inicia sesión o regístrate.
En Cerrillos, la gruta de San José y los cerros que la rodean forman parte de un circuito donde se cruzan la historia local, la religiosidad popular y una de las vistas más atractivas del Valle de Lerma. Aunque el paso del tiempo dejó huellas, el lugar conserva un enorme valor patrimonial y paisajístico, y hoy puede recorrerse como una alternativa para quienes buscan caminatas, contacto con la naturaleza y memoria cerrillana.
La propuesta del recorrido es para este sábado 27 de junio. La salida será desde la plaza principal de Cerrillos. La caminata guiada está prevista desde las 10 hasta las 13 y estará a cargo del profesor Hugo Retamoso. Durante el trayecto, los participantes pasarán por la zona del Tiro Club y el regreso se realizará por el mismo camino. Los interesados en sumarse pueden comunicarse al 3875 20-5938. La experiencia es gratuita.
El origen de la gruta se remonta a fines del siglo XIX, en un contexto marcado por las medidas sanitarias que se tomaron en el país como consecuencia de las epidemias de cólera. En aquellos años, el Gobierno nacional dispuso que los cementerios dejaran de funcionar junto a las iglesias, como era habitual en muchos pueblos.
En Cerrillos, el cementerio se encontraba detrás de la actual iglesia. Ante las nuevas disposiciones, el cura Serapio Gallegos -nombre que lleva la plaza central de Cerrillos- resolvió trasladarlo al lugar donde funciona actualmente. Sin embargo, Mariano Alemán, vecino de la zona y propietario de un almacén, tomó una decisión particular: no quería ser sepultado en el nuevo cementerio y mandó a construir un mausoleo en la cima del cerro, un punto que ya entonces se destacaba como mirador natural del valle.
En ese lugar levantó la estructura y una placa de mármol con su nombre. Según la memoria oral y relatos recogidos en publicaciones locales, antes de su muerte Alemán utilizaba ese espacio para realizar fiestas. En su libro, Esther Baisac - historiadora de Cerrillos - describe aquellas reuniones que se hacían en el cerro.
La historia también recuerda que Alemán atravesó una fuerte crisis económica. Su almacén terminó en quiebra y, durante un asado, habría sacado un arma y anunciado que pensaba quitarse la vida por la situación que estaba viviendo. Vecinos y allegados realizaron entonces una colecta para ayudarlo a salir de la quiebra. Finalmente, murió por causas naturales en 1913.
El mausoleo que nunca se uso
Tras su fallecimiento, Alemán fue sepultado en el cementerio impulsado por Serapio Gallegos y el mausoleo de la cima del cerro quedó vacío y abandonado durante décadas.
La recuperación del lugar llegó recién en la década de 1950. José Luis Borelli, primer intendente electo del pueblo, resolvió poner en valor aquel sitio. Para hacerlo, se puso de acuerdo con el sacerdote Luis Zangrilli y solicitaron autorización a Laura Velarde Mors, dueña del terreno. Con su permiso, avanzaron en la restauración del antiguo mausoleo, que fue reacondicionado como una gruta con altar.
También se trazó un camino de acceso y se colocaron luces. En abril de 1951 se inauguró la gruta y se resolvió llevar hasta ese lugar la imagen de San José, patrono del pueblo. Desde entonces, el cerro comenzó a ser conocido como cerro San José y el camino de acceso recibió el nombre de avenida San José.
Durante años, cada Día de San José se realizaba una procesión hasta la gruta, que se convirtió en un punto de encuentro religioso y comunitario para los cerrillanos. Sin embargo, con el paso del tiempo, la zona comenzó a ser considerada insegura. Ante esa situación, el sacerdote Egidio Bonatto resolvió trasladar la imagen de San José al ingreso del pueblo. Desde entonces, la gruta volvió a quedar abandonada.
En 1972, durante otra etapa de uso del lugar, un vecino impulsó la construcción de un rancho frente a la gruta como espacio de recreación para los vecinos. Pero el sitio terminó incendiado y las mesas de cemento que se habían instalado fueron retiradas. Años más tarde, durante la gestión del intendente de Salta, Antonio Fernández, se construyó un tanque de agua de un millón de litros entre la gruta y el mirador. Y la vista panorámica del Valle de Lerma, quedo obstruida por una obra que nunca se usó.
El cerro San Miguel, otro camino a seguir
Pero el valor de la zona no se agota en la gruta de San José. En las cercanías se encuentra el cerro San Miguel, ubicado arriba del INTA, otro punto cargado de historia y con gran potencial para recorridos naturales. Este año, el sitio histórico de los Jesuitas cumple 350 años, una fecha que vuelve a poner en primer plano la importancia de estos cerros como parte de la memoria y la identidad de Cerrillos.
Al cerro San Miguel se puede subir desde la gruta de San José, siguiendo la costilla del cerro y avanzando por la cima. El trayecto permite apreciar distintas vistas del Valle de Lerma y atravesar sectores naturales que conservan rasgos propios del paisaje serrano. En uno de los recovecos del cerro se encuentra un huaico, que también forma parte del atractivo del recorrido.
"En la cima del cerro San Miguel, según la tradición local, los jesuitas colocaron una cruz hecha con quebracho. La estructura tenía una particularidad: una parte quedaba enterrada profundamente y se ensamblaba con la madera expuesta a la intemperie. De esa manera, el tocón permanecía fijo y no se cambiaba. Hasta hace unos 30 años, esa cruz todavía se mantenía en pie", relató el historiador Luis Alfonso Borelli.
Vista hacia La Merced
Hoy, estos cerros pueden visitarse y recorrerse como una opción ideal para quienes buscan disfrutar de la naturaleza cerca de la ciudad. Desde la gruta de San José es posible avanzar por la cima y llegar hasta sectores cercanos a La Merced. También se puede continuar hacia la zona de las caleras, en una caminata más extensa que puede demandar al menos cuatro horas.
La altura aproximada del sector es de 1300 metros sobre el nivel del mar. El cálculo surge a partir de la referencia histórica de la estación de trenes, que indica que Cerrillos se encuentra a unos 1200 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, el ascenso hacia los cerros permite ganar altura y obtener una vista privilegiada del valle, los campos, los pueblos cercanos y el paisaje serrano que rodea a la zona.
La gruta de San José, el cerro San Miguel y los caminos hacia La Merced y las caleras conforman así un circuito natural e histórico con enorme potencial turístico. Aun con las marcas del paso del tiempo, el lugar sigue siendo un mirador excepcional y una oportunidad para redescubrir Cerrillos desde sus alturas, entre relatos de fe, memoria popular y paisajes que conservan la belleza del Valle de Lerma.