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Cómo prevenir y diagnosticar a tiempo el cáncer de hígado

Se trata de uno de los cánceres más frecuentes en el mundo. Enterate cómo tratarlo.  

Miércoles, 17 de mayo de 2023 08:43

El cáncer de hígado es relativamente frecuente. El principal obstáculo para su detección precoz es que, generalmente, cuando da síntomas es porque ya se encuentra en fases avanzadas. Por eso, lo que hay que hacer es adelantarse y actuar en una etapa previa, es decir, antes de que la enfermedad hepática degenere en cáncer. 

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El cáncer de hígado es relativamente frecuente. El principal obstáculo para su detección precoz es que, generalmente, cuando da síntomas es porque ya se encuentra en fases avanzadas. Por eso, lo que hay que hacer es adelantarse y actuar en una etapa previa, es decir, antes de que la enfermedad hepática degenere en cáncer. 

Cuando se habla de cáncer de hígado conviene diferenciar, en primer lugar, las metástasis de los tumores primarios. Tal y como explica José Miguel Rosales Zábal, experto de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y especialista en Aparato Digestivo en el Hospital Costa del Sol de Marbella (Málaga), “el hígado es un órgano que recibe la sangre que pasa por todo el organismo, por lo que puede desarrollar metástasis de muchos cánceres, como el de colon, estómago, páncreas, pulmón o mama”. En estos casos se trataría, por lo tanto, de tumores hepáticos secundarios. 

Dentro de los cánceres de hígado que se inician en el propio tejido de este órgano, el más frecuente es el denominado hepatocarcinoma (supone aproximadamente el 75-85% de los cánceres primarios de hígado), que se origina en los hepatocitos (las principales células del hígado). En segundo término, pero a mucha distancia, se encuentra el colangiocarcinoma, que se origina en las células de los conductos biliares.

Factores de riesgo del hepatocarcinoma

El hepatocarcinoma tiene la peculiaridad de que en la gran mayoría de casos va asociado a una enfermedad hepática subyacente. “Entre el 80% y el 90% de hepatocarcinomas aparecen sobre una cirrosis hepática”, expone Adolfo Gallego, quien lidera la línea de investigación en hepatitis virales, autoinmunes y hepatocarcinoma el Instituto de Investigación del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, de Barcelona.

Hay varios factores que pueden desencadenar, al cabo del tiempo, una cirrosis hepática, entre los que destacan las hepatitis C y B, así como lo que se conoce como hígado graso, que es una condición muy ligada a la diabetes, la obesidad y la dislipemia (alteración de los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre).

Y, por supuesto, el consumo de alcohol. De hecho, apostilla Gallego, “una vez que se han reducido los casos de hepatitis C, el alcohol constituye, probablemente, la principal causa de cirrosis hepática y hepatocarcinoma, seguida del hígado graso”. 

La inflamación mantenida del hígado que puede desembocar en cáncer también es achacable, aunque en mucha menor medida, a “enfermedades de tipo autoinmune muy evolucionadas -en fase de cirrosis-, como la hepatitis autoinmune, la colangitis biliar primaria o la colangitis esclerosante, y a enfermedades por acúmulo de sustancias en el hígado que lo inflaman, como la hemocromatosis (acúmulo de hierro) y la enfermedad de Wilson (acúmulo de cobre)”, apunta Rosales. Por último, señala que hay algunas personas “que desarrollan cáncer de hígado sin tener ningún factor de riesgo conocido, si bien es mucho menos frecuente”.  

Cómo prevenir el cáncer de hígado

A tenor de los factores de riesgo del hepatocarcinoma, la prevención se basa en los siguientes aspectos y recomendaciones:

Evitar el consumo de alcohol considerado de riesgo. Según Rosales, se recomienda limitar el consumo a, como mucho, una bebida al día para las mujeres y dos bebidas al día para los hombres, aunque “es importante saber que no hay una dosis mínima de alcohol sin riesgo; el riesgo 0 es no consumir nada de alcohol”.
 

El tabaco ejerce un menor efecto que el alcohol en el hígado, pero fumar contribuye a aumentar más el riesgo cuando ya existe una condición que aumenta el riesgo de hepatocarcinoma.
 

Prevenir la hepatitis C (no compartir agujas o jeringas y usar preservativo durante las relaciones sexuales) y diagnosticar a todas las personas afectadas por esta infección, con el fin de administrarles los fármacos que eliminan eficazmente el virus.
 

Vacunación frente a la hepatitis B (incluida en el calendario infantil desde hace años) e identificación de las personas infectadas. 
 

Cambios de estilo de vida para prevenir el hígado graso: evitar la obesidad, dieta sana, ejercicio, control de los niveles de colesterol y triglicéridos… 
 

Evitar la exposición a ciertas sustancias tóxicas, como las aflatoxinas, que pueden aumentar el riesgo de cáncer de hígado. Para ello, se recomienda almacenar los alimentos adecuadamente y evitar el contacto con productos químicos tóxicos.

El café, factor preventivo

Con tanto factor de riesgo, proporciona cierto alivio la existencia de un factor preventivo: el café. “Hay bastantes estudios que han visto que el consumo de café puede ser beneficioso porque ayuda a disminuir el riesgo de que aparezca un hepatocarcinoma en pacientes que ya tienen enfermedad hepática”, confirma Gallego.

Detección precoz del cáncer hepático

Entre los síntomas del cáncer de hígado cabe citar el dolor abdominal, náuseas y vómitos, hinchazón abdominal con acúmulo de líquido, pérdida de peso inexplicable, fatiga y debilidad… Sin embargo, puesto que son bastante inespecíficos y suelen aparecer cuando el tumor ya está avanzado, no tiene sentido incidir en su utilidad como signos de alerta.

Lo que sí se ha demostrado eficaz para detectar precozmente el hepatocarcinoma y tratarlo a tiempo es el seguimiento y la realización de pruebas periódicas a las personas con más riesgo. En definitiva, identificar y someter a un seguimiento estrecho a las personas con inflamación crónica del hígado o cirrosis, que son fundamentalmente aquellas con un consumo de riesgo de alcohol, con condiciones que predisponen al hígado graso (obesidad, dislipemia, diabetes, síndrome metabólico…), o con infección por hepatitis B o C.

Una vez localizados los individuos de riesgo, el diagnóstico precoz se basa en las siguientes pruebas:

Análisis de sangre

Los análisis de sangre pueden detectar la presencia de ciertas sustancias en la sangre que pueden indicar la presencia de cáncer de hígado, como son los marcadores tumorales; fundamentalmente, alfafetoproteína (AFP) para el hepatocarcinoma y CA. 19.9 para el colangiocarcinoma. Sin embargo, “estos marcadores tienen mayor utilidad una vez que se ha realizado el diagnóstico, para ayudar a establecer el pronóstico y para el seguimiento durante el tratamiento”, advierte Rosales. Es más, “en muchas ocasiones estos marcadores presentan un valor normal pese a tener un tumor”. 

Imágenes médicas

La tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética (RM) y la ecografía pueden mostrar imágenes detalladas del hígado y detectar la presencia de tumores. “Por su disponibilidad, facilidad, ausencia de efectos secundarios y precio, el más utilizado es la ecografía abdominal”, resalta el representante de la FEAD. Gallego corrobora la utilidad de esta técnica en los pacientes que ya tienen una enfermedad hepática avanzada a los que se les realizan “visitas regulares y, si tienen indicación para entrar en un programa de cribado, una ecografía cada seis meses”. De este modo, en caso de que se detecte un cáncer de hígado, lo más probable es que sea pequeño y se pueda tratar con éxito.

Biopsia

Una biopsia es un procedimiento en el que se extrae una muestra de tejido del hígado para su análisis en el laboratorio. Puede confirmar la presencia de cáncer de hígado y determinar el tipo de tumor.

Exploración física

Durante una exploración física, el médico palpa el abdomen del paciente para detectar la presencia de tumores o un agrandamiento del hígado.