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Temporada de caza en Salta y el desafío urgente de repensar nuestra relación con la fauna

En una charla con el doctor Enrique Derlindati, biólogo especializado en ecología y manejo de fauna, se abordan los desafíos actuales y las posibles alternativas para un enfoque más responsable de la actividad.
Miércoles, 29 de abril de 2026 10:08
Enrique Derlindati

La llegada de la temporada de caza en Salta pone de manifiesto un debate complejo y urgente: ¿Cómo debemos gestionar nuestra fauna y cuál es la relación que queremos tener con ella?

¿Qué opina sobre la situación de la caza en Salta y su impacto en la fauna local?

La caza en Salta es una actividad que no solo es parte de una tradición cultural, sino también de un negocio económico que involucra a diferentes sectores. Sin embargo, a lo largo de los años, fuimos testigos de un desajuste entre las normas y la realidad del campo. Las especies habilitadas para cazar, según la normativa vigente, no son aquellas que más frecuentemente terminan en los cazadores. Esto, claro, crea un vacío de control y facilita la caza ilegal, lo que termina afectando a especies que están protegidas o en peligro de extinción.

¿Cómo explica la falta de conocimiento general sobre las normativas que regulan la caza?

La falta de conocimiento es uno de los problemas más graves. La resolución N° 00236/2025, que detalla las especies autorizadas y los cupos, debería ser más difundida. La gente, en general, no sabe qué está permitido cazar y, en muchos casos, ni siquiera cuáles son las especies que están protegidas. El problema aquí no solo radica en la desinformación, sino en una desconexión con el entorno natural. Necesitamos educación ambiental para que los ciudadanos comprendan la importancia de respetar las regulaciones.

¿Qué especies están autorizadas para la caza según esta normativa?

Paloma torcaza o sacha, paloma turca o picazuró, paloma manchada, perdiz chica común, perdiz montaraz y liebre europea. Este listado deja en evidencia un punto clave y es que la caza mayor está directamente prohibida. Cualquier mamífero de más de 5 kg queda fuera de las especies habilitadas. Tampoco está permitida la caza de grandes aves como suris, pavas o charatas, ni de aves rapaces. Lo mismo ocurre con las aves acuáticas, como patos y chumucos. Sin embargo, existe una gran distancia entre la normativa y la realidad. Basta con hacer un repaso entre relatos de amigos, conocidos o publicaciones en redes sociales para hallar menciones a animales como corzuelas, chanchos de monte, pumas, quirquinchos, vizcachas e incluso conejos de los palos. Es decir, especies que no están habilitadas y que en muchos casos están protegidas o requieren cuidados especiales.

¿Es posible que la caza responsable sea parte de una solución para la conservación de la fauna?

No podemos ignorar que, bajo ciertas condiciones, la caza podría jugar un papel positivo, pero debe ser parte de un sistema de manejo de fauna más amplio. En algunos países, la caza controlada es un mecanismo de conservación porque los fondos recaudados se destinan a proteger a otras especies y a mantener los ecosistemas. Sin embargo, esto solo es viable si tenemos datos sólidos sobre las poblaciones animales, estudios poblacionales y un sistema de monitoreo continuo, cosas que, lamentablemente, nos faltan.

¿Qué alternativas propone para transformar la caza en una actividad más responsable?

Una de las opciones que podría ayudar es implementar una suspensión temporal de la actividad, una veda de al menos dos años. Esto permitiría llevar a cabo estudios de base, establecer cupos anuales y definir zonas de caza más específicas. Lo importante es que esta pausa también abriría la puerta para explorar alternativas no extractivas, como la fotografía de fauna, que es una actividad de bajo impacto ambiental y que ya está demostrando ser rentable en otros lugares del mundo.

¿La fotografía de fauna puede convertirse en una alternativa económica viable para las comunidades?

Totalmente. La fotografía de fauna comparte muchas de las habilidades requeridas en la caza, pero con una diferencia fundamental: no matas al animal. Esto permite que las poblaciones de animales sigan siendo accesibles para los turistas y guías locales. Además, este modelo puede generar un ingreso constante para las comunidades sin afectar las especies, algo que no solo ayuda a conservar la biodiversidad, sino que también diversifica la economía local.

¿Cómo ve el futuro de la caza en Salta?

El futuro de la caza en Salta debe estar necesariamente ligado a un cambio de paradigma. La caza no puede seguir siendo solo una tradición que se justifica por su existencia histórica. Necesitamos integrar la ciencia, los datos actualizados, el control y, sobre todo, la conciencia social en este debate. Salta, como muchas otras provincias, tiene un gran potencial para desarrollar alternativas más sostenibles y responsables. Y, si lo pensamos bien, estas alternativas no solo ayudarían a conservar nuestra fauna, sino también a generar nuevas fuentes de ingreso para las comunidades.

¿La sociedad salteña está lista para debatir sobre este tema de manera profunda?

Creo que sí, aunque será un desafío. La discusión sobre la caza está profundamente enraizada en una tradición que se percibe como parte de la identidad local. Sin embargo, el futuro nos está exigiendo replantearnos la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno natural. Este es un momento crucial para empezar a pensar en alternativas más sostenibles, responsables y científicamente respaldadas. El cambio está en nuestras manos.

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