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26 de Enero,  Salta, Centro, Argentina
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No todo lo recreativo es inocente

Lunes, 26 de enero de 2026 01:29
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En los últimos años algo cambió y para bien: cada vez más jóvenes leen las etiquetas, eligen qué comer, hacen actividad física, hablan de bienestar. Fumar dejó de ser cool, el alcohol ya no es sinónimo automático de diversión. La salud, para muchos dejó de ser un tema lejano y empezó a formar parte de las decisiones cotidianas; el cuerpo importa.

Sin embargo, en ese mismo escenario crece otra escena que parece no generar alarma: muchas de las personas que cuidan su cuerpo, consumen drogas —sobre todo aquellas presentadas como "recreativas" o "naturales"— sin percibirlas como un riesgo real. Como si una cosa no tuviera relación con la otra.

Tal vez porque el ser humano tiende a protegerse de aquello cuyos efectos puede ver: el pulmón enfermo, el hígado dañado, el deterioro físico, son imágenes claras, concretas, casi pedagógicas. El cuerpo avisa. La mente, no siempre.

Buena parte de esa tranquilidad se apoya en una idea sencilla: sentirse normal, estudiar, trabajar, tener vínculos, planes, una vida que funciona. Desde ahí, el riesgo parece lejano.

Pero la salud mental no es un estado fijo ni definitivo. Es un equilibrio que se construye con el tiempo y que puede alterarse. Las funciones mentales que permiten pensar con claridad, regular emociones y distinguir la realidad no están blindadas. Se desarrollan, se sostienen y, en determinadas condiciones, pueden desorganizarse.

Por eso, la idea de que "siempre estuvo todo bien; va a seguir estando bien" no es del todo cierta.

Sustancias nada inocuas

Cuando una sustancia interviene sobre la mente: las drogas no sólo producen sensaciones pasajeras. Actúan sobre los procesos que organizan la percepción, el pensamiento y el juicio de realidad. En el caso de la marihuana, distintos estudios muestran que en algunas personas puede desencadenar episodios de desorganización mental, ideas paranoides o cuadros psicóticos, especialmente cuando el consumo es temprano, frecuente o sostenido.

No sucede en todos los casos. Pero sucede. Y cuando ocurre, no siempre hay vuelta atrás.

El problema es no saber de antemano cuán frágil o resistente es el propio equilibrio mental.

La salud más allá del cuerpo

Hablar de bienestar no puede limitarse sólo a lo físico. La mente también necesita cuidado y no todo lo que parece controlable lo es. No todo lo que se presenta como inofensivo resulta serlo. ¿Ignorancia o subestimación?

Elevar el nivel de conciencia hoy implica mirar más allá y asumir que la normalidad es una línea más delgada de lo que se cree. Que no es imperturbable la frontera que separa la salud de la enfermedad mental; la estabilidad de la desorganización; la lucidez de la pérdida de control.

Quizá por eso el cerebro sea el órgano más protegido del cuerpo humano. Cuidarlo no es miedo.

Es una conciencia cada vez mayor.

 

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