PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
20°
25 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
PUBLICIDAD

Franco Brunetti, el hombre que puso a “doña Rosa” en el centro del negocio cárnico

El empresario cárnico murió a los 76 años en un trágico un siniestro vial en Buenos Aires.
Miércoles, 25 de marzo de 2026 14:31
Foto: Javier Rueda

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Franco Brunetti construyó su historia empresarial sobre una idea que repetía como un credo: la fe y el trabajo como forma de vida. A los 76 años, el empresario cárnico murió en un siniestro vial, pero dejó detrás una trayectoria que atravesó más de medio siglo de actividad y más de cuatro décadas marcadas por su impronta en Salta, donde logró posicionar a la provincia como una plaza relevante en la producción y comercialización de carne.

Nacido y formado en Buenos Aires, su vínculo con el oficio comenzó temprano. A los 15 años, sus padres lo emanciparon y le confiaron un pequeño capital para iniciar su propio camino. Dos años después, se convirtió en el matarife más joven del país al ingresar al Mercado de Liniers, en 1967. Desde entonces, su vida quedó ligada a la carne, primero entre carnicerías y ramos generales, luego entre campos y operaciones comerciales que lo llevaron a recorrer el país.

Foto: Pablo Yapura

Su llegada a Salta en 1981 fue, según contaba, casi una casualidad. Un viaje con su esposa coincidió con la licitación del frigorífico local. Lo que encontró fue una provincia que lo impactó por su identidad cultural, pero también por su potencial productivo. Allí decidió instalarse y desarrollar un proyecto que, con el tiempo, transformaría el mercado ganadero local.

Brunetti sostenía que uno de sus mayores logros fue haber contribuido a modernizar la producción de carne en Salta. Cuando llegó, el stock ganadero era reducido y predominaban razas criollas; con los años, el sector incorporó genética, tecnología y sistemas más eficientes. Desde su rol empresarial impulsó la mejora genética, promovió concursos y acompañó el crecimiento de feedlots y cabañas que hoy tienen reconocimiento nacional.

Su trayectoria estuvo atravesada por crisis económicas, cambios de reglas de juego y momentos de fuerte tensión social. Recordaba especialmente los años de hiperinflación, cuando el deterioro del poder adquisitivo impactaba de lleno en la alimentación de las familias. En ese contexto, repetía una idea que sintetizaba su mirada: cada vez que hablaba de su carnicería pensaba en “doña Rosa”, en el consumidor común. Su obsesión era sostener precios accesibles. “Tengo los precios más económicos”, decía, como una forma de definir su rol dentro de la cadena alimentaria.

Esa preocupación por el acceso a la carne atravesó toda su carrera. Defendía la idea de que el empresario no solo debía producir, sino también garantizar que la proteína animal llegara a la mesa de la gente, incluso en contextos adversos. Esa lógica lo llevó a posicionarse públicamente en más de una oportunidad frente a las políticas económicas.

A lo largo de los años, Brunetti también fue un actor activo en el debate público. Publicó solicitadas en El Tribuno con críticas directas a distintos gobiernos y gobernadores, en las que cuestionó decisiones que, a su entender, afectaban al sector productivo y a la economía regional. Su estilo frontal lo convirtió en una voz incómoda, pero también en una referencia dentro del empresariado local.

Con una mirada crítica sobre la economía, advertía sobre los límites de un modelo sostenido en la emisión y los subsidios. También señalaba los problemas estructurales de Salta, como la distancia a los puertos y los altos costos logísticos, que -según sostenía- condicionaban el desarrollo productivo del norte.

Al mismo tiempo, tenía una visión estratégica de largo plazo. Consideraba que el futuro de la Argentina estaba ligado al crecimiento de los mercados asiáticos y al rol del Pacífico en el comercio mundial. En ese escenario, entendía que Salta debía posicionarse como un actor clave, siempre que pudiera resolver sus problemas de competitividad.

Aunque tuvo vínculos con la política, especialmente en sus primeros años, nunca se definió como dirigente. Su participación estuvo ligada a gestiones concretas para el sector, en defensa de la actividad frigorífica y de las condiciones necesarias para sostener la producción.

A lo largo de su carrera insistió en dos valores como base de su trabajo: la calidad y la inocuidad sanitaria. Bajo esa premisa construyó una empresa que combinó eficiencia productiva con una fuerte vocación social.

Su muerte cierra una etapa en la historia del sector cárnico en Salta. La de un empresario que llegó desde otro punto del país, se instaló en una provincia que entonces tenía un desarrollo limitado en la actividad y terminó siendo protagonista de su transformación, siempre con una idea fija: que la carne, incluso en los peores momentos, siguiera siendo accesible para la gente.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD