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La historia del Día del Padre tiene un origen mucho más concreto de lo que parece. Todo comenzó a fines de 1909, cuando Sonora Smart Dodd, una mujer de 27 años de Spokane, Washington, asistió a un sermón dedicado al Día de la Madre en la Central United Methodist Church. Durante la ceremonia se preguntó por qué no existía una fecha equivalente para reconocer a los padres, y decidió impulsar una.
Su motivación tenía nombre propio: William Jackson Smart, su padre, un granjero y veterano de la Guerra Civil estadounidense que había quedado viudo en 1898, cuando Sonora tenía apenas 16 años. Tras la muerte de su esposa en el parto de su sexto hijo, William crió solo a los seis chicos, con Sonora -la única mujer del grupo- acompañándolo en la tarea de cuidar a sus hermanos menores. Ese ejemplo de sacrificio fue lo que ella quiso honrar con una celebración formal.
De una petición local a una fecha mundial
Sonora presentó su propuesta ante la Alianza Ministerial de Spokane y pidió que la celebración coincidiera con el 5 de junio, el cumpleaños de su padre. Finalmente, los pastores de la ciudad optaron por correrla al tercer domingo del mes, para tener más tiempo de organización después del Día de la Madre. Así, el 19 de junio de 1910 se celebró en Spokane el primer Día del Padre formal de la historia.
La iniciativa no prendió de inmediato a nivel nacional. Recién en 1916 el presidente Woodrow Wilson envió un mensaje de respaldo a los actos realizados en Spokane, y años más tarde el político William Jennings Bryan también expresó su admiración por la celebración. Aun así, el entusiasmo llegó a decaer en la década de 1920, cuando la propia Sonora se trasladó a Chicago para estudiar arte.
Tres presidentes y seis décadas después
La oficialización definitiva tardó en llegar. En 1966, el presidente Lyndon B. Johnson firmó una proclamación declarando el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos. No fue hasta 1972, con Richard Nixon, que la fecha se convirtió en feriado federal permanente. Sonora Smart Dodd, que murió en 1978, había impulsado esa oficialización durante más de sesenta años, hasta verla finalmente consolidada en el calendario que hoy se celebra en buena parte del mundo.