Alejandro Gallo Bermúdez: “Quise construir sobre el mito de los Síquicos Litoraleños”

“Amigas y amigos, a partir de hoy, a dos años de su estreno, luego de decenas de festivales internacionales y cuatro premios, mi película ‘Encandilan luces’ está liberada en la plataforma Cine.ar en forma gratuita”, dice parte del texto que Alejandro Gallo Bermúdez compartió a través de WhatsApp el martes 3 de agosto. Desde ese día, quedó la posibilidad -para muchos- de revivir la experiencia de ver un material inclasificable, en varios sentidos, “Encandilan luces. Viaje psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños”, sobre una banda de Curuzú Cuatiá. Y, por supuesto, la posibilidad de que el boca a boca que envuelve la mística de esa banda pueda tener un norte para que muchos otros se encuentren con una película brillante, como las luces que encandilan en un viaje alucinante con los Síquicos.
El Tribuno se contactó con Gallo Bermúdez para que compartiera algunos pormenores de un proyecto que sigue su camino con la libertad que le propone el cine independiente, y que ahora se puede ver por la plataforma de cine nacional.

¿Qué significa que “Encandilan luces” ya esté en Cine.ar? 
Es un gran paso porque empieza otra etapa de exhibición de la película que comenzó en festivales, y que después, en el 2019, se estrenó comercialmente en el cine Gaumont, de Buenos Aires, en el Cosmos y en algunos cines del interior de las provincias. Es una película que está muy pensada no sólo en la imagen sino en la banda sonora, entonces yo quería que se exhiba en salas de cine. No es lo mismo verla en una tablet o un celular que verla en el cine, con buena imagen, buen sonido. En la primera etapa, priorizaba eso, los cines, y para estas películas los festivales son ventanas de exhibición porque si no es difícil entrar a grandes cadenas con una producción independiente y con una banda desconocida. Y cuando comenzó la pandemia fue ver de qué forma podía seguir exhibiendola sin liberarla, sin ponerla en YouTube todavía porque me parecía que le quedaba un camino y todo el 2020 estuvo en festivales online y la invitaron a varios festivales europeos cuando se empezó a hacer exhibiciones presenciales. Y llegar ahora, a mediados de 2021, con la noticia de que está en forma gratuita en la plataforma Cine.ar me parece buenísimo y, de alguna forma, es darle un cierre a la película. Mucha gente me decía “dónde la puedo ver”, y yo: “está tal día en tal festival”, y tenías que estar conectado a una hora específica para verla, y ahora, liberada, comienza otro camino para la película. Me escribe un montón de personas, a las que se la recomendaron o que habían escuchado de la película, pero no la habían podido ver. En ese sentido, creo que la plataforma la va a democratizar y mucha más gente va a poder acceder a ella. Es una gran alegría.

¿Cuándo nació el proyecto?
Hacer una película es un proceso largo de por sí, pero esta -específicamente- tuvo un proceso bastante largo. Tiene varias etapas, el puntapié inicial fue en el 2005. En ese tiempo yo vivía en Buenos Aires, había estudiado Imagen y Sonido y hacía mis primeros trabajos en la productora Cuatro Cabezas y a fines del 2005 un amigo me invita a un festival en Parque Patricios, en una fábrica recuperada, y sin saber con qué me iba a encontrar dije vamos. Y casualmente -y causalmente- era la primera vez que los Síquicos Litoraleños tocaban fuera de Curuzú Cuatiá, y lo hacían en Buenos Aires. Y fue un impacto muy grande escucharlos y verlos en vivo. Nunca había escuchado algo así, nunca había escuchado una música tan particular y me parecía que desde el interior traían a Buenos Aires un nuevo sonido... Muchas veces, es al revés. Las grandes ciudades, Rosario, Buenos Aires, Córdoba, imponen sus tendencias al interior, muchas veces propias y muchas que vienen de afuera, y en este caso era totalmente lo contrario. Era una banda que no conocía nadie, que venía de un pueblo chiquito del interior de la provincia a brindar un sonido nuevo. Ahí quedé bastante impactado y después perdí el rastro de ellos, cada tanto los gugleaba sin suerte... Y en el 2006, 2007 empezaron a subir sus videos a YouTube, en ese momento era bastante difícil, no era como ahora que en 2 minutos subís un video, y más desde la conexión de locutorios de un pueblo. Empecé a ver sus videos y esa fue como la segunda afirmación de que quería hacer algo con ellos. Pero el puntapié formal de la película fue en el 2009. Ese año los invitan a hacer una gira por Europa, los ven desde un centro cultural de Rotterdam, Holanda, y les dicen “vénganse con todo pago”, y cuando me lo cuentan dije: “Bueno, no sólo a mí me parece que lo que hacen es genial sino que alguien más... hay algún otro chiflado más en el planeta que piensa que lo que hacen es interesante”. Entonces vendí mi auto, me compré un pasaje, una cámara, pedí prestados micrófonos y los acompañe, registrando toda la gira europea. La primera gira de la banda, en realidad, que fue por Europa. Parte de ese material está en el documental, por supuesto. Ese fue el puntapié formal en 2009, cuando invitan a la banda a hacer una gira. Y ahí me plantee fuertemente hacer un documental sobre ellos. Dije aquí hay algo interesante.

Saltar a lo internacional, sin intermediación, y, en tu caso, hacer un viaje cinematográfico rebasando géneros, como ellos, es muy estimulante, muy extraño...
Bueno, ellos son bastante extraños también. Son bastante performáticos para tocar. Y me parecía que hacer un documental clásico de gente hablando y de ellos hablando de su música, de alguna forma, rompía el halo de misterio que tienen los Síquicos, que se disfrazan para tocar; entonces, muchas veces no se sabe cuántos son, quiénes son. Me parece que sacarles ese halo de misterio iba a ser algo contraproducente, no solo para ellos sino para el documental. Me pareció más interesante construir sobre el mito de los Siquícos Litoraleños que develarlo. Ellos son mis amigos, mis hermanos, los quiero mucho más allá de una película y una cosa que quería es que el documental esté un poco a la altura de ellos. A mí me parece que lo que hacen es genial y quería que cualquier persona que los vea -sea joven, sea viejo- se abra a la experiencia de esa entrega de la película y quería que la pase bien y que descubra todo este universo disparatado y, al mismo tiempo, la película propone que el espectador tengo un rol bastante activo. La película juega un poco con los géneros y juega con esto de decir “todo lo que ves es verdad o carece de fundamento”, y quería que el espectador tenga ese rol y siga su viaje después de ver la película, siga escuchando música de los Síquicos y también de toda esta escena musical que ellos inspiraron. Y no quería que sea una película hermética, sólo para un nicho de gente, sólo para algunos chiflados que le gustan las cosas raras, sino que quería que pueda ser vista por cualquier persona que se entregue a esa experiencia. Una anécdota. El documental se estrenó en competencia en Festival de Cine de Mar del Plata, y esa ciudad es como de retiro de mucha gente de la tercera edad, que va a los teatros, a los cines. Y en las primeras funciones de la película, me atrevo a decir que el 70%, 60% de la sala era gente mayor y yo tenía miedo. “Les va a parecer todo un disparate, se van a aburrir, se van a levantar de la sala y se van a ir”, pensaba. Y no pasó nunca; es más, después de cada función, la gente grande respondía de forma muy visceral sobre la película y me preguntaba “cómo es eso de los hongos...”. Era muy muy interesante la respuesta y lo que generaba la película en los públicos más diversos.

Es grato ver la película, cada fragmento se cierra e invita a abrir otra puerta. Mostrás que personas grandes del pueblo hablan con cariño de los Síquicos. Se acepta naturalmente la música de la banda. Y esa eclosión en Curuzú Cuatiá llega a muchos chicos...
Curuzú Cuatiá es la cuna de chamamé. De Curuzú Cuatiá son Antonio Tarragó Ros, Tarragó Ros hijo, Juancito Güenaga, los Hermanos Estigarribia, Aldy Balestra y un montón de grandes estandartes de la música popular chamamecera son de Curuzú Cuatiá. Hay una frase que me encanta que dice Aldy Balestra en el documental: “Curuzú Cuatiá es la Liverpool del chamamé”. Y la musicalidad que tiene... caminás por las calles y vas escuchando los acordeones, las guitarras, los bajos que salen de la ventana de las casas, y los Síquicos mamaron esos sonidos y decidieron después hacer algo diferente, lo cual creo enriquece los géneros populares, revisitarlos y reformarlos y hasta en un grado bizarro, como hacen los Síquicos... Y eso enriquece la música popular y en Curuzú parece que tienen la cabeza bastante abierta y se puede jugar con el chamamé, no es algo cerrado, solemne, y los Síquicos cumplen un rol fundamental en esa movida: qué pasa si mezclamos el chamamé con la psicodelia, con el rock, con la cumbia, con el ruidismo y no por nada inspiraron toda esta escena musical y no solo en Curuzú, un montón de pibes de la región, de Formosa, de Chaco y Corrientes empezaron a decir “se puede hacer el chamamé de otra forma, se puede hacer mezclándolo con otras cosas que fui escuchando”, y eso enriquece los géneros populares.

Imagino que editar fue difícil... 
Fue un trabajo largo de edición, el montajista es Federico Casoni, de Salta. Fue un trabajo largo porque había que encontrar la película en la isla de edición. Yo tenía un montón de ideas, cosas escritas y estructuras y guion, pero la película se terminó de cerrar y definir en la isla de edición. Creo también que fue un acierto del productor, de Juan Pablo Di Bitonto, que también es montajista, y dijo: “Editen un mes, paren dos meses y vuelvan a editar”. Con lo cual trabajamos todos los días por un mes, y dejamos descansar a la película y después volvimos a agarrarla para ver qué funcionaba y qué no. Y sucede que necesitás ese tiempo para que -valga la redundancia- tenga ese tiempo de maduración, encontrar el tono de la película, encontrar cómo se cuenta de la mejor manera. Esto de los episodios surgió en la isla de edición, fue generar estas intrigas de seguir abriendo puertas para que el espectador quede enganchado a ver qué pasa, qué sucedió con los instrumentos, o cómo es esta escena musical que inspiraron, una invitación a Europa... Cada episodio te abre una puerta más en este alocado mundo de los Síquicos Litoraleños.

 

“Más allá de la película, nos une una amistad”

Alejandro Gallo Bermúdez registró un cambio de época en la música del litoral. La película deja sorprendido a más de uno en varios de sus tramos. La irreverencia de los Síquicos Litoraleños marcó una nueva escena musical. “Desde que yo empecé con la idea de la película hasta que la terminé, casi 9 años, empezaron alrededor de los Síquicos a aparecer cosas que enriquecieron el documental”, dice Alejandro Gallo Bermúdez, y cuenta: “Generaron una escena musical. Chicos, jóvenes que los empezaron a ver en los videos de YouTube o empezaron a pasar los CD, los CDR que en los 2000 eran comunes, comenzaron a hacer música diferente a raíz de haber escuchado a los Síquicos... y era algo que yo no me imaginaba cuando comencé con el proyecto: inspiraron una escena musical. Y que haya sucedido es un hallazgo del destino. Decir ‘aquí hay algo interesante’ y ver qué se forma alrededor y todo el tiempo que transcurrió...”.

Y sobre ese tiempo que llevó el proyecto, dice: “No me imagino haber hecho la película en menos tiempo, porque todo lo que transcurrió alrededor fue enriqueciéndola de una manera que no me imaginaba. No me imaginé que podían invitar a Europa a una banda de un pueblo del interior de la provincia; y comenzaron a suceder cosas muy chifladas alrededor y creo que uno de los logros de la película es que no fue apresurada, se tomó su tiempo para hacer, y alcanzó su punto de maduración en el tiempo adecuado”.

“Sí, por supuesto, ellos son mis amigos, mis hermanos y, más allá de la película, nos une una amistad”, contó Alejandro cuando El Tribuno quiso saber si mantenía contacto con los músicos. “Ahora están un poco desperdigados. Cucú y Germán viven en Curuzú, Diego, que toca el violín y sintetizadores, se fue a vivir a Ushuaia, Nico, el cantante, vive en la Paz, en Bolivia. Están un poco separados, por Latinoamérica, pero siguen encontrando sus tiempos para seguir haciendo música y encuentran su dinámica en su propio universo y, a pesar de la distancia, siguen haciendo de las suyas”, cierra.
 

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