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A 50 años del último golpe de Estado

Miércoles, 25 de marzo de 2026 01:03

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La conmemoración del último golpe de Estado que afectara a la República Argentina llega en momentos en que el mundo se haya sumido en la zozobra provocada por una confusa e inacabada guerra internacional, desatada por los Estados Unidos de Norteamérica e Israel, sin intervención de la Organización de las Naciones Unidas, institución creada a partir de las cenizas dejadas por la Segunda Guerra Mundial. A esta guerra se suman otras 55 conflagraciones existentes en el mundo -según el Institute for Economics & Peace (IEP)-, número que nunca se había alcanzado desde aquella época.

Antes de atacar Irán, Donald Trump había intervenido directamente en la política interna de Venezuela deteniendo a su presidente, trasladándolo a suelo americano, para sujetarlo a la jurisdicción -no de un tribunal internacional o supranacional- sino al de uno de Nueva York. También antes había manifestado explícita y obscenamente sus intenciones de anexar Groenlandia y Canadá e intervenir en México y Cuba. Amenazas estas que no se han disipado por completo...

Todas estas acciones concretas, como las amenazas proferidas por el presidente del país más poderoso del mundo, contrarían la letra y el espíritu de la Carta de la ONU, en tanto ella recoge como principios de las relaciones internacionales la igualdad soberana de los Estados, la no injerencia y la prohibición del uso de la fuerza entre los miembros. Paradójicamente, la Carta fue suscripta -el 26 de junio de 1945- en Estados Unidos (San Francisco), lugar desde donde procedió el nuevo orden internacional de posguerra, y lugar desde donde procede su quiebre unilateral y la destrucción de dicho orden.

En su reemplazo se ha impuesto la ley del más fuerte, la ley que impone quien es el más poderoso, el mejor dotado militarmente, ya que, a todas luces, queda claro que no se trata del más humanista ni del más altruista (aunque aspire al premio Nobel de la Paz).

A la sazón, la ONU continúa paralizada, Europa impactada y dubitativa, ni qué decir de Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, que albergan cerca de la mitad de las reservas petroleras del planeta. Allí se han arrojado las nuevas y sofisticadas armas (que esperaban ser estrenadas en los arsenales de los poderosos) y se han puesto en funcionamiento los igualmente sofisticados sistemas de defensa… en suma, se ha regado de pólvora y sangre el lugar más inestable y peligroso de la Tierra.

Al mismo personaje que jaquea la paz mundial se le ocurrió crear lo que ha llamado la "Junta de Paz", integrada por reinos asiáticos y repúblicas islámicas con algunas democracias sumisas de ultraderecha: Argentina, Armenia, Azerbaiyán, el Reino de Baréin, Kazajistán, Kosovo, el Reino de Jordania, la República Islámica de Pakistán, Indonesia, el Reino de Marruecos, Bulgaria, Hungría, el Reino de Jordania, Paraguay, Qatar, el Reino de Arabia Saudí, Turquía, Uzbekistán y Mongolia.

¿Por qué aludir a estas nociones de derecho internacional? Porque en el escenario de la posguerra, y poco después del dictado de la Carta de las Naciones Unidas, su Asamblea General sancionó, el 10 de diciembre de 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos, el instrumento más importante de la historia de la humanidad que no posee origen religioso.

Desde esa primera expresión de alcance universal comienza una incesante tarea de desarrollo del derecho internacional de los derechos humanos (sean de alcance regional o global). Por esa construcción de posguerra pudieron acuñarse, entre otras, las nociones de delitos de lesa humanidad y caracterizar esos crímenes como imprescriptibles, es decir, perseguibles y sancionables sin importar el lugar ni el tiempo transcurrido desde la comisión de los mismos.

Con esas herramientas proporcionadas por el derecho internacional de los derechos humanos se pudieron juzgar en nuestro país (aunque tardía y parcialmente) los abominables hechos cometidos por el terrorismo de Estado nacido el 24 de marzo de 1976 (desaparición forzada de personas, asesinatos, torturas, centros clandestinos de detención, vuelos de la muerte, apropiación de niños, etc.) en un contexto de estado de sitio, censura a los medios de difusión, prohibición de actividades sindicales, como la imposición de un programa económico perjudicial para las clases populares y la industria nacional.

Aludimos a las descripciones precedentes en el afán de indicar la evidente regresión a la que asistimos tanto en el ámbito local como internacional. Militarismo, autoritarismo, guerra, muertes de inocentes, desplazados, negacionismo y mengua de derechos políticos y sociales componen un preocupante telón de fondo que en esta conmemoración debe ser especialmente ponderado para no reiterar el pasado más oscuro de la historia argentina: NUNCA MÁS.

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