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En el silencio habitual del campo, donde las ausencias se notan más que en cualquier otro lugar, la desaparición de un animal no es solo una pérdida material. En Rosario de la Frontera, dos hechos de abigeato terminaron entrelazándose en una misma historia de búsqueda, perseverancia y reparación, con un desenlace que devolvió tranquilidad a sus propietarios y, en un caso particular, también la sonrisa a un niño.
Uno de los episodios tuvo como protagonista a un caballo de avanzada edad, de pelaje Moro Blanco, cuya historia trascendió el hecho delictivo. El animal había sido rescatado tras años de maltrato, con visibles secuelas físicas, entre ellas una hernia que compromete su estado de salud. Fue una familia de la zona la que decidió cuidarlo, integrarlo y brindarle el trato que nunca había tenido. En ese entorno, el caballo desarrolló un vínculo especial con un niño de apenas 6 años, una relación marcada por el afecto cotidiano y la compañía silenciosa.
Cuando el equino fue robado, la angustia se instaló en el hogar. El niño, profundamente unido al animal, rompió en llanto al notar su ausencia, una reacción que evidenció que no se trataba solo de una mascota, sino de un compañero. Esa carga emocional fue también conocida por los investigadores, que redoblaron esfuerzos para dar con su paradero.
La División de Policía Rural y Ambiental inició un trabajo sostenido que incluyó denuncias, entrevistas, recorridas rurales y tareas de rastreo. Finalmente, el caballo fue hallado en inmediaciones de la Ruta Nacional 9, con un bozal amarillo y una piola de varios metros, elementos que permitieron confirmar su identidad. La escena de la restitución fue elocuente: el niño no se separó del animal y pasó gran parte de la jornada montado, celebrando un reencuentro cargado de emoción.
En paralelo, la investigación permitió esclarecer otro hecho ocurrido en la misma jurisdicción. Se trató del robo de una vaca preñada, sustraída tiempo atrás. Durante el período en que permaneció en manos de desconocidos, el animal dio a luz y, según se pudo establecer, fue sometido a curaciones, lo que aportó nuevas pistas a la causa. Tras varios meses de averiguaciones y la presión de los procedimientos, se presume que los responsables abandonaron a la vaca y a su ternero, que finalmente fueron localizados y devueltos a su propietario.
Ambos casos demandaron un trabajo prolongado en la zona rural, con seguimiento de datos y reconstrucción de movimientos en campos y caminos secundarios. Las actuaciones continúan con el objetivo de identificar a los responsables, mientras se refuerzan las tareas preventivas en áreas donde este tipo de delitos impacta de lleno en la economía y la vida cotidiana de los pobladores.
Los dueños de los animales recuperados expresaron su agradecimiento por el accionar policial, no solo por la restitución de sus bienes, sino por la sensibilidad demostrada en situaciones donde el daño va más allá de lo económico. En uno de los casos, la investigación no solo permitió cerrar un expediente, sino también recomponer un lazo afectivo que había sido abruptamente interrumpido.
El regreso de un caballo cansado a un hogar que lo cuida, y en la tranquilidad de saber que, pese a todo, hay búsquedas que valen la pena sostener hasta el final.