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No cayó ni una gota de lluvia, sin embargo, el paisaje en el departamento Rivadavia, en el Chaco salteño, cambió por completo en las últimas horas por las lluvias en la cuenca alta del río Bermejo, en Bolivia, que dejó todo el monte cubierto de agua. La crecida plantea un panorama que los pobladores describen como desolador.
Un equipo de El Tribuno recorre las comunidades más afectadas de la zona y pudo constatar que el impacto del agua es visible desde la ruta provincial 13. A pocos kilómetros de La Estrella, el avance del río transformó amplios sectores del monte en verdaderas lagunas que se extienden hasta donde alcanza la vista.
Las consecuencias golpean con fuerza a las familias rurales de Rivadavia Banda Sur. El Cocal y El Chañaral son las comunidades más afectadas. Entre ambas, suman más de 600 habitantes de los cuales muchos son niños. El cronista de El Tribuno en el lugar, Miguel Escalante, relató que "la escuela de El Cocal está bajo el agua, los chicos no tienen clases porque es imposible llegar a la escuela, la maestra intentó llegar a a dar clases y sufrió un accidente en el camino, afortunadamente está recuperándose".
Y destacó: "Hay muchísima necesidad en la zona, sobre todo de alimentos y de agua potable. También necesitan plásticos para hacer refugios y todo tipo de donaciones. Son más de 600 personas en esos parajes que están aislados porque el río Bermejo trazó ahí una especie de zanja infranqueable por el momento".
Muchos pobladores observan con preocupación cómo sus animales quedaron atrapados por el avance del agua. Algunos murieron ahogados y otros huyeron hacia zonas más altas en busca de refugio. En varios parajes, los productores intentan rescatar lo que pueden mientras el agua continúa ocupando los campos. La pérdida de ganado representa un golpe duro para la economía de las familias que dependen casi exclusivamente de la cría de animales.
Aunque el nivel del río en el puente Lavallén (Embarcación) ha comenzado a descender, en Morillo y Rivadavia Banda Norte los niveles de agua podrían mantenerse altos varios días.
El pronóstico tampoco trae alivio inmediato. El cielo permanece cubierto y las temperaturas siguen siendo elevadas, lo que genera incertidumbre sobre la evolución del fenómeno en los próximos días. Mientras tanto, el monte permanece bajo el agua y la preocupación crece entre los habitantes del departamento Rivadavia, que siguen de cerca el comportamiento de los ríos y esperan que el nivel comience a descender.
En Estación Juan Solá
Desde el norte provincial, otra cronista de El Tribuno, Cristina Carrazán, relató que el desborde del Bermejo formó lagunas de hasta 10 metros de profundidad y nada es suficiente para auxiliar a los puesteros que residen a lo largo de 100 kilómetros paralelos a la ruta nacional 81. En camionetas doble tracción, a caballo o en lanchas la ayuda traducida en alimentos para las cientos de familias que residen en esa zona del Chaco Salteño trata de llegar enfrentando múltiples inconvenientes.
Los amigos y familiares de quienes debieron abandonar sus puestos y sus animales lanzaron una colecta para comprar otra lancha y hacer frente a la furia del Río Bermejo cuya crecida máxima se esperaba para estas horas en todas esas comunidades.
La crecida del río Bermejo ha puesto en jaque al municipio de Juan Solá (Morillo), desatando una de las crisis hídricas más severas de los últimos años. Con un frente de emergencia que se extiende por más de 120 kilómetros —desde el puesto La Mora hasta Fortín Belgrano—, el avance del agua ha transformado caminos vecinales en cauces profundos de más de un metro y lagunas de más de 10, aislando parajes enteros y dejando a cientos de familias a merced del clima. El intendente local, Ariel Arias, calificó la situación como "crítica", mientras se coordina un operativo de rescate sin precedentes que combina asistencia aérea, terrestre y fluvial.
El aire es la única vía para llevar ayuda
Ante el colapso de las rutas terrestres, el helicóptero de la provincia se ha convertido en el puente de esperanza para los damnificados. Hasta el momento, el Comité de Emergencia (COE) ha logrado asistir a 150 familias, pero la urgencia no cesa: todavía quedan 180 grupos familiares aislados esperando suministros básicos solo en Morillo. Con el puente Aéreo se espera cubrir a 140 familias hasta hoy, siempre que las condiciones meteorológicas permitan el vuelo. "Por esa misma vía se han realizado evacuaciones de urgencia para tratar casos de quemaduras y heridas menores. Cada evacuado es derivado al hospital local para un chequeo antes de ser alojado en el complejo deportivo municipal. Se instalarán tres puestos fijos (uno en Los Blancos y dos en la zona de Morillo) con médicos, medicamentos y tecnología Starlink" precisó el intendente de Morillo, Ariel Arias.
"Esta es la peor inundación de que se tenga memoria"
El impacto de la crecida va mucho más allá de la inundación inmediata. El fenómeno del "enlame" (el barro denso que queda tras la bajada del agua) está sepultando viviendas y destruyendo lo poco que las familias lograron salvar. La preocupación central, sin embargo, es la mortandad de animales, que representa el único sustento económico de los pobladores de la zona.
"Esta pérdida patrimonial ha generado un fuerte impacto psicológico. Muchos pobladores se resisten a ser evacuados, prefiriendo quedarse en pequeñas "islas" de tierra seca para intentar proteger a su ganado. Ante esto, el municipio ha dispuesto personal especializado para brindar contención emocional a quienes llegan al pueblo "con lo puesto" explicó el intendente Arias, de Morillo.
Por una lancha propia
En medio del desastre, la solidaridad ha emergido como un motor fundamental. Ante la falta de equipamiento fluvial propio: "La comunidad de Morillo inició una colecta para comprar una lancha municipal. "Contamos con lanchas de pescadores y la que nos manda la provincia pero todo es poco ante la magnitud del desastre" precisó Arias.
En Tartagal, folcloristas de la zona convocaron ayer a un festival con el solo objeto de recaudar víveres, agua envasada, ropa, calzado y todo lo que los vecinos puedan aportar ante la verdadera tragedia que vive Rivadavia, donde la situación es un recordatorio de la vulnerabilidad de la región ante los ciclos del Bermejo. Mientras el río comienza a bajar lentamente en las cabeceras, el drama en el Chaco salteño recién comienza su etapa más dura: la reconstrucción. La coordinación entre el Estado y la solidaridad civil será la única forma de garantizar que, una vez que bajen las aguas y el barro se seque, estas familias no queden en el olvido. De hecho han perdido sus viviendas, todas sus pertenencias y animales siendo la peor inundación que se tenga memoria.