Hay juegos como el sapo que no necesitan tecnología de vanguardia, sino apenas un puñado de fichas, una buena muñeca, puntería y ese mueble inconfundible que durante décadas ocupó un lugar importante en los patios y galerías de las viejas casonas, en clubes y bares. Ahí, en medio de recuerdos que todavía sobreviven al paso del tiempo, aparece doña Irma Zerpa, una cerrillana que acaba de demostrar que algunas tradiciones siguen más vivas que nunca.
Irma fue la mejor en el Legado Güemes y luego de superar las distintas instancias clasificatorias de los Juegos Evita y consiguió el lugar más alto del podio en la categoría Adultos Mayores, por lo que será representante de Salta en el tradicional juego del sapo durante la etapa nacional que tendrá como sede a San Juan.
Para Cerrillos, la clasificación tiene un sabor especial, porque da la posibilidad de volver a mirar hacia una costumbre que forma parte de la historia cotidiana del pueblo.
Los memoriosos seguramente recordarán aquellos campeonatos que convocaban jugadores durante horas. Uno de los puntos de reunión era el recordado bar Manolo, cerca del Club Municipal, el bar de Santo (esquina de ruta 68 y camino a Rosario de Lerma) o el bar El Molino, frente a la plaza principal. Allí, cerrillanos como Vicente García, "Magia" Bordón, Rubén y "Puchero" Corimayo, "Coto" Chilo, "Nacho" Soria, "Burro" Puppi, "Pato" Pico y Luis Russo formaban parte de interminables jornadas de sapo. Russo recordó: "Venían jugadores del bar Mundial 78, de La Merced, y se armaban unos tremendos campeonatos. Eran muy buenos saperos y nos daban batalla. Había hasta hinchadas, a cargo de Tripa Yapura, Fidel Zapana, entre otros".
Había competencia, por supuesto, pero también charla, bromas, espectadores alrededor del cajón y esa expectativa que se producía cada vez que una ficha salía de la mano buscando el centro. Ahora será doña Irma quien tome aquellas postales y, de alguna manera, las lleve hasta San Juan.
El sapo parece sencillo hasta que llega el momento de pararse frente al juego. Hay que dominar los nervios, calcular las distancias y la fuerza y conseguir que una pequeña ficha de metal encuentre su destino. El premio está ahí, en la boca del sapo. Parece enorme cuando se lo mira desde cerca y diminuto cuando el jugador se coloca en la línea de lanzamiento.
Es, fundamentalmente, un juego de precisión y coordinación entre la vista y la mano. Las fichas, tradicionalmente de bronce por su peso, deben atravesar alguno de los diferentes orificios del tablero. Cada uno otorga un puntaje distinto y la boca del sapo representa el objetivo más codiciado.
El lanzamiento se realiza desde una distancia reglamentaria de tres metros y la competencia es individual. El desafío, sin embargo, es mucho más antiguo que cualquier reglamento. Durante décadas fue común encontrar un sapo en las viviendas salteñas, algunos eran muebles sencillos, hechos de madera común; otros, verdaderas piezas de orgullo familiar. Se los instalaba en una galería, junto al asador o debajo de algún árbol del fondo. Había sapos más modestos y otros trabajados con dedicación artesanal, según el bolsillo y, sobre todo, el fanatismo del dueño de casa.
El tablero tradicional incluye al sapo, la vieja, la rana, los molinetes y las distintas buchacas. El jugador toma la ficha entre sus dedos, acomoda el cuerpo y lanza. Después viene ese breve silencio en el que todos siguen la trayectoria del metal. Si entra, llegan el festejo y las cuentas. Si pega en el borde y sale, siempre habrá otro intento.
Mantenerse activos
Detrás de la clasificación de Irma existe además otra historia, la de los adultos mayores que encontraron en los Juegos Evita un espacio para mantenerse activos, competir, encontrarse y compartir.
El sapo fue incorporado como disciplina para personas mayores en los Juegos Nacionales Evita en 2008. Su presencia forma parte de una propuesta más amplia en la que el deporte y la recreación sirven como punto de encuentro. No todo pasa por ganar una medalla; hay viajes, nuevas amistades, entrenamientos, expectativas y, fundamentalmente, motivos para seguir participando.
Ese quizás sea uno de los mayores valores de estas competencias, ya que la actividad física y recreativa deja de estar asociada solamente a los jóvenes y abre sus puertas a hombres y mujeres que todavía tienen ganas de competir, aprender y ponerse una camiseta representando a su pueblo o a su provincia.
Los logros de doña Irma también son fruto del trabajo conjunto con el equipo de la Dirección de Desarrollo e Inclusión Social y la Dirección de Deportes de Cerrillos, que acompañan y fortalecen la participación de los adultos mayores en distintas propuestas deportivas y recreativas.
Doña Irma llegará a San Juan con esa responsabilidad. Detrás suyo estarán Cerrillos y Salta, pero también una legión silenciosa de jugadores que alguna vez se pararon a tres metros de un sapo con una ficha entre los dedos. Los que jugaron en un bar, en un club, durante una fiesta patronal o simplemente un domingo después del almuerzo familiar.
Seguramente Irma buscará los puntos, medirá cada lanzamiento y soñará con embocar alguna ficha en la boca del sapo. Pero su presencia en los Juegos Nacionales Evita ya representa algo más grande que un resultado. En tiempos en que muchas costumbres parecen destinadas a quedar guardadas en una fotografía, doña Irma Zerpa vuelve a poner una de ellas en movimiento. Será cuestión de acomodar la ficha, mirar fijo hacia adelante y afinar la puntería. Desde Cerrillos hasta San Juan, el sapo salteño todavía tiene mucho juego por delante.