Salteños cuentan su vida en el Fin del Mundo

Recientemente la Provincia y la Municipalidad de Salta difundieron su oferta turística entre los habitantes y operadores del punto turístico más austral del planeta: Tierra del Fuego. La disertación se denominó “Salta, tan linda que enamora, en el fin del mundo” y constó de proyecciones en las que se destacó que la provincia, por su diversidad de paisajes y atractivos así como por su amplia oferta de actividades recreativas y culturales, podía cobrar diversos espíritus catalogados como auténtico, activo, gourmet, de reuniones y natural.

La particularidad de la presentación estuvo en que los portadores de la bandera de Salta y los integrantes del ballet y el cuarteto folclórico que actuaron eran integrantes de una asociación de residentes salteños en Tierra del Fuego, quienes, anoticiados de la llegada a la isla de los promotores turísticos y medios de prensa, se ofrecieron a mostrar sus destrezas en el canto y la danza tradicionales de sus pagos e instalaron un agradable clima de nostalgia y camaradería.

Allí El Tribuno pudo conversar con Aníbal Tejerina (32), quien llevó, ataviado de gaucho, la insignia patria. Él es oriundo de El Chamical, localidad célebre porque en su cementerio descansaron los restos del general Martín Miguel de Güemes hasta que fueron llevados a la catedral basílica en 1823. Sin embargo, Aníbal ya había dejado hacía tiempo su tierra y residía en el barrio Santa Rita. A los 21 años, desocupado, con una hija recién nacida que mantener (Milagro Andrea, hoy de 11 años), siguió la traza de un hermano mayor, Marcelo Tejerina (46), quien le envió los pasajes para que llegara hasta Río Grande. Halló empleo en seguida en el sector de la construcción, pero una vez allí, recompuesta su dignidad de hombre proveedor, las carencias fueron otras. “Me fue muy difícil aguantar la soledad, el frío. Vine en época de invierno”, recordó. Luego ingresó en la planta del Grupo Mirgor, en la unidad de electrónica de consumo. Allí solo se fabrican las placas de los equipos para el hogar. El resto de los componentes para aire acondicionado, notebooks, audio, DVD, etc, provienen de China, por lo que también en la planta se los ensambla. Aníbal con los años logró reagruparse con su familia. Con su señora, Sandra Viviana Tapia (31), tuvo dos hijos más: Agustina Abigail (8) y Cristian Adrián (6). Aníbal es hijo de Segunda Lamas, bagualera integrante del Centro de Residentes Vallistos y Puneños, que crearon Severo Báez y Rafaela Gaspar. De 12 hermanos, tres viven en Tierra del Fuego: él, Marcelo y Diego Lamas (36). “Yo defiendo a muerte a Salta. Donde voy, voy con el poncho y el sombrero. Me gusta la tradición porque es lo que me dio de mamar mi mamá. De la locura que tengo me compré un caballo, y mi sueño es ir con el caballo hasta el monolito que hicimos entre todos en honor del general Güemes todos los 17 de junio, cuando hacemos un acto acá”, comentó.

El “profe”

César Gómez (35) es profesor de Geografía y trabaja en el Colegio Provincial Antártida Argentina de Río Grande. “Cuando llegó la crisis de 2001 vi en el sur del país una oportunidad de progresar y ejercer lo que había estudiado. Aunque las condiciones climáticas eran totalmente distintas a las de Salta, me atrajo que Tierra del Fuego era una provincia joven (que fue declarada como tal recién en 1990), en pleno crecimiento, y culturalmente también está en construcción el ser fueguino. También, obviamente el desafío personal de ayudar a mi familia que estaba en Salta”, rememoró. 

Argentina reclama para Tierra del Fuego la soberanía de los territorios sujetos a descolonización administrados por el Reino Unido (islas del Atlántico Sur) o bajo Tratado Antártico (Antártida Argentina), un hecho que por aquellas latitudes –y distanciados solo por 200 kilómetros de las islas- deja el campo de la abstracción de manual para respirarse dolorosamente.

“Desde la geografía, intento inculcar a los alumnos que viven en la provincia más grande de la Argentina, y que está muy marcada por el conflicto de Malvinas. Aquí nuestros héroes de Malvinas son muy respetados y forman parte de nuestro acervo cultural. Así es que al chico lo educamos desde una perspectiva bien malvinera para que defienda nuestra soberanía con argumentos, hoy que está en vigencia este reclamo por vía diplomática de los derechos de nuestro país”, señaló César. El alumno y el profesor son territorios de paso, similares a una superficie sensible en la que lo que pasa produce algunos efectos, inscribe algunas marcas. Nadie puede entrar en la docencia si no es sabiendo esta verdad. Si el ser fueguino es una complejidad devenida de una breve historia y se está realizando, sin duda los salteños contribuyen a esa identidad. “Muchos chicos vienen del Noroeste y Noreste del país, otros de Chile, Bolivia y Paraguay. Medianamente las idiosincrasias son parecidas. En ellos trabajamos mucho la autoestima para que puedan ver la educación como un puente de construcción hacia una persona mucho más completa y que puede aportar mucho a la sociedad. Siempre tratamos de que sean personas que puedan pasar por esta vida dejando algo, no personas que simplemente pasan”, señaló. El colegio Antártida Argentina está ubicado en la margen sudeste de Río Grande. Cuando César ingresó ahí, confiesa, nadie quería ir a trabajar en esa institución rodeada de asentamientos. “Hoy, gracias a Dios, los chicos participan de olimpíadas y certámenes nacionales, también ferviente y constantemente en la carpa de los veteranos de Malvinas. Además, es el único colegio que realiza actos y peñas en honor del general Güemes, nuestro héroe nacional. Hoy en día estamos orgullosos de decir que tenemos casi un 90% de chicos que deciden ir a estudiar a la universidad cuando en 2007, eso era una utopía. Pero con el pasar del tiempo uno ve un cambio en la sociedad del barrio. Entonces vemos a alumnos que hoy son profesionales, que se han recibido y que tienen a la escuela como un pilar donde siempre vuelven y siempre hay un mate caliente para recibirlos”, concluyó.

El ballet y el poeta

“Nos sentimos cuidados y protegidos. Llegar como un peregrino, aquí a estas tierras en busca de ensueños, forzar tu destino y nos abriste tus puertas para cobijarnos del viento, del hambre y del frío”. Elocuentes fueron los versos del poeta Roque Rubén Quinteros (63), durante el acto de presentación de Salta como destino turístico. Él reside en Río Grande desde los 14 años y acaba de editar su primer libro de poemas. ¿Sus versos? Dedicados a la gesta de Malvinas, la acción emancipadora del general Güemes y Río Grande.  

También danzaron con sentimiento y una destreza admirable integrantes del ballet El Ceibo, que llevaron a las mentes y corazones justo a “orillitas del canal, cuando llega la mañana…”.

El cantor

Hace poco se cumplieron 29 años de que Benito Ricardo Zerpa (50) se instalara en Río Grande. “Vine a buscar bienestar. Me trajo la falta de trabajo, el vivir pobre, sufriendo, trabajando desde chico en el tabaco”, comentó a El Tribuno. Él es de Rosario de Lerma y su vida es un relato digno de ficcionalización, más porque supo escaparle al resentimiento y resignificar cada uno de los sinsabores. De niño fue canillita, vendió aguanieve en los corsos y velas en Sumalao hasta que cumplió 18 años y, como muchos, estimó que Dios solo podía atender en Buenos Aires. No se afincó allí, sino que siguió rumbo hacia La Pampa, luego a Río Gallegos, después hasta Estados Unidos, y por último se encarnó en Río Grande. Trabaja en el petróleo. Entró como peón y actualmente es inspector. Entre su régimen de 14 días en el campo y 14 de franco descubrió un llamado muy íntimo, que siempre había tenido vergüenza de dejar asomar. “Ahora me dedico a pintar. De canillita leía todas las historietas de ‘Uluncha, el Gauchito Salteño’ y como siento que él es responsable de este gusto mío por la pintura plotee mi camioneta con el Gauchito”, dijo, sonriente porque de pronto imaginó la expresión de Luis Gorosito, creador del personaje hace casi cuatro décadas, al enterarse por estas líneas de su cariño prístino de fan.

Benito tiene dos hijas: Sheila Camila (14) y Evelyn Maricel (12), para las que augura una senda sin tantos tramos ásperos como la que él transitó. “Lo difícil de venirme acá fue todo. La familia lejos, el que no conseguís trabajo, el matarte de frío, el que no hacés relaciones sociales con nadie porque no conocés a nadie y vivís encerrado. Antes mandabas una carta y llegaba a los tres meses y otros tres meses para que vuelva. Hoy con la tecnología tenés una comunicación más directa, antes yo veía a mis viejos cada cinco años…”, cerró y fue a cantar junto con un bombisto y dos guitarreros, de esas que los salteños conocen de sobra como “Balderrama”, “Carpas de Salta” y “La Cerrillana”.

Bajo la bóveda oscura y despejada del cielo más austral del país, inmersos en un acto de promoción turística, los salteños lejos del pago por un espacio de dos horas formaron su constelación, porque, sin dudas, brillaron como titilantes estrellas.

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