“Se incrementó mucho el trabajo infantil doméstico en la pandemia y claramente hubo retrocesos en Argentina”

“Muchos niños y niñas realizan tareas en el hogar pero no son tareas livianas sino que sustituyen al adulto y toman riesgos. No es lo mismo un chico que levanta la mesa que alguien que cocina para sus hermanos cuando sus padres no están”, explicó Gustavo Ponce, especialista en trabajo infantil de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) 
El experto analizó el impacto social de la pandemia y consideró que puede ser un “falso dilema” el de preguntarse si darle dinero a un niño en la calle. “Eso no cambia gran cosa. Lo que mueve la aguja es la política pública”, expresó. 
En el marco del Día Internacional por la Erradicación del Trabajo Infantil, que se conmemora hoy, también pidió “no demonizar” a las familias y tener presente que las respuestas integrales deben venir del Estado.

La pandemia y la cuarentena han incidido en los niveles de pobreza y precarización laboral. ¿Eso ha hecho que la realidad del trabajo infantil se agudice en Argentina?
Sí, claramente la pandemia ha impactado negativamente en todos los progresos para eliminar el trabajo infantil. Hicimos recientemente una encuesta a adolescentes en la que captábamos lo que era la situación entre los 13 y 17 años, en octubre del año pasado. El procesamiento arrojaba que la mitad de los chicos que estaban trabajando habían comenzado a hacerlo durante la pandemia. Eso muestra claramente la correlación entre la pandemia y la crisis económica que se produce en los hogares con el incremento del trabajo infantil.
La medición de porcentajes de niños y niñas que trabajan que tenemos a nivel nacional es de 2017 (cuando se realizó la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes). De ahí sabemos que el 10 por ciento de los niños de entre 10 y 15 años en Argentina trabaja. Y, en el ámbito rural, es el doble, dos de cada 10.

¿Qué referencias tienen con respecto a cómo está la situación en el NOA?
Lo que podemos decir, más que dar datos por región en este momento, es que hay un mayor porcentaje de niños y niñas que trabajan en el ámbito rural que en el urbano y eso se mantiene hace tiempo. Cuando vemos esto en valores absolutos es distinto porque son menos chicos porque hay menos población. Pero, en términos relativos, entre el 60 y 70 % a nivel global del trabajo infantil está en el agro. Y se da en el agro porque hay mayor informalidad laboral y el trabajo infantil está muy vinculado a las condiciones laborales de los padres.
Por otro lado, hubo y hay esfuerzos por mitigar esta situación, como han sido los jardines de cosecha, fueron una experiencia muy interesante. 
Lo que no se puede hacer es pensar que la solución está en un solo elemento. Los factores que están en juego son muchos y tienen que ver con la educación de los chicos, el acceso a la protección social, la situación laboral de los padres... con el trabajo adolescente protegido y la tolerancia social, donde no está tan mal visto que un chico o chica trabaje o ingrese tempranamente al mercado de trabajo.

En el norte aún hay quienes plantean que existe una cuestión cultural y que las familias están “acostumbradas” a llevar a los chicos a trabajar, por ejemplo en el campo. ¿Qué puede decir sobre eso?
Lo que digo es que no hay que culpabilizar a las familias. Lo que hay que llevar es una solución porque la solución está en manos de una política de Estado, integrada por esfuerzos gubernamentales pero también del sector privado y de los sindicatos. No hay política de erradicación del trabajo infantil que se haya sostenido desde un solo sector.
Cuando a veces hablamos de factores culturales, hay que tener cuidado con demonizar a las familias como explotadoras de los niños. No. Las familias tienen una situación laboral muy precaria y a veces no hay opciones. Lo de los centros de cuidado ha sido un poco eso... Los niños y niñas a veces acompañaban a sus padres a las cosechas, muchas veces porque no tenían dónde dejarlos y sobre todo en épocas de receso escolar. 
Vemos que hay avances significativos pero también hay desafíos muy importantes y la situación de pandemia no favorece. Por la pandemia, se ha incrementado mucho el trabajo infantil doméstico. Hay muchos niños y niñas que realizan tareas en el hogar pero que no son tareas livianas, sino que son tareas donde sustituyen a un adulto y toman riesgos. No es lo mismo un chico que levanta la mesa que alguien que cocina para sus hermanos cuando sus padres no están.

¿Incidió el hecho de que no hubieran clases presenciales?
Claramente, esto es algo que altera toda la dinámica familiar. Si hay algo que caracteriza al trabajo infantil es la invisibilidad y que se ha naturalizado. Por eso hablamos de la tolerancia social. La contracara de esto es que no sea un problema público. Si uno habla con autoridades y pregunta cuáles son los 10 principales grandes problemas dentro de las cuestiones sociales a enfrentar, raramente se va a encontrar con que digan que uno de esos temas sea erradicar el trabajo infantil. Siempre aparece como un tema de mucha aceptación.
Públicamente todo el mundo dice “No está bien que los niños trabajen”. Pero cuando uno repregunta y con el grabador apagado, aparecen muchas justificaciones. Se dice “mejor que estén trabajando porque eso los responsabiliza”; “mejor que estén trabajando porque eso los aleja de las drogas” o porque los “incorpora a la cultura del trabajo”. En realidad está probado que el ingreso temprano al mercado de trabajo pone responsabilidades de adultos en una estructura de niños que están constituyéndose y realmente impide o compite con el desarrollo educativo. No están en las mismas condiciones para aprender. También los expone a un montón de riesgos vinculados a la salud que aparecen después como accidentes. Un niño o niña que se intoxicó con un pesticida... no es un accidente porque nunca debió estar ahí. 

¿Entonces la principal actividad laboral que ahora desarrollan niños y niñas tiene que ver con lo doméstico?
Lo doméstico se ha incrementado mucho. Era algo que había aparecido mucho en la encuesta de 2017 y la situación de pandemia produjo un incremento. No podemos decir de cuánto porque no hay una nueva encuesta a nivel nacional.

Lo que se ha visto también son más chicos en la calle vendiendo o pidiendo...
Si, son muchas las formas que adopta el trabajo infantil. La mayoría trabaja junto con sus padres, no para un empleador. Y eso tiene que ver con el gran impacto que ha tenido esta crisis de la COVID-19 en relación con la economía y los ingresos familiares. Estas situaciones vinculadas al trabajo callejero, a changas, a hacer pan y salir a vender, son situaciones muy en el borde de una estrategia de supervivencia pero que claramente son como un retroceso en relación con lo que se había establecido, a los logros que se iban obteniendo progresivamente para que no haya más niños y niños trabajando en Argentina.

La pregunta que siempre vuelve es: ¿Qué deberíamos hacer cuando un chico se nos acerca a pedir una moneda o a vendernos algo?
Esa pregunta siempre me pareció... como un falso dilema. En realidad uno le puede dar o no le puede dar. Eso no cambia gran cosa. Lo que mueve la aguja es la política pública. La responsabilidad es del Estado y no de un individuo en relación con un chico que le viene a pedir o no. Porque la respuesta debería ser una respuesta integral hacia esa familia. La pregunta es qué le está pasando a esa familia para que ese chico esté pidiendo en la calle. Eso no se puede resolver de un modo privado. Obviamente, hay trabajos de las organizaciones de la sociedad civil, hay esfuerzos que son más individuales o más pequeños que no tienen la escala de la política publica. Pero en realidad la política pública debería liderar una respuesta de este tipo y no dejarla liberada a la decisión del ciudadano. Ahí no está la responsabilidad de cambiar las cosas. 
Obviamente, todos tenemos responsabilidad, pero cada uno desde nuestro rol. Un docente que en tiempo de cosecha le pone presente a los alumnos (aunque no asistan), es un docente que mira un poco para otro lado y contribuye a que esto se naturalice. Esto sucedía, no lo estoy inventando. Cada vez quedan menos, pero esto sucedió durante muchos años. ¿Por qué? Porque se pensaba que era normal que esto sucediera. Creo que lo primero que tenemos que poder hacer es levantar la vista y decir “esto no está bien”. El lugar de un chico o una chica es un lugar de cuidado por un adulto y el trabajo infantil los expone a algo que atenta contra su desarrollo.
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