Noventa y dos años del edificio del Club Social

Hay pueblos que conservan sus edificios con el celo propio de lo que se ama, convirtiéndolos en reliquias. Hay otros que contemplan inertes, su paulatina decadencia, que lastima, que duele.

Es la historia del otrora y majestuoso Club Social La Esperanza, inaugurado un 9 de julio de 1928 en la entonces próspera zona azucarera. Desde hace 92 años, aún en medio de sus ya consideradas ruinas ante la vista de todos, atesora una historia increíble del pasado progresista de este "verde país de soles y cañaveral" y emporio del crecimiento e identidad de la región.

Ya poco queda de su antiguo esplendor, manos anónimas y desalmadas le arrebataron a lo largo del tiempo todo lo que pudieron. Escondido entre matorrales y pastizales, con su estructura derruida, duerme el sueño de un pasado que jamás volverá. Aunque hubo algunos intentos de recuperarlo como patrimonio de la ciudad, faltaron las voluntades, decisiones políticas y los recursos para cumplir con la meta. Allí permanece el Club Social, como esperando que algo suceda, tal vez con la ilusión de que el tiempo pueda saldar esta deuda y le devuelva el esplendor.

Esta maravillosa joya arquitectónica fue creada para un tiempo que no llegó o que no se supo construir y aunque se levanta en la selvática geografía jujeña, no es sólo patrimonio de los esperanceños, sino de la provincia toda. Fue concebida por mentes y corazones visionarios y lamentablemente, no tuvo la oportunidad de proseguir en el tiempo, sembrando más historias.

Su historia

Merced a la meritoria labor de investigación del historiador y multidoctor Jobino Pedro Sierra e Iglesias, hoy, las presentes generaciones pueden desandar las páginas de la historia que quedaron condensadas en su libro "Un tiempo que se fue", donde con particular estilo, dibujó con letras todos los pormenores de la monumental obra.

El Club Social tenía más de 1.000 metros cuadrados de superficie. No existía en todo el Noroeste una obra similar por sus líneas arquitectónicas, por sus comodidades, por la grandiosidad del conjunto, algo adelantado para la época.

En el centro de la edificación se situaba un enorme salón embaldosado al que se accedía por una amplia escalera de mármol situada a su frente. En su interior, se realizaban los actos sociales solemnes, los grandes bailes conmemorativos de las fiestas patrias y las de fines de zafra y de año. Estaba circundado de dependencias, donde estaba instalado un gran escenario, además de confiterías, salones de juego, salones de estar y biblioteca. Fue inaugurado el 9 de julio de 1928, con un gran baile. El costo de la obra fue superior a los $195.000, una suma fabulosa en aquellos tiempos.

En sus amplias instalaciones se podía practicar fútbol, básquetbol, tenis y natación. Para esta última poseía una piscina, la primera construida en la zona.

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