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La irrupción del sufragio adolescente

Viernes, 08 de diciembre de 2023 02:41

La asunción presidencial del 10 de diciembre del 2023 tendrá la particularidad de coincidir no solo con la celebración de 40 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos, sino también con el décimo aniversario de la sanción de la ley 26.744 de ciudadanía argentina, también llamada "Ley de Voto Joven", que permite votar a los jóvenes de 16 y 17 años, reduciendo de manera opcional la edad habilitante -que hasta ese momento era de dieciocho años- para participar en las elecciones nacionales, y en la actualidad también en los comicios provinciales y municipales de todas las provincias argentinas, lo que posibilitó que miles de adolescentes se involucraran en política y votaran no sólo pensando en sus ideales, sino también en el futuro de su país.

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La asunción presidencial del 10 de diciembre del 2023 tendrá la particularidad de coincidir no solo con la celebración de 40 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos, sino también con el décimo aniversario de la sanción de la ley 26.744 de ciudadanía argentina, también llamada "Ley de Voto Joven", que permite votar a los jóvenes de 16 y 17 años, reduciendo de manera opcional la edad habilitante -que hasta ese momento era de dieciocho años- para participar en las elecciones nacionales, y en la actualidad también en los comicios provinciales y municipales de todas las provincias argentinas, lo que posibilitó que miles de adolescentes se involucraran en política y votaran no sólo pensando en sus ideales, sino también en el futuro de su país.

Si bien la participación electoral de esta franja etaria le da la oportunidad de ejercer el derecho al voto y poder seguir haciéndolo de por vida, esta implicancia requiere por su parte de las competencias necesarias para sufragar a una edad temprana, lo que lleva a preguntarnos si están debidamente preparados para ejercer este derecho - deber cívico.

Y aquí tendríamos que suponer que debería entrar en juego el rol de la escuela en la educación cívica y el papel de los colegios secundarios, tanto para la formación del adolescente como para el compromiso de las juventudes con la política.

Nueva generación, nueva época

Los jóvenes ya no se encuentran condicionados por el entorno familiar o educacional en el que transcurre su existencia, por cuanto los adolescentes de hoy se involucran de una manera diferente a como lo hacían las generaciones anteriores que lo era a través de la política partidaria tradicional. Las nuevas formas de comunicación, entre ellas las redes sociales -en las que la juventud de un modo fácil comparte su contenido- les permite tener acceso a información clara, brindándoles la posibilidad de contar con suficientes datos sobre el perfil de los candidatos y sus planes de gobierno para decidir a quién votar, como así también contactarse con los temas públicos y con las agendas que los interpelan. Ello pone en evidencia el rol clave que tiene la información accesible sobre la elección para poder ejercer un voto informado, lo que habla de un compromiso responsable del elector juvenil.

Los jóvenes han evidenciado su interés en participar en los comicios, pero al ser entrevistados este año a través de U-Report -una plataforma de participación impulsada por Unicef que busca escuchar y recopilar la opinión de adolescentes- el 71% expresó tener poca o ninguna confianza sobre las acciones de la dirigencia política de nuestro país, la que, dicho sea de paso, rara vez se dirige a la juventud en sus propuestas de política.

Cuando se analiza la distribución del padrón de electores con la incorporación de los jóvenes de 16 y 17 años, el análisis cuantitativo muestra la fuerte impronta juvenil del electorado nacional. Un dato curioso que arroja el padrón utilizado en las recientes elecciones, da cuenta que el 50% de sufragantes lo integran votantes comprendidos entre los 16 y 35 años, porcentaje éste que además de colocar a los jóvenes en el epicentro de la escena les vino a adjudicar una altísima cuota de responsabilidad frente a la elección del presidente que va a regir el próximo destino de los argentinos.

Luego de los resultados de las PASO el candidato presidencial de los libertarios Javier Milei apuntaló su presencia en la estructura política nacional, siendo una constante en su corta y reciente campaña electoral la presencia mayoritaria de adolescentes que concurrían voluntariamente a los actos proselitistas, demostrando en cada uno de ellos su afinidad con el candidato, lo que viene a relativizar la opinión de quienes alegaban pasividad y falta de madurez por parte de la juventud a la hora de afrontar compromisos cívicos.

Comportamiento "sui generis"

Desde la sanción de la ley 26744 a finales de 2012 y su primera implementación en las elecciones de término medio de agosto de 2013, han transcurrido hasta la fecha seis procesos electorales. El 19 de noviembre se registró un episodio inédito; una considerable cantidad de jóvenes, muchos de ellos estrenando su paso por las urnas, al ser entrevistados expresaron no haber tenido problemas para encontrar la opción electoral porque ya tenían decidido de antemano votar a Milei, incluso contradiciendo la opinión de sus mayores. No solo se autodeterminaron, sino que sacudieron el estado dubitativo que exhibían los mayores ante la decisión a tomar.

Varios adolescentes consultados sobre si tenían pensado participar en las elecciones nacionales del 2023, el 88% de ellos manifestaron su masivo designio de concurrir a votar y al ser interrogados sobre sus principales motivaciones para hacerlo, la mayoría mencionó: "poder influir en el rumbo del país" y "ver que sus ideas puedan ser representadas en el gobierno". Al respecto cabe destacar que Cippec y Unicef Argentina, con anterioridad habían realizado una consulta a jóvenes, la que alertó que más del 52% de los encuestados sentía que sus ideas no se ven representadas por los partidos políticos o candidatos que se presentan en las elecciones.

Fue tal el entusiasmo de los jóvenes en participar como electores en los comicios del 19 de noviembre -con el explícito deseo que su candidato llegara a la presidencia de la Nación- que se ofrecieron fiscalizar el acto eleccionario a fin de cuidar el sufragio, demostrando en los cursos de capacitación un enorme interés por interiorizarse sobre el proceso electoral general, requiriendo información sobre cómo se cuentan los votos; cuando es válido; la diferencia entre el voto en blanco y el voto nulo; cuando puede ser impugnado o cuales son los indicadores para recurrirlo, indagando sobre la correcta confección de los certificados de escrutinio, entre tantos otros datos, pudiéndose percibir su algarabía cuando al cierre del acto electoral ya tenían a "su presidente" electo.

En la elección presidencial de 2019 habían participado el 63% de los jóvenes entre 16 y 17 años habilitados y en 2023 la participación aumentó hasta el 78%. Un claro indicio que el voto depende de la afinidad con alguna de las opciones disponibles.

Este desempeño de las generaciones más jóvenes en mecanismos institucionalizados en las democracias representativas para la toma de decisiones, como es el voto, constituye un nuevo fenómeno sociológico que merece ser examinado desde los comportamientos electorales, las formas de reconocerse en tanto parte de una generación y para analizar al poder transversal del candidato elegido para capitalizar votos de todo el espectro juvenil.

Incertidumbre sobre el futuro

Desde hace tiempo el país está sumergido en una crisis que afecta en mayor medida a la juventud, por la imposibilidad de gestionar y concretar una perspectiva de futuro, lo que les genera angustia y hartazgo de la estructura política.

Esto los lleva a repeler a los partidos tradicionales, a los que responsabilizan como responsables de su imposibilidad de crecimiento

En la franja de 16 a 25 años, el candidato libertario Javier Milei tuvo uno de sus mayores respaldos. El descontento de los adolescentes con la situación y el peso de las redes coadyuvaron a ello. Esta generación ha vivido en carne propia cómo su patria se fue derrumbando económica y socialmente con el pasar de los años.Gran parte de la juventud argentina se aferró a la ilusión que su país pueda revertir la inflación que ya ronda en un 146% y logre salir del estado en que la Nación se encuentra hoy. En la base del voto joven anidó este deseo de cambio.

Además de ello, la afinidad de la juventud hacia el libertario deriva de la atracción estética de su figura, así lo describe la socióloga e investigadora, Luci Cavallero cuando afirma: "Desde su peinado hasta el tipo de términos con los que se expresa son una simbología muy atractiva para los jóvenes votantes. Con su forma de dar a conocer sus propuestas de campaña y el discurso despectivo hacia la clase política, Milei logra expresar el desencanto y el malestar que tienen las nuevas generaciones".

El economista cautivó a miles de jóvenes con las ideas del liberalismo. Su plan de dolarización sintetiza el deseo de reactivación del consumo y la expansión del capital financiero, subyugando asimismo a aquellos adolescentes que anhelan quedarse en su país y no marcharse a destinos como España, Estados Unidos, Australia, en busca de un mejor porvenir.

Según estudios realizados, después de la primera vuelta del 22 de octubre, el sufragio por edad en relación con el economista quedó reflejado de la siguiente manera: Entre la franja de 16 a 25 años Milei alcanzó el 61% de preferencia.

El politólogo Santiago Leiras señaló que el 40% de la población de Argentina tiene menos de 40 años y anticipó que este segmento iba a ser decisivo en la elección presidencial. Ese sector precisamente, favorecía a Javier Milei.

Los adolescentes le dieron un voto de confianza al candidato libertario; es de esperar que el presidente electo, en el desempeño de su cargo y con el acompañamiento de una oposición responsable, pueda cubrir sus legítimas expectativas.

 

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