inicia sesión o regístrate.
Elegir una actividad placentera, respetar los tiempos del cuerpo y fortalecer la autonomía son algunas de las claves para vivir mejor.
La generación silver, integrada por personas mayores de 50 años que buscan vivir esta etapa con mayor vitalidad, independencia y bienestar, está cambiando la manera de entender el envejecimiento. Lejos de considerar la edad como una limitación, cobra cada vez más importancia mantenerse en movimiento, incorporar hábitos saludables y disfrutar de nuevas experiencias.
Pero ¿cómo empezar a hacer ejercicio después de los 55 años? ¿Qué actividades elegir? ¿Cómo mantener la motivación y evitar abandonar a las pocas semanas?
Sol Climént, instructora física y terapeuta holística, compartió cinco consejos para quienes desean comenzar a realizar actividad física después de los 55 años. Desde su experiencia, propone una mirada que combina movimiento, bienestar emocional y respeto por los tiempos individuales.
Su mensaje es claro: no se trata de competir ni de recuperar la juventud, sino de disfrutar los años con más salud, autonomía y alegría.
1. Elegir una actividad física que realmente disfrutes
Para Sol Climént, el primer paso es encontrar una actividad que genere placer y no se convierta en una obligación.
Caminar, bailar, nadar, andar en bicicleta o animarse a una disciplina nueva son algunas de las alternativas para incorporar movimiento a la rutina.
"Cuando disfrutás lo que hacés, es mucho más fácil sostenerlo", aseguró la instructora.
La clave está en abandonar la idea de que existe una única manera correcta de hacer ejercicio. Lo importante es elegir una propuesta que se adapte a los gustos, las posibilidades y los intereses personales.
2. Empezar de a poco y respetar los tiempos del cuerpo
Uno de los aspectos que destaca Climént es la necesidad de reconocer las capacidades individuales y avanzar progresivamente.
"Cada persona tiene su propio ritmo y cada ritmo de cada persona es el perfecto. No hay que demostrarle nada a nadie. Hay que respetar el cuerpo", explicó.
La intensidad puede incrementarse gradualmente, de acuerdo con la adaptación física y las necesidades de cada persona.
También recomendó consultar con un profesional de la salud cuando existen condiciones médicas que generan dudas sobre la posibilidad de comenzar una actividad.
3. Hacer ejercicio en compañía ayuda a mantener la motivación
La actividad física no solamente ofrece beneficios corporales. También puede convertirse en una oportunidad para fortalecer vínculos y ampliar los espacios de encuentro.
Salir a caminar con amigos, participar de clases grupales, entrenar con familiares o contar con el acompañamiento de un profesor puede ayudar a sostener el hábito.
"He comprobado que es mucho mejor cuando se hace en compañía", afirmó Sol Climént.
Según explicó, compartir la actividad con otras personas genera motivación y permite que cada encuentro represente mucho más que una rutina de ejercicios.
4. Trabajar la fuerza, el equilibrio y la coordinación
No todas las actividades físicas ofrecen los mismos beneficios. Por eso, otro de los consejos consiste en incorporar ejercicios que estimulen distintas capacidades.
La fuerza muscular, el equilibrio, la coordinación y la resistencia cumplen funciones importantes para conservar la movilidad y la independencia.
Climént aclaró que trabajar la fuerza no significa necesariamente levantar grandes pesos. Cada persona puede comenzar con ejercicios adaptados a sus posibilidades.
"La fuerza ayuda a conservar los músculos. El equilibrio, la coordinación y la resistencia también son muy fundamentales para mantener una autonomía y para prevenir caídas", destacó.
Estas capacidades adquieren especial relevancia con el paso de los años, ya que contribuyen a realizar con mayor seguridad las actividades cotidianas.
5. Tener constancia, escuchar al cuerpo y celebrar cada avance
El último consejo de Sol Climént apunta a una cuestión que muchas veces resulta más difícil que comenzar: mantener la actividad física a lo largo del tiempo.
Para conseguirlo, destacó la importancia de construir hábitos, desarrollar disciplina y adoptar una actitud positiva frente al proceso.
Sin embargo, advirtió que la constancia no debe confundirse con la exigencia excesiva.
"Acá no importa si caminás diez minutos o estás haciendo una clase adaptada. Lo importante es que cada paso cuenta", expresó.
Escuchar las señales del cuerpo, descansar cuando sea necesario y reconocer los pequeños avances también forman parte de una relación saludable con el ejercicio.
Generación silver: mantenerse activo para vivir mejor
La tendencia silver propone una mirada diferente sobre la madurez. Más allá de los cambios físicos que acompañan el paso del tiempo, pone el foco en las oportunidades para seguir aprendiendo, desarrollando habilidades y disfrutando de nuevas experiencias.
Desde esta perspectiva, hacer ejercicio después de los 55 años no representa solamente una cuestión estética o deportiva, sino también una manera de conservar la independencia y fortalecer el bienestar general.
"La edad no tiene que ser un límite para descubrir nuevas posibilidades. No se trata de tener tampoco veinte años, sino de vivir los años que tenemos con más salud", reflexionó Climént.
Para la instructora física y terapeuta holística, el movimiento también puede contribuir al bienestar emocional y a los vínculos sociales.
"Moverse no es solamente entrenar el cuerpo. Es también cuidar la mente, encontrarse con otras personas, recordarnos que todavía tenemos muchísimo por disfrutar", sostuvo.
Y cerró con una invitación para quienes todavía no se animaron a dar el primer paso: "Nunca es tarde para empezar a moverte hacia una mejor versión de vos".