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Primera cita: cuánto cuesta enamorarse en tiempos de crisis

Entre los nervios del primer encuentro, la elección del lugar y el deseo de causar una buena impresión aparece un nuevo protagonista, el precio. Una salida romántica con cena, cine, café o baile puede convertirse en una inversión que supera los $100.000 y obliga a muchos a recalcular hasta las ganas de dar el primer paso.

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Hay días en los que aparecen maripositas en el estómago y los jóvenes eligen la ropa con más cuidado de lo habitual. Surgen dudas al mirarse al espejo y se preguntan una y otra vez: “¿A dónde vamos?”. Ese, precisamente, es el día en que se animaron a una primera cita.

Pero en 2026, a los nervios propios de ese momento se le sumó una variable que poco tiene de romántica, la cuenta final. Porque antes de descubrir si hay química, si las conversaciones fluyen o si esa persona puede convertirse en algo más, hay que atravesar una pequeña prueba económica.

Invitar a alguien a salir es mucho más que elegir un lugar agradable, implica sobre todo a sacar cuentas, mirar precios y pensar cuánto puede resistir el bolsillo una noche destinada a buscar compañía.

Una de las alternativas clásicas, la cena, se transformó en una verdadera inversión. Una salida gastronómica para dos personas, con bebida incluida y en un lugar pensado para ese primer acercamiento, puede rondar los $50.000. A eso hay que agregarle el traslado, unos $20.000 entre combustible o remis, dependiendo de las distancias.

Pero hasta ahí, la noche recién empieza. Después de una cena tranquila, una caminata por el paseo Güemes hasta el monumento al héroe gaucho puede convertirse en ese momento donde aparecen las primeras señales. Una charla más cercana, una mano que busca otra mano y la necesidad de prolongar el encuentro.

Entonces llega otro clásico, el café. Dos pocillos simples, sin grandes agregados, pueden sumar alrededor de $10.000 más. Y si la intención es cerrar la velada con algo de música, luces y baile, la cuenta escala todavía más. Una salida a una discoteca de moda, evitando lugares más económicos, implica unos $25.000 de entrada por persona y cerca de $20.000 por trago. Solo ese tramo nocturno puede representar alrededor de $90.000 para la pareja de tortolitos.

En total, una primera cita con todos los ingredientes de una noche especial puede alcanzar los $170.000.

Una salida al cine

El cine, una opción más relajada pero tampoco barata. Para quienes buscan una alternativa más informal aparece el cine. Un programa que durante décadas fue sinónimo de primera salida, de compartir pochoclos y de esconder los nervios en la oscuridad de una sala, también tiene su propio impacto en la billetera del caballero o en la cartera de la dama.

El combo de dos entradas, un balde de pochoclos y dos gaseosas pueden costar cerca de $52.000. Finalizada la película llega el momento donde realmente empieza la cita. Hablar, preguntar, conocerse y descubrir si detrás de la pantalla hubo algo más que una buena película.

Para eso, muchas parejas terminan buscando una mesa donde continuar la conversación. En una cadena de comida rápida, dos hamburguesas que estén en un punto intermedio -sin ser demasiado austeras pero tampoco exageradas- pueden representar unos $50.000.

El cierre con un helado o un café para dos suma otros $10.000. Si además se contemplan unos $20.000 de combustible o traslado para acompañar al otro hasta su casa, la salida más casual llega aproximadamente a los $132.000.

El amor también hace cuentas

Cuando se comparan estos números con los ingresos promedio de muchos jóvenes, la primera cita puede representar una parte significativa del salario mensual. Una noche para intentar comenzar una historia puede transformarse en un gasto que obliga a pensar dos veces antes de enviar ese mensaje que dice “¿salimos?”.

Así, entre la ilusión y la calculadora aparece una nueva postal de estos tiempos; personas como Nicolás, de zona sur, que prefieren postergar el encuentro, quedarse en casa, preparar un choripán, elegir una serie y convencerse de que no hay apuro.

Porque, al final, para hacer pareja “hay tiempo”. Aunque, claro, el corazón muchas veces  insiste en que una invitación puede ser el comienzo de algo mucho más grande que una simple salida.

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