Una insólita situación se desarrolla en el corazón de Villa Los Tarcos Este, Cerrillos, en una casa de inquilinato. Miriam, la propietaria del lugar y del gallo en cuestión, tiene en el fondo del inmueble un espléndido gallinero con unas diez batarazas, a las que cuida con gran esmero y dedicación.
El espacio es muy amplio y las aves de corral pueden gozar de él a sus anchas. Sin embargo, el gallo encargado de hacer crecer el plantel decidió tomarse las de Villadiego hacia un baldío ubicado al otro lado de la calle, donde convive desde hace un tiempo con un grupo de gallinas de vida harto aireada.
Se trata de un ejemplar del tipo “cogote pila”, raza que, como se sabe, tiene la particularidad de presentar el cuello a flor de piel y otras zonas menos evidentes del cuerpo sin plumaje, como debajo de las alas, a ambos lados de la pechuga y en el lomo.
Miriam se lamentó: “Este gallo me ha carneriado. No quiere volver al gallinero ni por Judas y, si lo traigo, salta el alambrado. Y pensar que gastaba un montón de plata en alimento balanceado para mantenerlo en buen estado”. Y, agregó: “Ahora está ahí, en el baldío de enfrente, y no hay forma de hacerlo volver. Yo creo que le voy a tener que cortar las alas nomás a este bicho”.
Despojado de belleza pero portador de una gran personalidad y de un gen dominante, el “cogote pila” llegó para quedarse en un terreno baldío ubicado en calle Aráoz, casi esquina Arturo Escudero, una zona residencial y coqueta de Cerrillos, donde uno de los pocos lotes que aún permanecen vacíos fue colonizado hace un tiempo por gallinas de origen desconocido"
Darío Calderón, oriundo de General Mosconi y testigo de la situación, explicó: “Creo que se trata de gallinas del tipo paraguaya, esas que tienen las plumas enruladas. Deben ser de algún vecino, pero deambulan por la calle y viven entre los matorrales del baldío, donde huevean, empollan y pisan a gusto y paladar. Ahí, el gallo de doña Miriam es dueño y señor”.
El gallo de Totoreta
En otras épocas fue famoso el gallo de don Totoreta, un cerrillano que hace años hacía bollos para la fonda del “Loro” López. El hecho es que el gallo de Totoreta, un cogote pila mediano cruzado con gallo de riña, se hizo famoso cuando una tarde saltó un alambrado y se adueñó de un pabellón donde había más de 200 gallinas Leghorn (blancas), criadas para postura por don Vicente.
En su estadía, que duró apenas una jornada, el “cogote pila” no solo se dedicó a pisar a cuanta gallina se le cruzó, sino que atacó a patadas y chuzazos limpios a los gallos que intentaron detenerlo en su orgiástica recorrida.
La aventura del ave de Totoreta terminó cuando un peón de la granja descubrió que varios de los gallos locales estaban chalchaleados y tuertos. El hombre notificó al dueño de la situación, quien de inmediato ordenó atrapar al intruso.
Luego de ser cazado, el “cogote pila” fue llevado a la comisaría para radicar la denuncia correspondiente por daños y perjuicios. Cuando el peón llegó con el gallo bajo el brazo, se encontró de frente con Totoreta, quien justo arribaba a la comisaría, donde el comisario era el “Chileno” Cristofé, para denunciar el robo de su gallo.
Finalmente, el asunto se arregló entre Vicente y Totoreta, viejos vecinos de la ex calle América, pero un mes después las gallinas blancas de la granja comenzaron a tener pollitos de colores y cogotes pila.