diversos vecinos de la norteña localidad, con personal de seguridad, incluso federal, con referentes políticos del municipio y con los vecinos comunes que deambulan en las pobre calles de Salvador Mazza, mercando todo tipo de productos, ya que la pobreza y el trabajo informal en ese lugar de la Argentina tiene números que asustan.

"Millones de pesos pasan por nuestras narices, a toda hora, nada queda en el pueblo, es solo para unos cuantos", dijo una vendedora de un puesto de ropa.

Y su apreciación no es antojadiza, cientos de camiones hacen fila para ingresar a la localidad a diario, desde el sur. Mientras otros tantos lo hacen desde el norte, es decir, desde la república vecina. En ambos casos los transportistas deben oblar una especie de tasa municipal, al estilo aduana, cuyo destino debiera ser el erario municipal.

La cifra que se recauda a diario es un enigma. Pues los papeles que se ingresan a la contabilidad municipal no se condicen con el volumen de ingreso de transportes.

Salvador Mazza no tiene grandes industrias; ni medianas siquiera. Carece de universidades y tiene solo un terciario que dicta -según vecinos- carreras sin salida laboral.

El mayor movimiento económico se encuentra en la extensa línea fronteriza y sus intrincados asentamientos humanos y fincas privadas, todas ellas con acceso a pasos no habilitados. Casi todas estas propiedades facilitan el tráfico de mercancías y personas a toda hora y, según el lugar, el volumen de las transferencias de mercancías. Decenas de camiones a diario convierten una carga de cereal u oleaginosa a granel en casi mil bolsas de arpillera, las que son llevadas en vehículos más chicos hasta los pasos ilegales, así también bebidas y comestibles en general, incluso maquinarias agrícolas. Antes de cruzar, obvio, otra aduana: la del dueño de finca.

Todo es oro, pero para pocos.

El control, también

El contrabando es masivo y la maniobra quedó al descubierto en los primeros meses del 2021. Nuestro matutino se hizo eco del secuestro de decenas de camiones cargados de cereales que tenían como destino fincas improductivas de Salvador Mazza y el Chaco salteño, lindantes con la vecina Bolivia.

Es así que en junio de 2021 se detuvo a un comandante de Gendarmería de Aguaray y a otras personas. Se indicó desde la Justicia que los dueños de la carga a través de los camioneros pagaban sumas de entre 150 y 200 mil pesos por camión, y así avanzaban hacia la frontera con la cobertura federal. Se liberaba la zona para el paso ilegal de los transportistas. El engranaje estaba completo.

 

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