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Hace unos días, la sociedad argentina tuvo que volver a "bancarse" un "parate" de las actividades en todo el país, incentivado por una política opositora bajo un desvencijado y archiconocido camuflaje gremial, un golpearse el pecho, parte de una caduca escenografía.
Paros generales como este, al igual que siempre, son totalmente reprobables, pues no conducen a nada ni a ningún lugar. Solo generan un costo para el país, los empleadores y los propios trabajadores, a los que se presume se está defendiendo.
No debemos olvidar los daños provocados por la movilización de activistas violentos que destruyen patrimonio ajeno, de la ciudad y de los ciudadanos (comerciantes, particulares, etc). Y seguimos con el pulgar hacia abajo.
Un paro convocado por la dirigencia sindical es un ritual periódico (cuando los gobiernos no son peronistas) que le sirve para intentar justificar su permanencia ante la sociedad que observa, incrédula, lo que resulta incomprensible.
Nunca en la historia argentina un paro ha dado solución a los problemas sociales existentes y por los cuales, supuestamente, se generan los mismos.
La pretensión sindical es una sola, mantener lo que aún le resta de sus privilegios, el hacer caja a costa de los trabajadores, condicionarlos, por decirlo de algún modo, con relación a su obra social, algo que no existe en ningún lugar del mundo, el hecho de que sean manejadas por la fuerza sindical.
Defensa
Si acaso se creyera que el paro fue por la defensa de los derechos de los trabajadores ante la "destructiva" modernización laboral que se está pretendiendo, ¿Por qué no se han preocupado en todos estos años por más del 40% del mercado laboral, el informal, que carece de derecho alguno?
Esos trabajadores no pueden perder derechos, simplemente porque nunca los han tenido. ¿No hubiese sido mejor preocuparse por ellos y luchar por sacarlos de la clandestinidad, llevarlos a la formalidad y brindarles los derechos que nunca tuvieron?
A la par se hubiese incrementado la masa salarial sobre la cual el poder sindical aplica su indisimulado "diezmo" y hubiese significado el incremento de aportes previsionales con el beneplácito de los jubilados actuales y futuros.
¿Y qué hay del derecho de los que quieren trabajar, la gran mayoría del pueblo, que hace ya tiempo dejó de sintonizar la "propaganda sindical" y son extorsionados al no poder hacerlo, porque no hay transporte que los lleve a su lugar de trabajo?
Entonces se alardea con un contundente triunfo del paro con un 80% o 90% de acatamiento al mismo. Es muy ingenuo el razonamiento. Es hacer trampas al solitario.
Bravuconada
Más allá de gritos estentóreos o de alguna bravuconada de ciertos dirigentes con atisbos de una fortaleza que supieron tener, el sindicalismo se ve arrastrado hacia la debacle que es hoy el peronismo, identificado con su mismo ADN.
Y esa debacle presenta malos síntomas institucionales.
íQué distinto sería todo si se respetase a los legisladores elegidos en elecciones libres y se les permitiese trabajar sin cuestionamientos para el dictado de leyes para lo cual fueron elegidos! Al cumplir su período recibirían la respuesta con la aprobación o la reprobación de la sociedad.
¿Qué sigue? Nuevas elecciones, nuevos candidatos, entre los cuales estarán seguramente los que han actuado bien en el periodo anterior, nuevos ganadores. Y así continúa el ciclo virtuoso.