Santa Victoria Oeste: Olvidados, le agradecen a Bolivia lo poco que tienen

Acostumbrados a los fraudes telefónicos, costó atender una llamada insistente de número desconocido y de característica extraña. Presionar la tecla verde del celular le dio cabida a la voz sollozante de Anjel Lara, un vecino de 60 años de Mecoyita, un rodeo del lejano oeste salteño, de poco más de 600 habitantes. "Gracias a Dios que me ha escuchado. Usted me atendió el teléfono y eso es como un milagro para nosotros", dijo Anjel (así, con j) en nombre de cientos de compatriotas abandonados, que viven en la oscuridad del olvido, y además sin luz, sin gas, sin trabajo, sin atención sanitaria, con una educación menos que precaria; que se procuran el agua con una red improvisada con una manguera y que usan uno que otro teléfono con número boliviano porque solo cuentan con una antena del vecino país para captar alguna señal. Claro que para cargar el celular tienen que cruzar el río Mecoyita que los separa de Bolivia. Ya no saben cómo pedirle a las autoridades argentinas y salteñas un panel solar, un poco de atención, un poco de vergenza por tanta indiferencia.

Los planteos de soberanía son recurrentes en este país cuando se habla de las islas australes, por ejemplo, pero no se tiene en cuenta la soberanía cuando los argentinos de la frontera difusa con Bolivia le agradecen lo poco que tienen al vecino país porque el Estado argentino los ignora por completo.

Es que Santa Victoria Oeste está muy lejos, aunque la separen solo 500 kilómetros de la capital salteña. Está en los confines de la provincia y de la Patria, donde los límites con Bolivia se confunden. Queda tan lejos Santa Victoria Oeste que es casi un mundo aparte, una administración anárquica que los vecinos se encargaron de denunciar siempre, pero nunca fueron escuchados. Todos los reclamos verbales y cada letra denunciante escrita quedó en la anécdota risueña de los impíos de turno.

   Vecinos reparan la red de agua que hicieron por cuenta propia.

Por suerte Anjel Lara llamó con su número boliviano e insistió hasta ser atendido, para recordarnos a todos el modo de vida medieval de los argentinos de Mecoyita, que queda 5 horas a caballo por las serranías hasta la comuna de Sta. Victoria Oeste. Tiene 7 hijos, dos de ellos estudian en el terciario del municipio de Nazareno. "No querían estudiar en Santa Victoria Oeste porque es tierra arrasada, no hay nada ahí. En Nazareno la gente es más respetuosa; alquilo con mucho sacrificio una pieza por $6.000 mensuales".

Lara es un humilde agricultor de choclos, habas y papas, también cosecha duraznos y manzanas cuando es temporada y con eso sobrevive como todas las familias de Mecoyita.

   Anjel Lara, desde Mecoyita, hizo un reclamo soberano.

 Justo el día de la Independencia de Bolivia, cuando podían ver la fiesta del otro lado del río, ellos estaban arreglando la precaria red de agua. "Lo hacemos con los vecinos por cuenta propia, para no quedarnos sin agua. Es una red que nosotros hicimos con materiales financiados por la Subsecretaría Familiar en 2003 (hace 19 años), que fueron 7.000 metros de manguera de 2 pulgadas. Yo quiero que toda Salta sepa que acá no hay nada, que nos falta todo: salud, educación, trabajo, servicios básicos. Hay un colegio itinerante en Mecoyita en un lugar compartido entre primaria y secundaria, sin luz, sin nada, a la buena de Dios. Usamos vela, mechero en el mejor de los casos, ni hablar de gas, cloacas, y el agua es así: una manguera que baja del cerro".

Y el clamor continuó su derrotero a la espera de una reacción que trascienda la histórica y dolorosa indiferencia: "Dependemos del municipio de Santa Victoria Oeste, pero no existimos para el intendente Víctor Quispe. Antes estaba Lino Flores, que fue senador también, pero se olvidan de la gente, nos usan para llegar a ubicarse en la política nomás".

"Gracias a Dios Evo Morales puso en Mecoya (lado boliviano) una antena y así agarramos señal, por eso usamos número de teléfono de Bolivia. Lo poco que tenemos se lo debemos a Bolivia. Hemos mandado notas a la intendencia, al Gobierno de la provincia de Salta, al presidente de la Nación, a Edesa para que nos ponga aunque sea un panel para poder cargar el celular, pero nada, todo es olvido para nosotros", señaló.

Y comparó: "Usted cruza al frente (Bolivia) y hay cableado, alumbrado de calles, vehículos, de todo tienen, lindos caminos, comercio. Solo hay que cruzar el río Mecoyita (unos 20 minutos a pie) para ver otro mundo, eso es mejor vida. Acá no hay nada y cuando crece el río Pucará, que está a 50 kilómetros camino a Victoria, quedamos aislados de Santa Victoria Oeste también y nadie nos asiste".

"Queremos que sepan que estamos abandonados del todo, no es vida esto. La gente es muy trabajadora acá, pero no hay incentivo de ningún tipo para nosotros. Queremos emprender, trabajar, progresar, pero no hay manera con tanto abandono, como si no fuéramos salteños y argentinos", dijo con profunda tristeza.

Anjel, con 60 años, hizo lo imposible para que alguien lo escuchara, escribiera sobre su reclamo soberano en este diario y se difundiera la lucha diaria de cientos de salteños en los confines argentinos.

En nombre de los 22 rodeos de Santa Victoria Oeste, detalló: "Las necesidades prioritarias del abra de Mecoyita son el puente de Pucará, luz eléctrica, puente internacional, puesto de Gendarmería, puesto de Policía, ensanchamiento del camino, puestos de trabajo, legalización de las tierras, mejora del equipo médico del hospital de Santa Victoria Oeste, reparto equitativo de beneficios que llegan al municipio, y mejoras en los puestos de salud".

La dura vida en el lejano oeste salteño

 En el lejano oeste salteño, a unos 500 kilómetros desde la capital está Santa Victoria. Todo el departamento tiene 22 rodeos, y en total son alrededor de 7.000 habitantes. Mecoyita, en la frontera con Bolivia, es de las localidades más pobladas, con unos 600 habitantes que viven sin servicios básicos. Ahí siembran en terrazas sobre las lomadas, papas, habas, choclos, duraznos y  manzanas. 

 

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