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“El cuerpo se quiebra, pero la fe sostiene”: una psiquiatra explica por qué lloran los peregrinos del Milagro

Alicia Anabel Frías, psiquiatra infantil, reflexiona sobre las emociones que atraviesan a quienes llegan a la Catedral Basílica después de días de caminata. El cansancio, las promesas, los pedidos y la gratitud confluyen en un momento de profunda descarga emocional.

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Cada septiembre, Salta vive una de sus manifestaciones de fe más importantes: la celebración del Señor y la Virgen del Milagro. Entre las imágenes que se repiten año tras año aparecen los rostros emocionados de los peregrinos que, después de recorrer kilómetros, llegan a la Catedral con lágrimas en los ojos, abrazos y una profunda sensación de alivio.

¿Qué sucede emocionalmente en ese momento? ¿Por qué muchas personas no pueden contener el llanto al encontrarse frente a las imágenes del Milagro?

La psiquiatra infantil Alicia Anabel Frías (MP 6161) reflexionó sobre este fenómeno desde una mirada vinculada a las emociones y al significado simbólico de la peregrinación.

“El peregrino es mucho más que un cuerpo que camina”

-¿Cómo se puede explicar la emoción que viven los peregrinos al llegar a la Catedral?

-Creo que para poder reflexionar sobre esto es necesario observar, escuchar y mirar mucho lo que sucede. Desde una percepción de las ciencias del alma, uno busca una palabra que pueda simplificar el sentimiento de cada peregrino, pero no existe una sola palabra que pueda definirlo. Son muchas emociones juntas.

Primero hay que preguntarse qué es un peregrino. Si vamos al significado más simple, es aquel que inicia un camino hacia lugares desconocidos. Pero si vamos más allá, podemos decir que el peregrino es un cuerpo, aunque en realidad es mucho más que un cuerpo: es un alma llena de emociones, de sueños, de fe y, sobre todo, de fe.

“Van a agradecer, pedir perdón y pedir por sus familias”

-¿Qué representa ese camino que realizan durante días?

-La peregrinación tiene un sentido muy profundo. Es una vez al año donde la persona tiene la posibilidad de agradecer, pedir perdón y pedir por su familia. Son cuestiones que muchas veces llevan a realizar sacrificios.

Pero esos sacrificios no buscan un premio o una recompensa que pueda medirse. La recompensa tiene que ver con el agradecimiento y con esa enorme fe que tienen para pedir.

“La vida también es una peregrinación”

-¿Por qué cree que esta celebración atraviesa a tantos salteños, incluso a quienes no caminan?

-Creo que tiene que ver con que la vida en sí misma es una peregrinación llena de emociones, de altos y bajos, de pruebas permanentes. Cada persona tiene diferentes maneras de peregrinar su propia vida.

Entonces, una vez al año, muchas personas encuentran un espacio donde todos esos sentimientos acumulados durante meses pueden expresarse en actos, en emociones y en fe.

La fiesta es de los peregrinos que caminan día y noche, atraviesan montañas, asfalto, ríos y caminos difíciles, pero también es del trabajador, del laburante que todos los días se levanta a peregrinar su vida y que una vez al año puede vivir esta experiencia.

“La fe mueve montañas y eso ocurre en cada peregrino”

-Se suele decir que la fe mueve montañas. ¿Tiene relación con lo que viven los peregrinos?

-Sí, y es exactamente eso. Es una fe llena de esperanza, emoción, amor y agradecimiento que mueve a cada uno de los salteños. Desde quien llega caminando desde San Antonio de los Cobres hasta quien participa de la procesión, todos viven la fiesta con una emoción muy fuerte.

No existe una explicación única que pueda transmitir todo lo que ocurre en esta celebración. Cada peregrino tiene algo para decir, algo para agradecer, algo para pedir. Y ese sentimiento es tan fuerte que hace que esta fiesta sea tan grande.

“El cuerpo se rompe, pero la fe sostiene el camino”

-¿Qué ocurre cuando finalmente llegan a la Catedral?

-El camino muchas veces comienza con un pedido de milagro al Señor y a la Virgen, con mucha fe y esperanza. Muchas veces llegan con el corazón roto, con el alma quebrada, buscando un lugar donde todo eso pueda ser recibido.

Durante el camino el cuerpo se desgasta, se cansa, pero la fe y la esperanza son las que mueven a ese cuerpo hasta llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro.

Cuando finalmente llegan es como si las fuerzas terminaran. Hay una gran descarga emocional de todo lo vivido, de todo lo pensado durante el camino, de todo lo que entregaron: sueños, tristezas, pedidos y agradecimientos. 

“Es un abrazo simbólico entre el peregrino y el Milagro”

-¿Las lágrimas son una forma de expresar todo ese recorrido?

-Exactamente. La emoción de poder llegar es tan fuerte y tan transmisible que incluso quienes están esperando en la Catedral se conmueven con la lucha que tuvo esa persona para llegar.

Es como un abrazo simbólico entre ese individuo, esa alma que caminó, y las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro.

Es la felicidad de la promesa cumplida y la esperanza de los favores pedidos. Eso es lo que hace tan única esta fiesta.

“El Milagro salteño también sucede todos los días”

-¿Cómo definiría esta celebración?

-Es una fiesta simple y sencilla, y tal vez ahí está su mayor valor. Todos pueden sentirse identificados con agradecer y pedir, muchas veces con los ojos llenos de lágrimas, mirando al cielo y buscando un milagro.

Pero también creo que el milagro salteño ocurre todos los días. Eso hace que esta provincia sea una provincia llena de fe.

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