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Lo que durante décadas terminó en bolsas de residuos, desagües y rellenos sanitarios comenzó a convertirse en materia prima. Desde hace cuatro años, MOT Argentina trabaja para impulsar el reciclaje de cabello en el país y transformarlo en productos destinados al cuidado del agua, la tierra y los cultivos.
Mariano Suárez, cofundador de MOT Argentina, explicó durante una entrevista en Tal Cual, el canal de streaming de diario El Tribuno emitido de lunes a viernes de 11 a 13, que actualmente el proyecto se encuentra ampliando las posibilidades de aprovechamiento del cabello y avanzando en nuevas investigaciones.
“Buscamos ampliar las barreras de lo reciclable en Argentina. Hoy todos conocemos que se puede reciclar papel, cartón o metales, pero que se pueda reciclar pelo realmente es muy poco conocido”, señaló Suárez.
Actualmente, junto con una cooperativa de trabajo, la organización desarrolla los primeros pasos para consolidar una cadena de recuperación y procesamiento de cabello que hasta ahora, en su enorme mayoría, terminaba como residuo.
Del cabello descartado a una solución ambiental
El proyecto cuenta con dos grandes líneas de desarrollo: AgroPelo y PetroPelo.
AgroPelo aprovecha las características naturales del cabello para ayudar a conservar la humedad del suelo. Uno de sus productos consiste en discos fabricados a partir de pelo reciclado que se colocan sobre la tierra, alrededor del tallo de una planta.
Según explicó Suárez, esta cobertura permite disminuir la evaporación generada por la exposición al sol. “Generamos un ahorro hídrico de hasta el 50%. Con esto tenés que regarla menos, tenés más probabilidad de que sobreviva y mucha más probabilidad de que crezca mejor”, sostuvo.
El cabello, además, contiene nitrógeno y otros nutrientes que pueden contribuir al desarrollo vegetal. De acuerdo con el cofundador de MOT Argentina, las experiencias realizadas con este tipo de material mostraron mejoras de hasta un 20% en el crecimiento de las plantas. La tecnología también puede emplearse a mayor escala en producciones agrícolas.
Suárez destacó una experiencia desarrollada en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, donde productores de maíz utilizaron este sistema y “lograron hasta el doble de producción, contando el peso de los choclos”.
Pelo para descontaminar ríos, lagos y mares
La segunda línea es PetroPelo, una alternativa destinada a combatir la contaminación provocada por hidrocarburos.
El desarrollo aprovecha una característica conocida del cabello: su capacidad de adherir sustancias grasas. Esa propiedad también puede utilizarse frente a combustibles, aceites y otros derivados del petróleo. “El pelo tiene esa capacidad para adherir hidrocarburos. Con esa propiedad podemos hacer un producto que ayuda a descontaminar los ríos, lagos y mares”, explicó Suárez.
El sistema consiste en estructuras similares a barreras absorbentes, confeccionadas con mallas rellenas de cabello y provistas de elementos que les permiten mantenerse flotando. Al ser menos densos que el agua, los hidrocarburos tienden a concentrarse en la superficie. Allí, las barreras de cabello entran en contacto con el contaminante y lo retienen.
En estos casos, explicó Suárez, no se trata de productos estandarizados sino de soluciones que se diseñan de acuerdo con las características de cada sitio y cada situación ambiental.
El próximo paso: fertilizantes fabricados con pelo
Mientras continúan aplicando AgroPelo y PetroPelo, el equipo ya estudia nuevos usos. Uno de los proyectos en desarrollo es la posibilidad de convertir el cabello reciclado en fertilizante.
Suárez explicó que la investigación parte de los nutrientes presentes naturalmente en el pelo, particularmente su contenido de nitrógeno. “Estamos desarrollando la idea de utilizar el pelo, que tiene nutrientes como el nitrógeno que ayudan al crecimiento de las plantas, para pensar en fertilizantes hechos de pelo”, anticipó.
El objetivo es que en el futuro estos productos puedan comercializarse incluso en viveros y convertirse en una nueva alternativa realizada a partir de un material natural recuperado.
Para MOT Argentina, el desafío no pasa solamente por crear nuevos productos, sino también por demostrar que materiales históricamente considerados residuos pueden volver a ingresar a un circuito productivo. “Lo importante es que sea un material reciclado, natural, y que vayamos reduciendo la cantidad de residuos en Argentina”, remarcó.
Suárez vinculó además este tipo de iniciativas con la posibilidad de generar nuevos empleos ligados a la economía circular y al desarrollo ambiental.
Cómo se transforma el cabello
El pelo utilizado por MOT Argentina proviene principalmente de peluquerías y de personas que realizan envíos desde distintos puntos del país. Una vez recibido, el material atraviesa un período de guarda y posteriormente comienza un proceso de clasificación.
“Separamos pelos más largos de pelos más cortos porque van a servir para distintas etapas del proceso”, explicó el referente. Luego, diferentes proporciones de cabello pasan por una máquina de fieltrado, similar a las utilizadas en la industria textil.
Mediante agujas, la máquina va entrelazando las fibras hasta obtener una superficie compacta y resistente. “Se va anudando y generando que sea fuerte, como si fuera una alfombra. Con eso se genera la plancha, se recorta, se envasa y se envía”, detalló. El material puede ser cabello humano teñido o sin teñir, corto o largo, e incluso pelo de mascotas.
En el caso de cabellos de más de 15 o 20 centímetros y en buenas condiciones, MOT recomienda priorizar su entrega a bancos que confeccionan pelucas oncológicas. El resto, señaló Suárez, representa prácticamente la totalidad del cabello que diariamente es descartado y puede convertirse en materia prima para reciclaje.
De una tesis universitaria a un proyecto ambiental
La iniciativa nació hace aproximadamente cuatro años a partir de una investigación académica. Julián Osuna, socio de Suárez, desarrollaba su tesis de Ingeniería Industrial cuando surgió una pregunta aparentemente sencilla: qué podía hacerse con el cabello que quedaba atrapado durante un proceso de filtrado.
La búsqueda los llevó a investigar experiencias internacionales y posteriormente a vincularse con integrantes de MOT que trabajaban en Chile. “En principio había una búsqueda académica, básicamente completar la tesis y recibirse, pero después siguió la pregunta de: ‘¿Quieren hacerlo allá?’”, recordó Suárez. La respuesta fue afirmativa.
Desde entonces comenzaron a estudiar el proceso, adaptar experiencias internacionales al contexto local y desarrollar una experiencia propia. “Ahí se dieron los primeros pasos para el reciclaje de pelo en Argentina”, resumió.
Cuatro años después, aquella pregunta universitaria continúa abriendo nuevas posibilidades. MOT Argentina mantiene investigaciones para encontrar nuevos destinos para el cabello y busca incorporar peluquerías, instituciones educativas, jardines, universidades y organizaciones interesadas en el proyecto.
Las peluquerías de Salta y de otros puntos del país que quieran participar pueden contactarse con la organización para coordinar el envío del cabello recolectado mediante su Instagram @mot_argentina, su correo electronico info@motargentina.com o su pagina web www.motargentina.com.
La apuesta, según Suárez, es que cada vez más materiales puedan abandonar definitivamente la categoría de residuo y convertirse en una herramienta para ahorrar agua, mejorar cultivos, recuperar ambientes contaminados y desarrollar nuevas alternativas productivas en Argentina.