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"Estuve preso a los 70 y pico de años y seguramente si me vuelven a ofender de esa manera vuelvo a la celda ya mismo", dijo al borde de un ataque de rabia Julio Alberto Cutone, de profesión comerciante en el rubro cuchillos de carnicero.
Cutone relata con acento algo sureño, porque su infancia la pasó en un barrio de Capital Federal, una fantástica como violenta batalla, quizá la última que libra su memoria, plagada de detalles de horror y muerte de innumerables miembros de su familia en la Primera y Segunda Guerra Mundiales.
Julio Cutone aseguró que su padre oriundo de la Lisernia, provincia de Campobasso, llegó a la Argentina a los veintipico de años, luego de padecer horrores en su patria, donde quedaron algunos familiares con vida, porque la mayoría se los llevó la Primera Guerra Mundial y años después los diezmó la Segunda contienda bélica.
Julio Cutone, sin entrar en detalles sobre por qué terminó preso, se presentó como un ciudadano casi salteño, que vive solo con sus recuerdos. Dijo que sí tiene familia: hijos y alguna vez esposa, a quien recuerda como una persona con mucha gracia a la cual venera a su manera.
Luego, entrando en ira, dijo que en la tarde del 10 de febrero cuando se encontraba descansando en un inquilinato de calle Miguel Ortiz, otro de los inquilinos, un ciudadano croata quien se hace llamar Carlos, cuyo apellido es impronunciable, comenzó a hostigarlo como siempre lo hacía por su pasado itálico. En tono burlesco comenzó diciendo "todos los italianos se escaparon para no hacer la guerra".
A lo cual pretendió hacer oídos sordos. Luego el croata siguió insistiendo -según Cutone- en la cobardía de los italianos y obviamente la de sus descendientes.
"Allí recordé a mis tíos, a mi familia luchando contra los cañones del 88 alemán que redujo los pueblos donde habitábamos a la ruina. Allí recordé tantas masacres relatadas por mi padre y me vino toda la bronca encima sobre este nazi croata.
Saqué un "Skiltuna' y lo agarré al croata Carlos y le pedí que se disculpara y le dije que yo no provenía de una familia de cobardes y ahí se armó otra guerra casi mundial. Todos intervinieron para calmarme y para evitar una masacre. Completamente estoy de acuerdo que obraron bien. Luego llegó la policía, me esposaron, me llevaron a la Alcaidía y allí me pasé un tiempo reflexionando".
Tiene padrinos en el país
“Cuando salí, no tenía ni un peso. Tuve que pedirle 10 pesos a un sargento a quien voy a ver para devolvérselos. Cuando volví Carlos ya no estaba, así que me mudé a otro barrio. Quedé con la sangre en el ojo. Porque sé que este croata que se hace llamar Carlos estuvo expulsado del país en los años ’70. Cobra pensiones jugosas y es un protegido no sé de quién. Yo por el contrario quedé encartado con una causa por lesiones y amenazas mientras el alias Carlos se marchó por la puerta grande. Ese tipo estuvo en Tucumán y en Campo de Mayo y todo eso le pedí al fiscal que me incriminó que lo investigue, pero ya ve, no pasó nada”. Julio Alberto Cutone aseguró que no se arrepiente, pero más allá del increíble revival bélico, los malos tratos recibidos en la Alcaidía tampoco los pudo olvidar.