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Joel siempre sonrió, pero hay algo especial en su risa hoy, algo que habla de las batallas que ha superado y la paz que ha encontrado en su vida. A sus 19 años, cursa el 4º año del secundario en el colegio Gorriti de Parque Belgrano, mientras sueña con un futuro lleno de cocina y panadería, metas que lo llenan de ilusión. A pesar de haber tenido un comienzo de vida lleno de desafíos, Joel se siente profundamente agradecido por la oportunidad de haber sido adoptado por una familia que lo acogió con los brazos abiertos. La historia de Joel no es solo la de un joven que encontró un hogar, sino la de un niño que, gracias a la perseverancia, el amor y el compromiso de quienes lo rodearon, logró cambiar su destino.
Joel llegó a la familia Corrales a los 13 años, un niño que había vivido más de la mitad de su vida en diversos dispositivos del Estado. Con una mirada algo desconfiada y con el corazón cargado de dudas, ingresó a la familia que lo cambiaría para siempre. Su historia había sido de luchas y pérdidas, de separaciones que no comprendía del todo. Había sido dejado por su tía en la justicia, lo que lo condujo a vivir en hogares temporales hasta ser trasladado a un dispositivo en la zona norte de Salta, en Castañares. A esa edad, no sabía lo que le deparaba el futuro, pero la vida tenía guardada una sorpresa.
Los Corrales ya tenían dos hijos, pero su historia de adopción nunca estuvo cerrada. Cuando su hija Victoria tenía 15 años, preguntó si aún deseaban adoptar a otro niño. En ese momento, la familia de Víctor y Sandra decidió que, si Joel estaba en la lista de adopción, ellos serían los que lo recibirían con amor. Aunque la edad de Joel representaba una barrera en la adopción, los Corrales no se dieron por vencidos. En noviembre de 2021 comenzaron los trámites y, en abril de 2022, lograron concretar lo que para ellos significó una victoria: la adopción formal de Joel.
El día en que se hizo realidad el sueño
"El 18 de abril del 2022, se formalizó todo", recuerda Víctor, su papá adoptivo. "Joel salió del juzgado y nos abrazó. Ese fue el momento en que realmente sentimos que se había cumplido lo que tanto habíamos deseado", dice con emoción. Sin embargo, hasta ese día, Joel no sabía que sus padres adoptivos eran los mismos que venían a verlo cada semana durante el proceso de vinculación. "Nos miramos con Sandra y no lo podíamos creer. Pensábamos que solo estábamos realizando otro trámite, pero ese fue el día en que todo cambió", relata Víctor.
El momento de la adopción fue emotivo. Joel, que ya había experimentado varias separaciones en su vida, no esperaba que esa vez fuera diferente. Cuando finalmente el juez le preguntó si quería ser adoptado, Joel, sin dudarlo, respondió afirmativamente. "Sí, quiero ser adoptado", fueron las palabras de Joel, que dejaron una huella imborrable en el corazón de sus padres adoptivos. Pero hubo algo más que hizo que ese día fuera aún más especial: el deseo de Joel de tener perros en su nueva familia. "Me gustan los perros, y les pedí a mis nuevos papás que me dieran permiso para ir a ver a mi profe y a mi señora todos los sábados", cuenta Joel, recordando con ternura aquel día.
Un hogar que lo cambió todo
Desde que llegó a la familia Corrales, Joel ha experimentado un cambio profundo en su vida. "Es como un hijo más para nosotros", asegura Víctor. "Nunca lo vimos como un niño distinto. Desde el principio fue parte de la familia", comenta Sandra, su madre adoptiva. Joel se ha integrado perfectamente al hogar, donde se siente querido y respaldado. A veces, como todos los adolescentes, tiene peleas con sus hermanas, Marianela y Victoria, pero esas disputas no hacen más que reflejar lo que es una familia unida. "A veces me peleo con ellas, pero eso es normal entre hermanos", bromea Joel.
A pesar de las peleas, la convivencia ha sido armoniosa. Joel se siente cómodo en su casa, rodeado de sus padres, sus hermanas y sus sobrinos. "Ahora tengo una familia grande, con primos y sobrinos, y me siento muy feliz", dice con una sonrisa. La aceptación de la familia extendida también ha sido clave en su proceso de integración. "Mis hermanos, mis sobrinos y la familia de Sandra lo han aceptado como uno más", comenta Víctor, visiblemente emocionado.
Un futuro lleno de sueños
Aunque su camino hasta llegar aquí no fue fácil, Joel ahora tiene la oportunidad de construir su futuro con esperanza. Estudia el 4º año del secundario y tiene claros sus sueños: ser panadero y chef. "Me gusta cocinar, y mi plato favorito es la milanesa con papa frita, pero también hago pizza casera y tortillas cuadradas", dice Joel con orgullo. A pesar de ser joven, ya ha aprendido algunas recetas en los hogares y le gustaría seguir perfeccionándose en la cocina. "A veces ayudo a mamá con las pizzas, a veces las hago yo. Me encanta", dice entre risas.
Joel también sabe lo que quiere para el futuro. Quiere seguir estudiando, perfeccionarse en la cocina y algún día tener su propio negocio. "Me gustaría estudiar panadería y cocina. Quiero ser chef", comenta con determinación. La familia Corrales apoya sus sueños y le brinda todo el apoyo necesario para que pueda alcanzarlos. "Nosotros estamos aquí para él, en todo lo que necesite. Queremos que logre todo lo que se propone", asegura Víctor.
El amor que transforma vidas
La historia de Joel es un testimonio de cómo el amor puede cambiar una vida. Hoy, con una familia que lo respalda y lo ama, Joel tiene la oportunidad de soñar, de luchar por su futuro y de vivir una vida llena de esperanza. A pesar de los momentos difíciles que ha atravesado, la familia Corrales le ha brindado algo invaluable: un hogar lleno de amor, estabilidad y oportunidades. Joel no solo encontró una familia, sino un futuro. Y eso, para él, es lo más importante.
A sus 19 años, con una sonrisa sincera y llena de sueños por cumplir, Joel sabe que la vida le ha dado una segunda oportunidad. Y esta vez, él está decidido a aprovecharla al máximo.