El aroma a maíz, carne y especias empieza a sentirse desde temprano en la calle Pedro Cánepa al 160, en Villa Los Tarcos, de Cerrillos. Allí, a pocos metros de la avenida Julio A. San Millán, tramo urbano de la ruta 68, el fuego vuelve a encenderse cada vez que Facundo Corimayo pone manos a la obra con una receta que ya se ganó fama en el Valle de Lerma: un locro tradicional, “bien pulsudo” y con sello bien gaucho.
Corimayo supo vestir camisetas que llenan de orgullo al rugby salteño. Fue jugador de Gimnasia y Tiro, integró Los Pumitas, Los Pumas 21, la Selección de Rugby de Salta y también pasó por Lomas Athletic Club, en Buenos Aires. Su carrera lo llevó a competir en torneos nacionales e internacionales, pero las secuelas físicas de un deporte de alto rendimiento terminaron pasando factura.
Las lesiones lo obligaron a dejar atrás la práctica profesional y cambiaron drásticamente el rumbo de su vida. Hoy, mientras se recupera de las secuelas de varias operaciones de reemplazo total de cadera realizada en el hospital San Bernardo, enfrenta un largo proceso de rehabilitación que le impide realizar grandes esfuerzos físicos.
Sin empleo formal y con las dificultades económicas, Corimayo encontró en la gastronomía una salida para sostenerse y acompañar a su familia. Heredero de una reconocida tradición gaucha cerrillana, comenzó a hacerse conocido por sus preparaciones caseras, especialmente por un locro que muchos ya consideran de los más tradicionales de la zona.
“Estamos en marcha con el super locro, bien pulsudo y económico para disfrutar en este día patrio y tan fresco”, promociona Facundo en las redes sociales.
Mientras el cuerpo intenta sanar y la recuperación avanza lentamente, la olla sigue siendo su refugio y también una manera de seguir peleando, esta vez lejos de la cancha, pero con el mismo espíritu de equipo que alguna vez lo llevó a representar al país.