inicia sesión o regístrate.
“Empezó como un deseo y terminó como una obsesión”. Con esa frase, Luciana Aymar resumió el camino que la llevó desde una infancia marcada por la timidez hasta convertirse en una de las mejores jugadoras de hockey de la historia.
Durante su participación en “Hablemos de lo que viene - Bienestar”, evento que se llevó a cabo este miércoles en el Centro de Convenciones, la ex capitana de Las Leonas recordó que el deporte le permitió encontrar un espacio donde sentirse acompañada, expresarse y superar las dificultades que tenía para relacionarse. Sin embargo, alcanzar la elite también implicó enormes sacrificios: desde los 14 años viajaba constantemente entre Rosario y Buenos Aires para entrenarse con el seleccionado, mientras intentaba sostener sus estudios y su vida familiar.
Aymar remarcó que el talento por sí solo no alcanza. La disciplina, la constancia y la capacidad de levantarse después de una frustración fueron determinantes en su carrera. “Los deportistas de alto rendimiento llegan a donde llegan por la cabeza que tienen”, afirmó. Para la rosarina, el miedo nunca desaparece por completo: el desafío consiste en atravesarlo y seguir adelante.
También destacó la importancia de contar con acompañamiento psicológico para soportar la presión de competir, representar al país y responder a las expectativas. “La competencia más dura es contra uno mismo”, sostuvo al describir la exigencia permanente de querer rendir al máximo en cada entrenamiento y en cada partido.
Esa mentalidad la ayudó a sobreponerse a momentos difíciles, como quedar afuera de una convocatoria olímpica, sufrir lesiones o afrontar derrotas inesperadas. Según explicó, las frustraciones fueron incluso más valiosas que los triunfos, porque la obligaron a revisar sus decisiones, reinventarse y buscar nuevas formas de mejorar.
La exjugadora también habló del liderazgo que ejerció dentro de Las Leonas. Con el paso de los años comprendió que conducir un equipo no significaba exigir de la misma manera a todas sus compañeras. La empatía, el conocimiento del otro y la forma de comunicar los mensajes resultaban fundamentales para sacar la mejor versión de cada integrante.
Después de casi dos décadas dedicada al alto rendimiento, el retiro representó otro desafío. Aymar reconoció que dejar el hockey fue similar a atravesar un duelo: de un día para otro desaparecieron la rutina, la adrenalina, los objetivos y la emoción de vestir la camiseta argentina. La terapia fue clave para construir una nueva etapa. Hoy canaliza esa experiencia a través de charlas sobre motivación y liderazgo, y encuentra su mayor desafío en la maternidad. “La medalla de oro que no tuve en un Juego Olímpico la tuve en la familia”, expresó.
Como mensaje final, Aymar invitó a sostener los sueños con convicción y pasión. “Uno tiene mucho más poder mental de lo que cree”, aseguró. Su historia, explicó, no estuvo construida únicamente sobre campeonatos y reconocimientos, sino sobre el esfuerzo cotidiano, las caídas y la decisión de no bajar los brazos.