La violencia contra los mayores

"El hombre es lobo para el hombre" (Thomas Hobbes)

Esta frase calumnia por demás al lobo. El lobo y el hombre poseen el instinto de matar, pero el lobo mata para saciar el hambre y no para satisfacer sus ansias de dominio o sus impulsos agresivos. Además, el lobo no se degrada hasta el punto de formular una cínica teoría para justificar sus crímenes.

El tema de la violencia en adultos mayores está parcialmente explorado, está oculto y soterrado (en la Unión Europea se calcula que afecta al 5% de la población). La violencia, el maltrato y el tratamiento inadecuado a personas mayores se inscribe en el concepto amplio de violencia familiar. Es un tema nebuloso, del que se habla poco y que pareciera que no existe; es una realidad que no se denuncia y también se piensa que denunciar no es adecuado. Los abusos no solo se producen en el seno de la propia familia del adulto mayor sino también en las residencias, en las instituciones y en la sociedad misma. Estas situaciones están destinadas a crecer por el mayor envejecimiento de la población, el incremento de las demencias y la modificación de la estructura familiar.

Las claves para el diagnóstico y el tratamiento de esta situación son la intervención multidisciplinaria, el establecimiento de protocolos, la homogeneización de las medidas de actuación.

Es difícil que el mayor denuncie este tipo de situaciones por desconocimiento y miedo. Muchos mayores no se sienten y no saben que son personas, que tienen capacidad jurídica y que poseen derechos. El maltrato puede y debe ser denunciado por cualquier persona y, de comprobarse, los responsables son imputables civil o penalmente. Casi el 50% de los 650.000 viejos de la Ciudad de Buenos Aires sufre maltrato emocional y físico teniendo como causante a la familia. También existe el abuso por parte de las personas encargadas del cuidado de viejos en las instituciones geriátricas.

Los abusos, directos o indirectos, pueden ser: físicos, psicológicos, financieros, violación de derechos básicos y abandono. Las víctimas están, en general, sujetas a más de un tipo de abuso y con varios y frecuentes incidentes.

El viejo suele desempeñar el papel de "chivo emisario" o ser la parte más delgada del hilo dentro de la estructura familiar y por ello se le adjudica muy fácilmente el rol de enfermo.

Por estas y otras razones, la tasa de suicidios tiende a aumentar con la edad. La sociedad y la familia no valorizan a los viejos y les cierran todos los caminos.

El suicidio es una de las 10 principales causas de muerte entre los viejos (12 por 100.000 en la población en general; por encima de los 65 años asciende a 17 por 100.000). De los viejos que amenazan con suicidarse, el 80% lo hace y la mayoría no ha tenido tentativas previas.

Algunas residencias para mayores (mal llamadas hogares para ancianos o, como decía Saramago, hogares del feliz ocaso) son auténticos morideros donde se deposita a los adultos mayores sin la debida atención médica y expuestos al peligro de edificios que no están en condiciones de albergarlos.

La prevención del maltrato a las personas mayores requiere la implicación de múltiples sectores y la movilización de la sociedad. Los trabajadores de atención primaria sanitaria y social tienen un papel muy importante, ya que tratan con los casos de maltrato al anciano de forma regular, aunque con frecuencia no los reconocen como tales. Es vital la educación y la información tanto en el sector formal (educación a profesionales) como a través de los medios de comunicación (combatir el estigma, abordar los tabúes y ayudar a eliminar los estereotipos sobre las personas mayores).

El maltrato a las personas mayores es un problema universal tanto en el mundo desarrollado como en el que está en vías de serlo. En ambos, el maltratador suele ser bien conocido por la víctima, y es en el contexto familiar, en la unidad asistencial o en las instituciones en general donde se aportan la atención los cuidados a las personas mayores donde ocurren la mayoría de los casos de maltrato. Es fundamental una perspectiva cultural para entender en profundidad el fenómeno del maltrato al anciano, es decir, el contexto cultural de cualquier comunidad particular en que ocurra.

Es igualmente importante considerar una perspectiva de género, ya que los complejos aspectos sociales relacionados ayudan identificar el tipo de maltrato y quién lo inflige. El Plan Internacional de Acción de Naciones Unidas adoptado por todos los países en Madrid, en abril de 2002, reconoce claramente la importancia del maltrato a las personas mayores, y lo pone en el contexto de los derechos humanos universales.

El abuso, el maltrato y la violencia ejercida sobre las personas mayores solo se puede prevenir de forma eficaz si se desarrolla de forma conjunta una cultura que favorezca la solidaridad intergeneracional y que rechace la violencia.

 

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