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Nuestra oportunidad: la educación

Lunes, 20 de noviembre de 2023 04:23

Luego del balotaje, el día después, en un clima poselectoral de gran expectativa por el futuro próximo, de alivio por haber elegido un nuevo presidente, confiados que la alternancia en el poder político redundará en mejor y más democracia; sostenemos que es una ocasión propicia para reflexionar sobre uno de los temas fundantes de nuestra vida en sociedad: la educación.

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Luego del balotaje, el día después, en un clima poselectoral de gran expectativa por el futuro próximo, de alivio por haber elegido un nuevo presidente, confiados que la alternancia en el poder político redundará en mejor y más democracia; sostenemos que es una ocasión propicia para reflexionar sobre uno de los temas fundantes de nuestra vida en sociedad: la educación.

Educación es una palabra polisémica, es decir, tiene múltiples connotaciones y según investigaciones filológicas esta característica convierte al lenguaje en más eficiente, porque según el contexto determinado se la nombra, alejando la ambigüedad, por consiguiente, para nosotros educación es igual a conocimiento.

Luego, decir educación en un día de certezas -porque hay un presidente electo- pero también de incertidumbres -por la implementación de las políticas públicas- es exponer sobre acuerdos implícitos. Porque hay un acuerdo no escrito de toda la sociedad, respecto a que la creación del conocimiento es un proceso gradual y continuo de comprensión del mundo, necesario para la evolución de las ideas y las perspectivas políticas futuras de una sociedad.

En Argentina la educación es una de las palabras que atraviesa todos los sectores sociales y políticos, generando consensos que acuerdan entorno a que la educación debe ser de calidad y universal. En estos acuerdos y consensos subyace otro atributo inherente a la educación: es el de poder ser menos desiguales, en la idea de que adquirir conocimiento nos provee de herramientas parecidas para ser parte de las innovaciones y cambios que se producen en el mundo, en la región y en la localidad a la que pertenecemos.

¿Es utópico pretender organizarnos para tener acceso al conocimiento racional, técnico, filosófico o científico? Es decir, ¿aspirar a interpretar lo que leemos, lo que escuchamos o lo que estudiamos? ¿Es legítimo procurar igualarnos por medio del conocimiento?

Parecen preguntas inoportunas para el primer día después de las elecciones, pero quizá no, si examinamos lo que representa la educación a lo largo del tiempo.

Entonces, cooperamos en las repuestas rememorando lo que representa la educación para nosotros. Representar es "presentar de nuevo", luego, no es ocioso evocar que la educación se forjó al calor de encendidas discusiones y posturas.

Así, desde los albores de nuestra identidad como Nación se sancionaron la Ley 1420 de 1884, la reforma universitaria de 1918, la ley de enseñanza libre de 1958, conocida por la consigna "laica o libre", la Ley federal 24.521 de 1994 y la Ley 26.206 del 2006; fueron mojones de un camino transitado al fragor de valores e ideas en las que se imaginaba un país posible.

Luego, ¿podemos imaginarnos el país posible sin discutir y acordar qué es la educación? No, y como dice el refrán: "La oportunidad es como el hierro, hay que remachar en caliente", ¡esta es nuestra oportunidad!

Estamos en el umbral de una puerta que se abre para ver que además de dólares, litio y gas natural para repechar la cuesta en la que nos encontramos necesitamos iniciar un círculo virtuoso de discusión y acuerdo sobre qué, cómo y para qué queremos educación; discurriendo sobre temas tales como, cuáles son los conocimientos que debemos adquirir de acuerdo a nuestra realidad cultural y regional, a nuestros usos y costumbres locales; pensando en la integración con la economía del conocimiento, la inteligencia artificial, el uso del tiempo libre; recreando saberes para adherir al cambio de reemplazar el trabajo producido en un sistema fordista, por los círculos de calidad y la descentralización de la producción de bienes y servicios; reflexionando con las nuevas filosofías que argumentan la cohabitación de un bagualero que toca la caja trayéndonos los paisajes de la Puna, con otro que enciende un robot que circula limpiando como si fuera una escoba.

En suma, una oportunidad y un desafío para la comunidad que cree en la política -que es negociación y acuerdo- y en la democracia, "caracterizada por un conjunto de reglas que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo que procedimientos", como decía Norberto Bobbio.

 

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