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Irán acusa a Estados Unidos de planear un ataque terrestre

Teherán denunció un "doble discurso", mientras crece la tensión militar.Reportes del Washington Post señalan que el Pentágono evalúa una incursión.
Lunes, 30 de marzo de 2026 00:28

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El conflicto en Medio Oriente suma un nuevo capítulo de tensión tras las declaraciones del presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, quien acusó a Estados Unidos de preparar una incursión terrestre contra Irán mientras, en paralelo, mantiene un discurso público de diálogo. La denuncia fue difundida por la agencia oficial IRNA y profundiza la desconfianza entre ambos países en un escenario cada vez más inestable.

Según el funcionario, Washington estaría enviando señales contradictorias. "Públicamente, el enemigo envía mensajes de negociación y diálogo mientras, en secreto, planifica una ofensiva terrestre", sostuvo en un comunicado. Desde Teherán interpretan estos gestos como una estrategia de distracción frente a posibles preparativos militares, lo que elevó el nivel de alerta en el país persa.

Las declaraciones llegan en un contexto marcado por operaciones militares y movimientos estratégicos en la región. Reportes del diario The Washington Post señalan que el Pentágono evalúa un plan de incursión terrestre que podría extenderse durante semanas. La operación, según esas versiones, no implicaría una invasión a gran escala, sino intervenciones puntuales con operaciones especiales y tropas convencionales.

Despliegue de refuerzos militares

En paralelo, el Pentágono ya avanzó con el despliegue de refuerzos militares. El Comando Central de EEUU informó la llegada del buque anfibio USS Tripoli, acompañado por unos 3.500 efectivos, además de aeronaves de combate y unidades tácticas. A esto se suma la posibilidad de enviar hasta 10.000 soldados adicionales, según reportes de medios estadounidenses.

Sin embargo, desde la Casa Blanca intentaron bajar el tono. La portavoz Karoline Leavitt explicó que estos preparativos forman parte de los escenarios habituales de planificación militar y no implican necesariamente una decisión final.

El conflicto, que lleva más de un mes desde su inicio el 28 de febrero, continúa escalando sin señales de distensión. En las últimas horas, Israel informó ataques sobre instalaciones clave de producción de misiles en territorio iraní, mientras que Irán denunció impactos en zonas industriales del sur israelí. A su vez, los Guardianes de la Revolución amenazaron con acciones contra objetivos estadounidenses en la región, lo que derivó en medidas preventivas como la suspensión de clases en la Universidad Americana de Beirut.

En este escenario, también se intensifican los movimientos diplomáticos. Los cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudita se reunieron en Islamabad para analizar la crisis y buscar vías de contención. No obstante, la combinación de despliegues militares, acusaciones cruzadas y falta de respuestas oficiales concretas refuerza la incertidumbre sobre el rumbo del conflicto.

Israel impidió la misa de Ramos

Un hecho inédito sacudió ayer a la comunidad cristiana en Jerusalén: la Policía israelí bloqueó el acceso a la iglesia del Santo Sepulcro e impidió el ingreso del cardenal Pierbattista Pizzaballa, quien se dirigía a oficiar la misa del Domingo de Ramos. La información fue confirmada por el Patriarcado Latino de Jerusalén, que calificó la situación como "sin precedentes en siglos".

En el operativo Pizzaballa y el Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, fueron detenidos. Según el comunicado oficial, se trataba de un desplazamiento privado, lo que profundizó las críticas hacia la decisión de las autoridades. La medida se da en un contexto de máxima tensión en la región, marcado por la guerra entre Israel, EEUU e Irán. Como parte de las restricciones de seguridad, Israel mantiene cerrados los principales sitios sagrados de la Ciudad Vieja, incluyendo el Santo Sepulcro, la Mezquita de Al Aqsa y el Muro de los Lamentos.

Desde el Patriarcado advirtieron que el hecho representa "un grave precedente" y denunciaron un "desprecio hacia la sensibilidad de miles de millones de fieles". Calificaron la medida como "irrazonable y desproporcionada", al considerar que vulnera principios básicos de libertad de culto en uno de los momentos más significativos del calendario cristiano.

 

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