La ciudad de Iquique, capital de la provincia homónima en la región chilena de Tarapacá, emerge como una alucinación entre el Océano Pacífico y el árido desierto, que tuvo en el salitre a su "oro blanco", y que hoy muestra su pujanza comercial y turística al ser declarada puerto libre, lo que la convirtió en un imán insoslayable para miles de visitantes.
La ciudad permite "reconocer el auge salitrero y el contraste precioso de cada uno de los milagros que brotan en las quebradas que surcan el desierto", explican desde el Servicio Nacional de Turismo (Sernatur).
El salitre constituyó una riqueza de tal magnitud que hasta fue causa de una guerra a fines del siglo XIX entre Chile, Perú y Bolivia, cuyas cicatrices todavía hoy siguen abiertas entre estas naciones.

Iquique, que en aymará significa "lugar de sueños o descansos", es un destino ideal sin temporada, ya que cuenta con un clima privilegiado y una costa que invita a disfrutar de los deportes náuticos todo el año, además de tener una oferta hotelera y gastronómica de excelencia.


El auge de la etapa del oro blanco se encuentra presente hasta en sus antiguas construcciones, que hasta 1920 estuvieron hechas de pino oregón y representaban el auge salitrero.
Además, la ciudad cuenta con el Paseo Peatonal Baquedano, declarado Monumento Nacional en 1977; una arteria que parte de la antigua aduana y desemboca en el litoral marítimo, enmarcado por pintorescas casas de variados colores y 460 tiendas de todo tipo.
El auge del turismo, atraído por la posibilidad de compras en la zona franca y por el interés histórico, arquitectónico y cultural de la ciudad, se refleja en la cantidad de turistas y locales que recibió la Zofri (Zona Franca Iquique), donde no se cobra el impuesto a las ventas, y que en diciembre de 2016 recibió 1.900.000 visitantes.
Los atractivos turísticos se extienden más allá de las fronteras de la ciudad, como por ejemplo las exoficinas salitreras Santiago Humberstone y Santa Laura, ubicadas a 47 kilómetros de la urbe, en plena Pampa del Tamarugal, que es una oportunidad para conocer la historia reciente de Tarapacá.
Ese primer paso hacia el desierto más árido del mundo, según las autoridades turísticas del lugar, es una experiencia inexplicable por las riquezas culturales y naturales con que el turista se topa en cada rincón.
"El Tamarugal de Tarapacá permite conocer las raíces culturales del norte chileno, con flora y fauna única que aporta sonidos y colores a un paisaje que conecta con lo ancestral", describieron desde el Sernatur.
Más hacia el sur, pasando la comuna de Pozo Almonte, se encuentra el salar de Llamará, un sitio deslumbrante, casi de ciencia ficción, por las formas de los estromatolitos -estructuras minerales de diversos diseños- indispensables para generar las condiciones de vida en la tierra por su capacidad de producir, capturar y fijar partículas carbonatadas.
También en la Pampa de Tamarugal, en la zona conocida como Salar de Pintados, impactan los inmensos geoglifos dibujados en las laderas de los cerros despojados de vegetación, que datan de entre 700 y 1.500 años de antigüedad.
Por su parte, a 114 kilómetros al sureste de Iquique se encuentra el oasis de Pica, reconocido por su producción de cítricos, sobre todo el limón de pica. 
Otro oasis digno de conocer es el que se encuentra cercano a los salares de Husaco y Coposa, donde una variedad de flora y fauna comparte atractivo con las aguas termales.
Los lugares se suceden uno tras otro, cada cual con las características propias del desierto y sus quebradas, pero con un manchado de aguas termales, oasis, pinturas rupestres y los omnipresentes salitres.
Es así que, a 3.500 metros sobre el nivel del mar, después de que la vista se acostumbrara a los colores del desierto, emerge la Laguna Roja, que como su nombre lo indica, las aguas se ofrecen con un color rojo que parece tanto vino como sangre.
Unos 300 metros más arriba, la comuna de Colchane da la bienvenida a los visitantes por una geografía única y configurada por costumbres milenarias, propias de la cosmovisión aymara.
Allí es posible llegar a hermosos parajes naturales como el géiser de Puchuldiza, el Parque Nacional Volcán Isluga, las termas de Enquelga, el bosque de cactus gigantes de Panavinto, y el salar de Coipasa.

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