Lo que comenzó hace 16 años como una iniciativa espontánea se transformó en una gran cadena solidaria que hoy moviliza a alrededor de 300 personas. Cada año, renacen los esfuerzos por reunir donaciones, clasificarlas, cargarlas y recorrer unos 400 kilómetros para que la ayuda llegue hasta las familias de El Chañaral, una comunidad originaria de Rivadavia Banda Sur.
Detrás de la movida hay semanas de organización y un viaje muy largo, con caminos de tierra y monte chaqueño. Alimentos, ropa, calzado, juguetes, muebles y otros elementos esenciales son reunidos gracias al aporte de los salteños y luego trasladados en un complejo operativo de logística.
La iniciativa es impulsada por Jorge Franco y trabajadores de la empresa de transporte Alto Molino. “La idea se me ocurrió por el hecho de que vengo del campo y conozco las necesidades de primera mano”, recordó Franco al explicar el origen de una acción que con el paso de los años fue sumando voluntarios y organización.
Así nació la movida que hoy se conoce como Alto Molino Solidario, que dejó de ser el esfuerzo de unas pocas personas para convertirse en una estructura en la que participan empleados de distintas áreas de la empresa, desde la recepción de las donaciones hasta su clasificación y acondicionamiento para el viaje.
- Quienes puedan colaborar con donaciones, serán recibidas hasta el 3 de septiembre en Av. Ejército Gauchos de Güemes 3333, Ciudad de Salta (Ruta 26 km 2).
- Aquellas personas que no puedan trasladarse hasta el lugar, pueden coordinar el retiro de las donaciones. En este caso, comunicarse por WhatApp a los teléfonos 3875202598 (Jorge), 3872225681 (Ricardo), 3874496183 (Daniel) o 3875501437 (Juan).
Un colectivo sin asientos para cargar donativos
En los primeros años, las donaciones tenían como destino Salta Forestal pero, en 2011 los voluntarios se enteraron que las necesidades de las familias de El Chañaral, eran todavía mayores. Desde entonces, esa comunidad se convirtió en el principal destino de la campaña. Llegar hasta allí supone atravesar cerca de 400 kilómetros parte de pavimento y gran parte de tierra, por pleno monte y donde las condiciones del camino dependen en gran medida del clima.
Por eso, cada centímetro del colectivo es importante y antes de salir, los voluntarios retiran todos los asientos para aumentar la capacidad de carga y transportar la mayor cantidad posible de mercadería.
La contracara de esa decisión es que las cinco personas que acompañan el operativo realizan buena parte del viaje de ida sin asientos. La prioridad es que haya más lugar para las donaciones.
No es un tema fácil y la salida ya comienza a planificarse desde principios de septiembre para reducir el riesgo de quedar atrapados por los barriales en temporada de lluvias. En campañas anteriores, los vehículos de apoyo quedaron encajados en el barro y la gente tuvo que pasar la noche en pleno monte, sin embargo, los contratiempos nunca frenaron la campaña. Por el contrario, cada experiencia sirvió para mejorar la organización del viaje siguiente.
Una vez en El Chañaral, los voluntarios distribuyen personalmente las donaciones y comparten distintas actividades con las familias. Son tres días completos. La primera jornada comienza con una chocolateada y propuestas recreativas; también se realizan cortes de cabello para grandes y chicos.
Durante el segundo día se organiza la entrega de alimentos, ropa y calzado, previamente clasificados y separados de manera equitativa para cada familia.
La última jornada está dedicada a uno de los momentos más esperados, el festejo del Día del Niño. Carreras de embolsados, fútbol, juegos, golosinas, sorpresas y regalos forman parte de una celebración que corona meses de preparación y cientos de kilómetros recorridos.
El próximo desafío
Después de 16 años, la campaña busca ampliar su alcance y avanzar hacia acciones que generen mejoras sostenidas en el tiempo. Uno de los proyectos es incorporar pediatras, nutricionistas y enfermeros para realizar controles de crecimiento, vacunación y prevención directamente en la comunidad.
También se analiza sumar técnicos agrónomos que puedan enseñar alternativas de cultivo y acercar semillas adaptadas a las condiciones del suelo chaqueño, con el objetivo de fortalecer la producción de alimentos de las propias familias.
En paralelo, deberán reunir los recursos suficientes para que en futuras campañas puedan partir dos colectivos cargados de ayuda y alcanzar también a otras comunidades aisladas.
Pasaron 16 años desde el primer viaje y las ganas de ayudar a quienes lo necesitan no cambiaron, por el contrario, siguen creciendo.