Simplemente un conmovedor ejemplo de superación personal

German Darío Nieba realizó su segunda exposición individual titulada “Yo Laberinto” realizada en la escuela de bellas artes “Luis Felipe Wagner”, el pasado 10 de noviembre a horas 20.30, bajo la mirada de quien fue parte de este gran ejemplo de progreso, el profesor de pintura Leandro Alagastino.

Yo Laberinto

Esa obra refleja sus vivencias, expresando de esta forma sus sentimientos y pensamientos.
Darío cuenta que su obra se inspiró de uno de sus cantantes favoritos: Sergio Galleguillo, que canta “Laberinto”. “Ahí empecé a analizar lo que hasta aquí había sido mi vida”.
“Desde que tuve el accidente mi padre siempre me aconsejó tener el pelo más largo para tapar la cantidad de cicatrices producto del accidente y tener la mano permanentemente en el bolsillo para que nadie vea mis defectos, y ocultar parte de mi pasado” comenta.
“Pero a través del arte fui sanando todas mis heridas, me encontré, me rapé la cabeza, expuse mis cicatrices y dije esta es la persona que soy realmente”.
La escuela de bellas artes “Luis Felipe Wagner” lo ayudó a restaurarse desde lo espiritual hasta lo físico. 
Hoy, con una sola mano, es capaz de trazar los mejores dibujos y hasta atarse los cordones.
“A través de esta obra me dibujé junto a mi familia, quizá en los peores momentos. Cada vez que convulsionaba mi madre siempre estaba, mis cicatrices, mis obras, mi padre, el dedo acusador que siempre me dijo vos no vas a poder. Pero acá estoy, demostrando que nada lo impidió”
Hoy German Darío resolvió su laberinto, encontró la salida y sabe cuál es su meta: llegar a ser profesor de arte y promocionar la cultura de Los Toldos.

De la tragedia al arte

Darío es un joven oranense de 29 años, nacido en Los Toldos el 28 de enero de 1988. Es el segundo de cuatro hermanos, hijo de German Nieba y Nélida Limbani.
A los 2 años y 8 meses el pequeño e inquieto Darío tuvo que aprender a enfrentar la vida de otra manera; una patada certera de un caballo en la cabeza le ocasionó la pérdida de masa encefálica, su mano y brazo izquierdos quedaron casi inutilizado. 
Cuando recién empezaba a aprender a desarrollarse como un niño tuvo que empezar todo de nuevo.
La cantidad de operaciones a las que fue sometido durante muchos años y las convulsiones le impidieron terminar la escuela primaria. “Siento que toda mi familia sufría a la par mía”.
En el 2011 su padre lo llevó a la escuela de Bellas Artes de la ciudad de Orán , con el objetivo de que saliera de su casa y que tuviera alguna actividad que lo entusiasme.
Después de seis años en la escuela y dos exposiciones individuales, está convencido de que sus padres están orgullosos de sus logros.

Leandro Alagastino es un profesor de arte que llegó de Tucumán con la intención de trabajar en una escuela o talleres de arte para todos. “Todos significa todos”, expresa Leandro haciendo referencia al grado de capacidades que pudiera tener cada uno de sus alumnos. Su política siempre fue la inclusión total.

Si bien nunca se preparó en educación especial, con voluntarismo puro y un poco de osadía abrió las puertas del arte a chicos con distintas discapacidades: autistas, hipoacusicos, síndrome de Down, por nombrar algunos que hicieron fuerte a la escuela de bellas artes “Luis Felipe Wagner”.
El docente aún recuerda ese día que llego Darío, en el 2011, diciendo “yo soy un inútil, y tajantemente le dije esa palabra no la usés más”.
Junto a su docente, amigo y hoy colega aprendió que el arte no está en quien dibuja bien, sino en quien expresa bien; darle forma a un cuadro con lo que quiera decir . “Yo como artista no me atrevería a tanto, pero él desnuda todas sus emociones en Yo Laberinto” explica Alagastino.
Hoy, a seis años de haber hecho este camino y evolucionado juntos, Leandro expresa que “Darío Germán Nieba, más que un alumno es un luchador de la vida que nos enseña en cada pincelada que todo es posible y que la expresión no tiene límites. German Darío es un orgullo en este balance de pros y contras. Siempre encontró el equilibrio”, finaliza emocionado Leandro Alagastino.
El tiempo del docente es tan limitado entre las clases y la dedicación que le brinda a cada alumno que le impide muchas veces dedicarse a sus propias creaciones. Dice que “siente una sana envidia de ver la producción que tiene German Darío para poder organizar una exposición”.

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