Errores que enseñan sobre la pandemia

El Reino Unido avanza a un ritmo monumental de vacunación. Con el casi 47% de la población vacunada contra el coronavirus, el Reino Unido se ubica segundo en la tabla de países con más dosis aplicadas en relación a su población. Parte del éxito se explica por la capacidad de posicionarse a la hora de firmar contratos con las grandes farmacéuticas.

Otra parte se explica por la negativa de exportar ni una sola dosis, ni siquiera a Europa.

Claro, mientras tanto, la materia prima para las vacunas producidas en el Reino Unido nunca dejó de ser importada desde Europa. Mientras el éxito del programa de vacunación es realmente un logro para el gobierno de Boris Johnson, no hay que olvidar el camino recorrido. Y hay que recordar que el Reino Unido permanece quinto en la tabla mundial de muertes por COVID.

El 26 de enero, Boris se acercaba al podio para anunciar que más de 100.000 personas habían fallecido después de contraer COVID-19.

El número de casos positivos del día era 20.089, pero el acumulado de los últimos 7 días resulta impactante: 222.898. Los números de la pandemia son tema de debate en los círculos políticos de Westminster como en la comunidad científica. También, es un caso de rigor para los expertos en políticas públicas, que miran a la sexta economía del mundo encabezar los rankings top-10 en casos, pacientes hospitalizados en terapia intensiva, muertes y el coeficiente de exceso de mortalidad. Boris Johnson, acompañado por sus asesores médicos y su científico en jefe, entiende el momento traumático que atraviesa el país, y también percibe la frágil dinámica de la disyuntiva entre apelar al futuro con el programa de vacunación, o hacer el mea culpa mirando al pasado.

Tres errores letales

En términos de cálculo político, no le hará falta el momento para ser recordado por la oposición laborista de las decisiones claves, que hoy en retrospectiva, fueron errores graves en la gestión de la pandemia.

Entonces, ¿qué falló en el Reino Unido?.

Tres cuestiones fundamentales: no proteger a tiempo a la población de riesgo; un sistema fallido de vigilancia epidemiológica; y la aplicación negligente del lockdown o confinamiento total. Lecciones que se tornan nuevamente relevantes también en la Argentina.

Primero, la irresponsabilidad de reaccionar tarde para proteger el sistema social de asistencia a personas mayores, por ejemplo: a geriátricos y asilos.

Con casi el 19% de la población del Reino Unido mayor de 65 años, solo en los primeros meses de la primera ola de la pandemia, el 30% de las muertes ocurrió en geriátricos y asilos. Esa cifra se eleva al 40% si se cuenta a residentes de geriátricos y asilos que posteriormente fallecieron en hospitales. El número total de exceso de mortalidad en personas mayores a 65 años, a los primeros días de junio, fue de 66.000, comparado a 37.000 en el 2019. Ante esta situación, el Secretario de Salud, Matt Hancock, prometía en Mayo ante el Parlamento - en medio del primer lockdown - proteger de manera directa a todos los establecimientos encargados de cuidados y asistencia a personas de la tercera edad. Tres semanas después, la cifra de fallecimientos sería de 16.000 comparado con menos de 3.000 en Alemania. Todavía a esta altura, la reglamentación oficial del Ministerio de Salud no desalentaba las visitas a geriátricos y asilos, sin mayores restricciones de movimiento, de distanciamiento o uso de materiales de protección personal. Investigaciones subsecuentes revelarían que los trabajadores del sistema social de asistencia eran uno de los vectores de contagio masivo en el resto de la población: de 33 casos de contagio masivos en asilos a principios de marzo a 793 al final del mismo mes.

Parte de las razones que explican este error, está en el intento fallido de construir mecanismos de vigilancia epidemiológica - o como dijo Boris a finales de mayo 2020 - "el mejor sistema de búsqueda y testeo del mundo". Mientras Alemania testeaba a un ritmo de 150.000 por día, Boris prometía la capacidad de rastrear y testear 200.000 casos diarios a junio 2020. Todo el experimento enfrentaría severos obstáculos y mala praxis.

Por ejemplo, después de gastar 35 millones de libras esterlinas en una aplicación móvil fallida, aún con una segunda versión en circulación, un estudio de Imperial College reportaba que para llegar a la meta de Boris sería necesario alcanzar el 80% de los casos de contactos estrechos para justamente aislarlos de la población.

Con un costo de 22.000 millones de libras, el programa de testeo y rastreo no llegaría nunca a pasar más del 56% de casos testeados, contactos estrechos rastreados y aislados. El colmo de la cuestión llegaría el domingo 31 de mayo. Mientras el ministro de Salud Hancock celebraba la marca de 128.437 testeos - muy por debajo de los 200.000 prometidos - el jefe de la Oficina Nacional de Estadísticas lo acusaba por manipular las cifras. Una semana después, Hancock explicaría que el número 128.437 incluía también los envíos de kits de testeo a domicilios, obviamente, sin conocer el resultado.

En nivel de mala praxis tendría otro momento bisagra en el proceso de destrucción de la confianza pública hacia el gobierno en la gestión de la pandemia: al no poder agregar más columnas en un documento Excel, el Ministerio de Salud se “olvidaría” de incluir 15.841 casos al conteo diario entre el 25 de septiembre al 2 de octubre. Tercera área de análisis: la aplicación negligente y tardía del lockdown. En lo que serían sus últimos meses en el gobierno, Dominic Cummings, arquitecto del Brexit, urgía al Primer Ministro adoptar una estrategia de inmunidad de rebaño por contagio masivo. Con la situación en Italia descontrolada y el modelaje de Imperial College relevando que sin confinamiento total se producirían 250.000 muertes, Boris Johnson decretaba el primer confinamiento el 23 de marzo, con 365 muertos y 13.000 casos. A medida que los casos se estabilizaron, y con la llegada del verano europeo, Boris eligió dinamizar la economía - con una caída del 20.4% - a costa de la estabilidad sanitaria. Por eso durante el mes de agosto, el gobierno lanzó un programa para subsidiar al sector gastronómico con vouchers 2 x 1 para todos (y todas) para consumir in situ. A esta altura, el Reino Unido tenía muy pocas barreras contra el contagio masivo: un sistema de testeo fallido, asilos y geriátricos desprotegidos, la movilidad incentivada hacia lugares y conglomeraciones, y ninguna restricción para personas provenientes de países con casos elevados de COVID. Con un incremento de casos en septiembre, el Grupo de Consejeros para Emergencias (SAGE, en inglés), le recomendaba a Boris el segundo lockdown. Un lockdown que no llegaría hasta noviembre, y que sería flexibilizado para Navidad - justo al momento de descubrir la nueva cepa de coronavirus, 30% más letal. La combinación de estos factores, hoy hacen que el Reino Unido tenga 100.000 muertos que lamentar. Por estos motivos, es quizás indispensable replantear la necesidad de estudiar a fondo los problemas de políticas públicas en momentos de gestión de crisis, y preguntarse de qué manera pueden los gobiernos aprender de errores forzados y otros menos. En la Argentina, con aciertos y desaciertos, también urge aprender del 2020, de la pandemia, y de la necesidad de construir consensos. Como lo fue en abril 2020, y ya viviendo la segunda ola de la pandemia, por qué no retomar y construir sobre las políticas de estado que unen, para salir de la práctica del confinamiento ideológico y tomar de la pandemia lo único bueno: trabajar juntos. 
 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...