Massa, en EE UU, con el Plan Rubinstein

Desde el fin de semana, el equipo económico encabezado por Sergio Massa inició su viaje a los Estados Unidos cuyo principal objetivo será reunirse con la número uno, Kristalina Giorgieva, y el staff del Fondo Monetario Internacional donde esperan mensajes claros de cómo encarar el déficit fiscal, bajar la inflación y los plazos para realizar el ajuste cambiario solicitado por varios analistas y empresarios, entre los temas más urgentes.

La agenda incluirá funcionarios del Gobierno de Joe Biden y autoridades del Fondo Monetario Internacional y otros organismos multilaterales.

Massa, uno de los pocos funcionarios con acceso a algunos empresarios y políticos del país del Norte, llegó a Washington el lunes junto con el ministro de Turismo y Deportes, Matías Lammens.

La primera reunión con funcionarios del FMI estuvo encabezada por el secretario de Política Económica, Gabriel Rubinstein.

La delegación necesita mostrar garantías para que el organismo apruebe el tercer tramo de los desembolsos de US$ 4.100 millones previstos en el acuerdo firmado a fines de marzo para la Argentina, para estirar la deuda.

Primer balance

Hasta ahora son pocas las medidas anunciadas que van materializándose con las que el ministro está buscando el consenso de sectores involucrados, mientras dura "la etapa de romance". La designación del Rubinstein como viceministro, un macroeconomista reconocido pero sumamente crítico -hasta antes de asumir- de la gestión y las irregularidades kirchneristas, contribuyó a continuar esta primavera de la economía y después de conocer el resultado del viaje al país del norte tendremos un panorama mucho más claro de cómo sigue la historia. Rubinstein le presentó a Massa un programa de estabilización cuyas medidas incomodan a varios socios políticos del Frente de Todos, especialmente al kirchnerismo duro obediente a la vicepresidenta Cristina Kirchner quien últimamente recuperó protagonismo a partir de las marchas que se hicieron en contra del juicio que enfrenta por la llamada Causa Vialidad y por el intento de atentado ocurrido el pasado jueves.

El Plan Rubinstein

Los puntos importantes del programa que presentó Rubinstein - y que por ahora duerme en el cajón del funcionario por el costo político y social que representa- apuntan a volver a los equilibrios macroeconómicos, elevado superávit fiscal primario, saldo externo (exportaciones menos importaciones), alto nivel de reservas, baja inflación con precios y salarios libres.

Este plan lo dividió en tres etapas y considera que a pesar de los rechazos podría generar excelentes resultados electorales.

Estabilización: estabilizar evitando la hiperinflación de manera civilizada, planteando una política fiscal que elimine en forma inmediata el déficit fiscal primario para no tener que emitir pesos, justamente en un momento que la demanda está bajando con peligro de recesión.

La no emisión de dinero adicional de alguna manera evitaría la huida del peso y por consiguiente evitaría la suba de la cotización del dólar libre estimando que se estabilizara en los $280. Claro que los ajustes del gasto público que se realicen conforman un problema político interno y no económico, ya que será necesario un gobierno con convicción. Lo cual no está garantizado.

Ajuste fiscal: el Gobierno deberá explicar que el ajuste fiscal servirá para bajar el impuesto inflacionario que tanto daño hace especialmente a los trabajadores, permitiría bajar las tasas de interés para reactivar la economía y permitirá bajar impuestos al consumo. Contempla que el Gobierno nacional deberá eliminar las transferencias discrecionales a las provincias y que estas beberán arreglarse con la coparticipación y los recursos propios, abriendo la posibilidad de que los gobernadores puedan aumentar mayores impuestos. La meta es pasar de un déficit fiscal a un superávit por lo menos de 1 por ciento del PBI.

Inversión privada: la última etapa impulsa a retomar mecanismos de inversión privada directa de proyectos de infraestructura liderados por el Estado e incluso con acuerdos en el Congreso para eventualmente incrementar moderadamente algunos impuestos como ganancias, ganancia inesperada, exportaciones, débitos y créditos bancarios.

Respecto a la deuda pública en pesos, Rubinstein entiende que cuando los inversores sepan que el ajuste va en serio no habría mayores problemas para renegociar la misma.

En este programa de estabilización uno de los puntos que genera conflictos es la propuesta de devaluar y llevar al dólar a $200 dejándolo fijo hasta marzo 2023 para indexarlo nuevamente en abril de acuerdo a un sistema administrado de acuerdo a los shocks externos reales y buscando bajar la brecha de cotización del dólar oficial y el blue que se mantendría en un valor de $280, aclarando que si la brecha se mantiene estable cerca del 30%, se podría lograr la unificación del tipo de cambio en los próximos dos o tres años.

Y es justamente el rumbo que parece marcar el reciente anuncio del ministro Massa de llevar la cotización del dólar soja a $200 para todas las operaciones de soja que se hagan desde el lunes hasta al 30 septiembre; la decisión sugiere varias lecturas: la necesidad imperiosa de tener dólares en el Banco Central, la falta de un plan económico, ya que esto es un parche más a los que acostumbramos observar; llevar el dólar a $200 hubiera sido lo mismo que quitar las retenciones, esta medida sería más aceptada si se eliminan todas las retenciones a las exportaciones de productos del campo de todo el país

Respecto al impacto inflacionario que genera, entre otros, la suba de las tarifas de servicios públicos, mandó un mensaje claro de que no se busca una baja del salario real y que habrá plena indexación de los ingresos de los trabajadores siguiendo el índice de precios al consumidor (IPC).

Las recetas modelo

A modo de comparación y para ilustrar la nota me referiré a dos recetas que estabilizaron la economía de Brasil e Israel.

El economista brasileño Edmar Bacha, uno de los autores intelectuales del plan de estabilización que tuvo Brasil en la década del 90, en la presentación realizada en un seminario del IAE y la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, además de afirmar que nuestro país deberá cumplir serios requisitos para ordenar la macroeconomía dejando atrás la crítica situación cambiaria y financiera, explico cuál era la situación de Brasil y las medidas adoptadas para normalizar la economía.

Allá por 1992 el vicepresidente Itamar Franco asume la presidencia de Brasil por la renuncia del presidente Fernando Collor de Mello, y nombra ministro de Hacienda a Fernando Henrique Cardozo. En ese momento, la inflación anual llegaba al 1.500%, con los precios, los salarios, las pensiones, la cotización del dólar estaban indexados a la inflación; el dólar oficial se reajustaba todos los días, los transportes urbanos una vez al mes, los salarios parcialmente cada dos meses e íntegramente cada cuatro meses, los alquileres para vivienda, cada seis meses, los depósitos en dólares no eran admitidos y en términos generales el dólar tampoco podía ser usado como indexador de contratos.

Ante esta situación, el 7 de diciembre de 1993 Fernando Henrique Cardozo anunció un plan de estabilización consistente en tres fases: a) Una enmienda constitucional con el objetivo de equilibrar el presupuesto en 1994 y 1995: b) La unificación del sistema de indexación con una unidad de valor diaria que reflejase la inflación vigente, y c) La introducción de una moneda fuerte y estable que sustituyó al cruzeiro real.

El Congreso brasileño aprobó la enmienda constitucional que permitió reducir gastos obligatorios cerca del 20% y así validar el presupuesto equilibrado durante 1994, el mismo Congreso aprobó un decreto del presidente Franco que creaba una nueva unidad de cuenta en el marco del sistema monetario de Brasil. El valor de esta nueva unidad de cuenta se fijó en un dólar y ambos empezaron a apreciarse diariamente con relación a la anterior moneda. La nueva moneda, el real, reemplazó al cruzeiro real el 1 de julio de 1994.

Esta fórmula introducida por Cardozo se mantuvo con el siguiente gobierno y permitió que la inflación no continuara, a diferencia de lo que ocurrió en Argentina.

Otro caso a tener como ejemplo fue cómo hizo Israel para bajar la inflación del 500% al 16% anual bajo el mandato de Shimon Peres, ex primer ministro que en una reunión de gabinete que duró 36 horas, entre lo más importante que hizo, fue recortar cifras significativas en los presupuestos a los ministerios y en seis semanas la inflación comenzó a bajar.

Recordó Peres en un reportaje que lo criticaron por todos lados que "cuando más duro era y cuando más insistente me volvía, notaba que había un cambio en la opinión pública y, día a día, las encuestas sobrepasaban todo pronóstico". Cuando la inflación bajó al 16% el índice de aprobación de Peres superaba el 70%, el más alto jamás registrado.

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