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Aranda, sin filtros: “Me crié en un lugar donde tenía que esquivar las balas”

Nacido en Lomas de Zamora, el nuevo goleador de Central Norte, le contó a El Tribuno su dura y sacrificada historia de vida en los comienzos y cómo el fútbol le cambió la vida por completo.
Sabado, 02 de septiembre de 2017 21:47

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Detrás de cada jugador siempre hay una historia para contar y esta vez le toca a Ariel Aranda, delantero de Central Norte, repasar lo que le pasó, no solo en el fútbol, si no también en su vida personal a sus 29 años de edad.
Hace tres partidos que Aranda viendo marcando con la camiseta del cuervo y siendo clave para el equipo de Norberto Acosta. Pero muy pocos saben que detrás de ese sacrificio en la cancha o esa sonrisa amistosa, hay una vida sufrida y complicada desde sus inicios en su Villa Albertina natal, en Lomas de Zamora, Buenos Aires.
“Al proceso de inferiores no lo viví. En edad de quinta me fui a probar a Lanús. Jugué poco, porque había monstruos de delanteros como Lautaro Acosta y Sebastián Blanco. Me fui a San Telmo, jugué medio año en cuarta división, me vio el técnico y me hizo debutar en Primera (B Metropolitana). En los últimos seis partidos hice cinco goles. En tres temporadas peleamos la permanencia, pero soy un agradecido siempre a ellos porque me brindaron todo”, fue lo primero que recordó Aranda en cuanto a sus inicios en el fútbol. 
Pero quizás la parte más triste de su historia la vivió cuando era un niño, en un hecho que lo dejó marcado. 
“A los nueve años, volviendo de acompañar a mi papá de jugar a la pelota, íbamos caminando y vimos a dos muchachos. Mi viejo ya se anticipaba a lo que nos iba a pasar. Nos pidieron plata de mala manera, mi papá dijo que no tenía y quisieron pegarle. Mi viejo se defendió y apuñaló a uno de ellos. Escapamos y después nos esteramos que el chico murió. Mi papá por temor a represalias tuvo que irse a Santiago del Estero, sin decirle nada a nadie. Fue muy duro, yo tenía solo 9 años y mi mamá tuvo que hacerse cargo de la casa y mantener a tres hijos”, recordó.

Su madre, el ejemplo
Doña Genara tuvo que ponerse la familia al hombro y para Ariel eso también fue un “clic”, un gran ejemplo para seguir adelante y también para ayudar a su familia. “Nos criamos más con mi vieja, laburadora ella, trabajaba de seis a seis de la tarde en el hospital. Era una infancia difícil, brava, pero ella hizo que nada nos falte”, expresó Aranda, quien además agregó: “Uno ve las cosas que la madre hace y trata de ser responsable. Era difícil al estar en la calle no conectarse con las cosas que pasan en los barrios. Tuve una infancia dura, pero tenía amigos que me cuidaban, me decían que me tenía que ir a probar a algún club”.
Las canchas de los barrios más complicados del conurbano bonaerense fueron sus primeras experiencias con la redonda. “Jugaba los campeonatos de barrio, eran durísimos. Todos los fines de semana eran piñas y tiros porque eran por plata, pero a la vez recuerdo y extraño. Una vez fuimos a jugar un mano a mano a Fuerte Apache, fue una locura, se hacían partidos de fútbol 5, en esa época se ponía mucha plata, como 20 mil pesos. Sabías que si ganabas agarrabas una buena plata. En mi casa era importantísimo darle una mano a mi vieja y el fútbol daba para bancar la olla en la semana”, relató.
Luego de jugar en San Telmo, Aranda también recaló en las ligas del fútbol cordobés, donde conoció a su novia Romina, otra figura importante en su vida. “Me ayudó mucho en mi vida, hace seis años que estamos juntos. Me cambió en todo sentido, tenía la cabeza en otro lado. Aprender de todo en una villa y cambiar fue complicado. Me enderezó en algunas actitudes, me enseñó a ordenar el tema económico porque me patinaba la plata en ropa y teléfonos. Ahora estamos en la búsqueda de un bebé, pero no me gustaría que mi hijo crezca con las dificultades que tuve, me crié en otro tipo de lugar donde tenías que ir caminando y esquivando balas. Salta es tranquilo y me gusta, sería lindo quedarme un tiempo más. Buenos Aires es lindo para pasear nada más”, diferenció.

Sigue planificando
Más allá de todo, Aranda sigue teniendo objetivos en su vida. 
“Una de las cosas que tengo que hacer es terminar la secundaria. Empecé el curso de técnico y quiero terminar el secundario para empezar una carrera. Tenemos un puesto en La Salada hace quince años. La primera plata que tuve con mi primer contrato en San Telmo la invertimos en un puesto. Mi mamá ya no trabaja más y antes, después de entrenar, también ayudaba a atender el puesto. Tengo dos hermanos más”, prosiguió con su historia.
El “Bati” Aranda, como lo bautizó acá Gastón Fiorotto, ayudante de campo de Acosta, también se imaginó cómo hubiera sido su vida sin el fútbol.
“Seguramente estaría trabajando con mi vieja en La Saldada, teniendo mi emprendimiento de ropa; cuando hicimos el tallercito era ver eso. Si yo no hubiera sido jugador y no hubiese estado en pareja, mi cabeza sería otra”, reconoció el flamante goleador de Central.
 

La trayectoria

“Debuté a los 16 años en San Telmo; luego, el DT me llevó a Juventud de Pergamino, donde estuve seis meses y cuando él se fue, me fui. Dejé seis meses el fútbol porque se enfermó mi viejo y en ese tiempo jugué futsal, en Franja de Oro. Siempre prioricé la familia. Mi viejo tuvo dos infartos”, contó Aranda, para proseguir: “En 2012 se me dio la chance de jugar en Chile, pero volví por un problema personal. En San Telmo conocí a Federico Apaza y en 2012 él me llamó para venir a Central, pero no se dio”.
 

Sueña con el ascenso

Por último y relacionado con su presente en Central Norte, el delantero confesó que sueña con el ascenso al Federal A y se refirió a las bajas del equipo y a la linda competencia por un puesto que se abrirá cuando estén todos en condiciones físicas. 
“Es lindo tener una rachita de goles para que el técnico vea que cualquiera de los tres delanteros puede jugar, tanto La Perla (Reyes), como Willy (Puntano) o yo. Hay mucho potencial en el club con juveniles y con los chicos de mayor experiencia. Sé que Central Norte es un club grande, con el desafío de ascender y sueño con eso”, sintetizó Aranda, para luego añadir: “Sabemos que no será un campeonato fácil, que falta mucho y que todavía no ganamos nada. Pero vamos por buen camino y con la expectativa de seguir creciendo partido a partido”, concluyó el atacante bonaerense, sin lugar a dudas, un auténtico ejemplo de vida al que le tocará seguir luchando en el azabache.
 

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