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En los últimos años, distintos hechos policiales registrados en localidades del Valle de Lerma, donde las víctimas son hombres mayores de 65 años, comenzaron a dibujar un patrón preocupante: engaños cuidadosamente planificados, víctimas en situación de vulnerabilidad, muchas veces solas o atravesando momentos personales delicados, y un elemento recurrente que oscila entre la seducción, la intimidad forzada o la manipulación emocional.
Al menos una decena de casos fueron denunciados en los últimos cuatro años en lugares como La Merced, Rosario de Lerma y Cerrillos, donde distintas mujeres, en algunos casos actuando en grupo, desplegaron maniobras para ganarse la confianza de sus víctimas y luego despojarlas de dinero y pertenencias.
Uno de los antecedentes más llamativos ocurrió en febrero de 2023 en La Merced. Según la denuncia, un hombre joven, recientemente separado, fue abordado por dos mujeres en un contexto de aparente encuentro íntimo. Tras compartir bebidas en su domicilio, el denunciante perdió el conocimiento y despertó horas después con múltiples objetos sustraídos, entre ellos dinero, electrodomésticos y elementos personales. La investigación determinó que una de las involucradas habría utilizado un ansiolítico en la bebida. Meses después, la acusada, conocida como la Negra Matilde, fue condenada por hurto, unificándose su pena con antecedentes previos.
Otra caso denunciado en Cerrillos, un jubilado fue víctima de un engaño que terminó de la peor manera. Todo comenzó en la plaza central, donde entabló conversación con una mujer que logró ganarse su confianza. Tras compartir unos tragos en su domicilio, el hombre quedó profundamente dormido. Al despertar, descubrió que le habían robado varias de sus pertenencias. El hecho ocurrió el 8 de noviembre de 2023.
Pero el esquema no se limitó a encuentros de índole sexual. En Rosario de Lerma, durante 2025, otra modalidad comenzó a repetirse con víctimas de mayor edad. Una mujer de 50 años, conocida como “Vicky”, fue imputada tras protagonizar al menos dos hechos bajo un ardid tan simple como efectivo: simular una urgencia fisiológica para ingresar a viviendas de jubilados. Una vez dentro, sustraía dinero, teléfonos y tarjetas bancarias que luego utilizaba para vaciar cuentas en cuestión de minutos. Las cámaras de seguridad y posteriores allanamientos permitieron avanzar en su detención.
La acusada ya registraba una pena condicional previa, lo que reforzó el pedido de detención ante el riesgo de fuga y entorpecimiento de la causa. En paralelo, otras investigaciones derivaron en la detención de al menos cuatro mujeres acusadas de integrar una asociación ilícita dedicada a estafas mediante transferencias bancarias no autorizadas. Las víctimas, nuevamente, eran personas mayores que mantenían algún tipo de vínculo previo con las acusadas, lo que facilitaba el acceso a datos sensibles y cuentas personales.
El caso más reciente, ocurrido el pasado 26 de marzo en barrio San Jorge de Rosario de Lerma, vuelve a poner en evidencia la mecánica del engaño. Dos mujeres ingresaron al domicilio de un jubilado bajo el pretexto de venderle un cuchillo. Aprovechando un descuido, sustrajeron cerca de 300 mil pesos. La rápida intervención de un familiar permitió ubicar a las sospechosas, quienes devolvieron solo una parte del dinero antes de ser demoradas por la policía.
Aunque las modalidades varían, desde encuentros íntimos hasta excusas domésticas o vínculos de confianza, el denominador común es claro: víctimas aisladas, en muchos casos sin contención inmediata, y victimarias que explotan esa fragilidad con estrategias que combinan persuasión, engaño y, en ciertos episodios, un componente sexual explícito.
Estos casos resaltan de algo más de fondo: hay situaciones que los hacen posibles. La soledad, las ganas de tener compañía y la falta de alguien cercano que esté atento terminan siendo el escenario donde estos engaños encuentran lugar.