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La fe por la Virgen de Urkupiña vuelve a sentirse con fuerza este 15 de agosto en Salta. Desde temprano, familias, devotos y peregrinos se acercan a la Iglesia del Pilar, ubicada en Mitre 1414, para participar del cierre de una festividad que cada año reúne a quienes llegan con agradecimientos, pedidos y promesas para la “Mamita”.
El templo permanecerá abierto hasta las 22 y durante toda la jornada habrá distintas actividades religiosas. Uno de los momentos más tradicionales se desarrolló desde las 10, cuando se realizó la bendición de automóviles, motocicletas, ofrendas, alacitas y promesas.
La programación contempla celebraciones eucarísticas a las 19 y 20.30. Entre las dos últimas misas también se realizará un homenaje con música, canto y danza, expresiones que forman parte inseparable de una festividad donde la religiosidad convive con tradiciones transmitidas de generación en generación.
El momento central será en el Campo de la Cruz
La actividad principal comenzará a las 16 en el Campo de la Cruz, frente al Ejército, donde estará presente la imagen de la Virgen para iniciar el recorrido previsto para esta jornada.
Tras la procesión se celebrará la misa central y, una vez concluida la ceremonia, la imagen regresará a la Iglesia del Pilar.
El padre Javier Mamani destacó que durante este año la novena tuvo una participación mayor a la registrada en 2025. El sacerdote también remarcó una característica que permanece viva entre los devotos: numerosas familias continúan rezando en sus propias casas y luego peregrinan especialmente para estar presentes en el día de Urkupiña.
Es una devoción que no se limita al interior del templo. Está en las imágenes que ocupan un lugar especial en los hogares, en los vehículos que esperan ser bendecidos, en las pequeñas ofrendas que representan deseos y proyectos y, sobre todo, en las promesas que cada familia guarda detrás de su llegada.
Mientras en Quillacollo, Bolivia, miles de fieles celebran a la patrona de la Integración Nacional, en Salta la misma fe vuelve a reunir a quienes encontraron en la Virgen de Urkupiña una figura de protección y esperanza.
Así, cada 15 de agosto, la distancia entre Salta y Cochabamba parece acortarse. De un lado y del otro de la frontera se repite una misma expresión de cariño y confianza: la de miles de personas que simplemente la llaman “Mamita” y vuelven a pedirle, una vez más, que los proteja bajo su manto.