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Entre chispas, humo y tamales, Cerrillos celebró sus fogones de San Pedro y San Pablo

En Villa Balcón, las familias renovaron la antigua tradición con fogatas, tamales, chocolate caliente y muñecos de Judas.
Lunes, 29 de junio de 2026 07:37

Anoche, el cielo volvió a encenderse sobre la avenida Manuel J. Castilla, en Villa Balcón. Las luces, las chispas y el humo dibujaron una postal muy conocida para los vecinos, la de los fogones en honor a San Pedro y San Pablo, una ceremonia popular que se sostiene en la memoria de las familias del lugar y en el entusiasmo del pueblo.

Como ocurre desde hace años, los Villa y Arias, junto a otros vecinos, mantuvieron vivo el ritual. También se sumaron las familias Jaime, Sánchez, Chocobar y Flores, que tuvieron a su cargo algunas de las fogatas y la preparación de los muñecos de Judas, esos cuerpos armados con ropa vieja y rellenos de paja, pocotos y petardos que luego terminan entregados a las llamas.

La celebración comenzó pasadas las 21. El frío de junio encontró respuesta en el calor del fuego, pero también en las rondas de chocolate caliente, pan dulce, café y tamales. En torno a las llamas se juntaron cientos de chicos, jóvenes y adultos. Algunos fueron por la tradición, otros por curiosidad, y muchos simplemente porque el fuego tiene esa rara virtud de reunir.

“Qué lindo momento... el fuego nos junta... el humo se lleva lo malo y nos quedamos con lo bueno. Otro año más con los tradicionales fogones de San Pedro y San Pablo. Agradecida que mis padres cumplieron una vez más con el reparto de tamales”, expresó Claudia Arias, con esa mezcla de emoción y pertenencia que solo despiertan las costumbres que vienen de lejos.

Como es tradicional, la familia Arias preparó más de 1.500 para regalar entre los presentes y "no quedó ni uno", contó Claudia.

 

No faltaron los pocotos ni los "ancopocotos", protagonistas infaltables de la noche. Este último, según relatan los vecinos con humor, el ancopocoto es un explosivo de alto impacto barrial, atribuido en la memoria popular a antiguos ingenieros del INTA, que lo habrían diseñado a pedido de los habitantes de Villa Balcón. Este año, además, la versión prometía superar a las anteriores, más estruendosa y también más hedionda, gracias a una supuesta fórmula reforzada con hediondilla y hojas de ruda macho.

Historia de las fogatas en Cerrillos y en el mundo

Más allá de la picardía, la fiesta conserva un trasfondo profundo. En los años 50, Cerrillos tenía alrededor de 1.500 habitantes y los fogones eran una práctica extendida. La tradición, heredada de los españoles, se vivía en cada sector del pueblo con nombres propios. En el barrio Ameghino, por ejemplo, eran célebres los fogones organizados por la familia de Eusebio Morales. Allí no faltaba el Judas, preparado con esmero para ser quemado entre risas, estruendos y miradas atentas.

En La Punta, desde la plaza hasta el extremo norte, los fogoneros eran los Ruiz, Russo, Guzmán, Pla, Hoyos, Yusca y el recordado Loro López, entre otros. En el Centro, la tarea quedaba en manos de los Ríos, el Loco Mingo, Mataco Delgado, Alberto Berruezo, Hugo Rottigni y Cachimba Castiella, quienes armaban su fogata en el baldío frente al viejo Correo. Hacia el sur, la referencia giraba alrededor de don Nicolás Hoyos.

También Pueblo Nuevo tuvo sus fogones, impulsados por los Magno, Salinas, Corimayo, Flores y Valdiviezo. Con el paso del tiempo, especialmente desde los años 70, la costumbre comenzó a apagarse. Pero en los 80 volvió a tomar fuerza en Villa Los Tarcos y Villa Balcón, de la mano de los “Pulentas” Flores y de los Villa. Desde entonces, la llama quedó encendida hasta nuestros días.

El rito, como toda tradición antigua, reúne varios sentidos. En algunas culturas, las hogueras eran una forma de agradecer y pedir la bendición del sol sobre las personas, los animales y los campos. También se las asociaba con la fertilidad, el amor y la renovación. Quemar un muñeco era, en ese marco, una manera simbólica de dejar atrás lo viejo, lo negativo, aquello que se quería soltar.

En la tradición cristiana, la noche de San Juan se vincula con el nacimiento de Juan el Bautista. Según el Evangelio de San Lucas, María visitó a su prima Isabel cuando esta cursaba el sexto mes de embarazo. Por eso la solemnidad se fijó el 24 de junio, seis meses antes de la Navidad. La historia cuenta que Zacarías, padre de Juan, recuperó la voz al nacer su hijo y, lleno de alegría, encendió hogueras para anunciar la noticia.

Las fogatas de San Pedro y San Pablo, en tanto, se preparan para la noche del 28 de junio, en memoria del martirio de ambos apóstoles. Pedro, considerado el primer papa, y Pablo, el Apóstol de los Gentiles, fueron ejecutados en tiempos de Nerón. La tradición religiosa recuerda que Pedro fue crucificado cabeza abajo en la Colina Vaticana y Pablo decapitado cerca del río Tíber.

En Cerrillos, como en otros pueblos -hoy convertidos en ciudades-, esas historias se mezclaron con ritos antiguos, memorias familiares y costumbres barriales. Por eso cada fogón es mucho más que fuego: es una forma de pertenecer, de recordar y de seguir diciendo, año tras año, que hay tradiciones que todavía alumbran.

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