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30 de Noviembre,  Salta, Centro, Argentina
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Kalumbila: de la selva africana a ciudad minera planificada

En Zambia, First Quantum levantó un pueblo sobre un macizo de vegetación. El Tribuno visitó el complejo Trident, colindante a minas de cobre y níquel.
Domingo, 30 de noviembre de 2025 01:28
El complejo Trident está en plena crecimiento.
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Kalumbila es uno de esos lugares donde la realidad supera cualquier descripción previa. Todo lo que hoy se ve, desde las viviendas ordenadas hasta las rutas impecables y los espacios verdes trazados con precisión, hace apenas unos años era selva cerrada. Las imágenes satelitales lo confirman y la propia experiencia de llegar hasta allí, como pudo comprobar El Tribuno, lo vuelve evidente.

El verde dominaba sin interrupciones y el territorio era un macizo de vegetación africana donde el sonido de los insectos y la humedad intensa marcaban el pulso cotidiano. Ese escenario original es fundamental para dimensionar la magnitud de lo que se construyó sobre él: un pueblo nuevo, limpio, planificado y en crecimiento, que hoy forma parte del complejo minero Trident de First Quantum Minerals en Zambia, África.

La llegada a este sitio, de la empresa que en Salta tiene a cargo el proyecto de cobre Taca Taca, introduce la primera impresión fuerte. El avión desciende sobre una pista sin asfalto, con la tierra roja característica del suelo africano extendida como una alfombra rústica. Dos hombres descargan las maletas a mano, en un gesto simple que combina austeridad y eficiencia.

Las minas Sentinel y Enterprise, Zambia.

Todo alrededor es selva: una pared de vegetación que se eleva en múltiples capas, el ruido incesante de la fauna y una sensación de aislamiento que enmarca al visitante. Sin embargo, apenas se avanza hacia la salida, el contraste toma protagonismo. Aunque la aeroestación es básica, los caminos que conectan con el pueblo están en muy buen estado, diseñados para soportar tanto el tráfico minero como el movimiento cotidiano de sus habitantes.

 

En las rutas circulan camiones de gran porte, camionetas de uso minero y vehículos particulares que avanzan entre corredores abiertos dentro de la vegetación espesa. Es un territorio donde la presencia humana convive con la fuerza del paisaje sin borrarlo por completo.

Al ingresar a Kalumbila aparece un gran cartel con imágenes de mineros, que confirma el origen y la identidad de este enclave. Pero lo que sorprende no es tanto la referencia a la minería, sino la organización del espacio urbano. Las calles no están asfaltadas, pero están trazadas con prolijidad y sin el caos que se observa en muchas otras ciudades de la región. Las viviendas son amplias, limpias y de mejores características constructivas que el promedio africano. Los barrios crecen a un ritmo constante y todo parece dispuesto bajo una lógica planificada, donde las obras avanzan sin alterar el orden general ni la convivencia del pueblo.

Kalumbila, por dentro

El visitante descubre rápidamente que Kalumbila no es una comunidad improvisada ni un asentamiento informal alrededor de una mina, sino una ciudad pensada para funcionar con estándares poco comunes en el interior del continente. Los lodge instalados en el pueblo tienen servicios de hotelería comparables a los de un hotel de cinco estrellas, con habitaciones amplias, climatización correcta y gastronomía de nivel. Hay restaurantes con oferta internacional, un club con gimnasio, espacios recreativos y canchas de golf insertas en un paisaje exuberante que se mantiene como parte de la identidad del lugar.

Es una burbuja, pero no una burbuja aislada: es un territorio donde conviven trabajadores zambianos, técnicos extranjeros, familias jóvenes y una estructura social que crece al ritmo de la actividad productiva.

Los espacios públicos acompañan ese proceso. Se montaron plazas nuevas, hay veredas prolijas, áreas de descanso y hasta una radio comunitaria que conecta a los habitantes con la información local. La sensación general es de armonía, un dato no menor en un país donde muchas poblaciones cargan con tensiones sociales profundas. Aquí, en cambio, se respira un orden cotidiano que sorprende tanto como la infraestructura disponible.

Programas de la Fundación Trident

El desarrollo de Kalumbila está sostenido por los programas de la Fundación Trident, que despliega ocho líneas de acción en la zona. Los planes abarcan conservación ambiental, construcción de edificios escolares, ampliación de instalaciones de salud, equipamiento educativo, fortalecimiento de proveedores locales, capacitación para agricultores y asistencia a más de 3.000 productores mediante insumos y técnicas de cultivo inteligente adaptadas al clima.

Según la propia compañía, el 80 por ciento de las verduras consumidas en la ciudad minera proviene de los métodos de cultivo introducidos en la zona, lo que reduce la dependencia y genera un circuito económico interno. La conservación ambiental es una premisa explícita: en el predio hay viveros de plantines destinados a la reforestación y un enfoque de cuidado sobre la fauna que busca equilibrar la expansión del complejo minero con la protección del entorno natural.

El impacto comunitario también se ve en el uso cotidiano de ciertos espacios. En el ejido del pueblo hay una cancha de fútbol nueva, con pequeñas tribunas, donde los adolescentes pasan las tardes. El Tribuno pudo observar un partido en el que una árbitra mujer dirigía el juego, algo poco común en otras regiones. Los jóvenes llevan camisetas de Messi, que es por lejos el jugador más admirado, aunque Cristiano Ronaldo también tiene hinchas decididos. Ese detalle futbolero se vuelve una postal simbólica de cómo conviven modernidad, deporte y aspiraciones juveniles en un territorio que hace no mucho tiempo era solo selva.

Operaciones mineras

A unos kilómetros del centro urbano se encuentra Trident, la base operativa de First Quantum Minerals. Allí están las dos minas que explican el crecimiento del pueblo: Sentinel, dedicada al cobre, y Enterprise, enfocada en el níquel. La visita realizada por El Tribuno comenzó en Sentinel, donde la escala de la operación es impresionante.

La mina es una excavación monumental, con taludes inmensos y camiones que, vistos desde arriba, parecen miniaturas avanzando por caminos internos en espiral. Edwin Salazar, un panameño que se desempeña como Gerente de Optimización, acompaña parte del recorrido y explica el funcionamiento de un sistema que incluye palas de cable de gran porte, una flota de camiones clase ultra, perforadoras eléctricas y un sistema de asistencia por troles que permite reducir de manera drástica el consumo de diésel y aumentar la velocidad de transporte dentro del yacimiento. El procesamiento del mineral se organiza a través de grandes estructuras metálicas, plantas de trituración y cintas transportadoras que conectan cada etapa de la operación.

Según los datos técnicos que la compañía compartió con la delegación, Sentinel fue construida a partir de 2012, durante un período de cuatro años, con una inversión multimillonaria. Es una operación de cobre a gran escala, con un grado promedio de 0,42 por ciento y una relación estéril–mineral de 2,53 a 1, lo que la obliga a trabajar con técnicas de minería a granel y una logística muy afinada para mover enormes volúmenes de material. La planta de proceso funciona con un circuito de flotación convencional para minerales de sulfuro: el mineral triturado pasa por molienda y luego por celdas de flotación, donde se separa el concentrado de cobre. Ese concentrado se transporta por carretera hasta la fundición de Kansanshi y otras fundiciones de Zambia. El sistema de troles, instalado en parte de las rutas de acarreo, permite que los camiones se conecten a líneas eléctricas y dupliquen su velocidad en las rampas.

La mina de níquel

Enterprise, la mina de níquel, completa el sistema productivo de Trident. Allí se observa un circuito que incluye trituración, molienda, flotación y manejo de concentrados, integrado al complejo de procesos de Sentinel. El mineral de níquel es variable y por eso el control geometalúrgico resulta clave para asegurar la recuperación y la calidad del concentrado final.

La planta de Enterprise tiene una capacidad de procesamiento del orden de los 4 millones de toneladas por año y fue diseñada como una de las diez principales operaciones de sulfuro de níquel a escala mundial.

La producción comercial comenzó en junio de 2024. La mina se explota con una flota de contratistas zambianos, y el mineral se transporta a una plataforma ROM fuera del tajo, con múltiples dedos de descarga que permiten volver a manipularlo según una estrategia de mezcla controlada antes de ingresar a la planta.

En la planta, el circuito incluye dos trituradoras de mandíbula que alimentan una reserva de mineral triturado; luego el material pasa a un circuito de molienda compuesto por un molino SAG, trituración de pebbles y un molino de bolas.

El proceso continúa en la etapa de flotación: primero se realiza una preflotación de talco para remover ese mineral, y después se desarrolla la flotación de níquel, con etapas de desbaste y limpieza en celdas y columnas Jameson. El concentrado final se espesa, se filtra en una instalación específica y se embolsa para exportación, ya que Zambia no cuenta con capacidad de fundición de níquel. Los relaves se derivan a la instalación de almacenamiento de Trident.

 

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