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En el marco del Día Mundial de la Artritis Reumatoidea, que se conmemora cada 12 de octubre, la médica reumatóloga María Elena Crespo Espíndola destacó a El Tribuno la importancia de reconocer los primeros síntomas de esta enfermedad inflamatoria crónica y consultar a tiempo con un especialista. La detección temprana es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado y reducir el riesgo de daños irreversibles en las articulaciones.
La artritis reumatoidea provoca dolor, hinchazón y rigidez en las articulaciones, especialmente durante las primeras horas de la mañana. Una de sus características más frecuentes es que esa rigidez puede prolongarse durante más de 30 minutos y dificultar actividades cotidianas como cerrar el puño, abrir un frasco, abrocharse un botón o girar una llave.
Aunque suele asociarse con las personas mayores, la especialista aclaró que la artritis reumatoidea no es una enfermedad exclusiva de la vejez. Puede aparecer en distintas etapas de la vida y no debe confundirse con la artrosis. En niños y adolescentes también existen enfermedades inflamatorias articulares, como la artritis idiopática juvenil, que se manifiesta antes de los 16 años.
Además, se trata de una enfermedad sistémica. Esto significa que no afecta únicamente a las articulaciones, sino que también puede comprometer otros órganos, como los pulmones y el corazón, o producir manifestaciones en la piel.
Los primeros síntomas de la artritis reumatoidea: cuándo consultar
Según explicó la doctora Crespo Espíndola, reconocer las señales iniciales es fundamental para evitar que la inflamación avance y provoque lesiones permanentes.
Entre los principales síntomas que deben generar atención se encuentran la rigidez matutina prolongada, el dolor y la hinchazón articular, la pérdida de fuerza y el cansancio persistente.
Una característica frecuente de la artritis reumatoidea es que puede afectar las articulaciones de ambos lados del cuerpo de manera simétrica. Por ejemplo, si aparece inflamación en una muñeca o en una mano, también puede presentarse en la articulación correspondiente del lado contrario.
Otra señal es la sensación de calor en las zonas inflamadas, que en algunos casos puede acompañarse de enrojecimiento.
La enfermedad también puede dificultar movimientos simples. Acciones como abrir un recipiente, abrocharse la ropa o agacharse para atarse los cordones pueden convertirse en tareas dolorosas debido a la inflamación y la pérdida de movilidad.
A estos síntomas puede sumarse una fatiga constante que no desaparece con el descanso.
Por qué es importante detectar la enfermedad a tiempo
Uno de los principales mensajes de la especialista es evitar que los síntomas se prolonguen sin atención médica.
Cuando el dolor, la hinchazón o la rigidez persisten durante días o semanas, es importante solicitar una evaluación profesional, especialmente si las molestias afectan varias articulaciones o dificultan las actividades habituales.
La médica advirtió sobre los riesgos de automedicarse con antiinflamatorios y postergar la consulta. Aunque estos medicamentos pueden aliviar temporalmente algunas molestias, no reemplazan el diagnóstico ni el tratamiento específico de la enfermedad.
La consulta oportuna con un reumatólogo permite evaluar los síntomas, establecer un diagnóstico y comenzar el tratamiento indicado, con el objetivo de controlar la inflamación y disminuir el riesgo de secuelas permanentes.
¿La artritis reumatoidea es hereditaria?
Otra de las dudas frecuentes es si tener familiares con artritis reumatoidea significa que una persona desarrollará inevitablemente la enfermedad.
Crespo Espíndola explicó que existe una predisposición genética, pero eso no implica que todos los integrantes de una familia vayan a padecerla.
La artritis reumatoidea es una enfermedad autoinmune. Esto significa que el sistema de defensas del organismo reacciona de manera equivocada y ataca tejidos propios, provocando inflamación en las articulaciones.
Además de los factores genéticos, existen condiciones ambientales y hábitos que pueden influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad o en su evolución.
Por eso, aunque no existe una forma de garantizar su prevención, adoptar hábitos saludables puede ayudar a reducir determinados factores de riesgo y mejorar el control de la inflamación.
El cigarrillo y la salud bucal: dos factores importantes
Entre los hábitos que pueden influir en la enfermedad, la especialista destacó especialmente el tabaquismo.
El cigarrillo es uno de los principales factores ambientales de riesgo asociados con la artritis reumatoidea. Fumar puede aumentar las probabilidades de desarrollar la enfermedad, favorecer una evolución más grave y disminuir la eficacia de algunos tratamientos.
Por ese motivo, abandonar el consumo de tabaco representa una medida importante tanto para quienes tienen factores de riesgo como para las personas que ya recibieron el diagnóstico.
La salud bucal también merece atención. Existe una relación entre la periodontitis, una infección inflamatoria crónica de las encías, y la artritis reumatoidea.
Mantener una higiene dental adecuada y realizar controles odontológicos periódicos contribuye a cuidar la salud de las encías y controlar posibles focos de inflamación.
Alimentación, peso saludable y ejercicio: cómo cuidar las articulaciones
La doctora Crespo Espíndola también señaló la importancia de mantener un estilo de vida saludable para acompañar el tratamiento y preservar la movilidad.
El sobrepeso puede generar una mayor carga sobre las articulaciones y contribuir a procesos inflamatorios. Por eso, mantener un peso adecuado resulta beneficioso para la salud articular.
En cuanto a la alimentación, recomendó priorizar un patrón que incluya frutas, verduras, legumbres, pescados ricos en omega 3 y aceites saludables, como el de oliva.
Estos alimentos forman parte de una alimentación equilibrada que puede contribuir al bienestar general y al control de la inflamación, aunque no sustituyen el tratamiento médico.
La actividad física también cumple un papel importante. Caminar, nadar, practicar pilates, realizar estiramientos o ejercicios de hidroterapia son algunas de las opciones de bajo impacto que pueden ayudar a fortalecer los músculos, mantener la movilidad y disminuir la rigidez.
Durante los episodios de mayor dolor, los ejercicios suaves en agua templada o la aplicación de agua tibia sobre las zonas afectadas pueden proporcionar alivio. De todos modos, la intensidad y el tipo de actividad deben adaptarse a la situación de cada paciente.
Artritis reumatoidea: derribar mitos para llegar antes al diagnóstico
Uno de los principales desafíos es dejar de considerar que el dolor y la rigidez articular son consecuencias inevitables de la edad.
La artritis reumatoidea puede afectar a personas jóvenes y adultas, y sus síntomas no deben minimizarse ni confundirse automáticamente con el desgaste natural de las articulaciones.
Tampoco debe interpretarse que tener antecedentes familiares significa desarrollar necesariamente la enfermedad o que los cambios en la alimentación y la actividad física son suficientes para tratarla.
Los hábitos saludables son importantes, pero deben complementar el seguimiento profesional.
En este Día Mundial de la Artritis Reumatoidea, el mensaje de la doctora María Elena Crespo Espíndola apunta a reconocer los síntomas, evitar la automedicación y consultar tempranamente con un reumatólogo.
Detectar la enfermedad en sus primeras etapas y recibir un tratamiento adecuado puede marcar una diferencia importante para conservar la movilidad, proteger las articulaciones y mantener una mejor calidad de vida.